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La era del maestro Tabárez, el ciclo que revolucionó a la Selección Uruguaya

El maestro Tabárez, un símbolo de la Selección Uruguaya. ESPN.com

Uruguay se fue herido del Mundial de Brasil 2014. La incertidumbre gobernó el proceso. Forlán ya no era el Forlán de 2010. El Cebolla Rodríguez se apagaba. El paso del tiempo le cobraba factura al capitán Diego Lugano que peleaba con una rebelde lesión. Y, para colmo de males, Luis Suárez se había convertido en un villano.

Se avizoraban cambios. Después de unos días para pensar y replantearse cosas, Lugano pensó que era tiempo de dejar la Selección. Llamó al maestro Tabárez y lo fue a ver a su casa. Sentados en el living el capitán fue directo: “Mire maestro, voy a dejar la Selección...”.

Tabárez escuchó, esperó y luego de la pausa tomó la palabra. “Te voy a contar una cosa Diego. Luego del partido contra Italia, después de renunciar a la FIFA por lo que pasó con Luis (Suárez), mi hija estaba en el Palacio Legislativo y todo el mundo la felicitaba. Cuando volví del Mundial me lo contó. ¿Y sabés lo que me dijo? ‘Papá, por favor no sigas. Ya está’. ¿Y sabés lo que le dije? Yo no quiero palmas ni gloria. Si las quisiera me retiraba al otro día de ganar la Copa América. Pero tengo un trabajo por hacer y ahora se viene la etapa más difícil que es mantener esto”.

Lugano no hablaba. Y su técnico lo sorprendió preguntando: “¿Vos qué querés? ¿Querés palmas? ¿Qué te ovacione la gente? ¿Reconocimiento? Entonces salí mañana, llamá a una conferencia, y hacé público que no venís más a la selección. Ahora, si te recuperás rápido, tal vez tengas chance de aportar algo. Si a mí me da la salud, voy a seguir, porque tengo el desafío más difícil por delante...”.

Lugano quedó sin palabras. Le dio la mano al maestro y se retiró. “Me mató. La convicción que tiene este hombre es increíble”, reveló el excapitán en el libro Maestro el legado de Tabárez. El hecho, que parece un mero detalle, forma parte de un estilo. De todos los jugadores que participaron del proceso, solo uno organizó una despedida: Diego Forlán. El resto se fue como llegó. En silencio. Sin palmas y sin la ovación de la gente, como le dijo Tabárez a Lugano. Maxi Pereira, Fabián Carini, Arévalo Ríos, Lugano, el Loco Abreu, Sebastián Eguren, el Ruso Pérez, Palito Pereira, el Cebolla Rodríguez, Carlos Sánchez, Abel Hernández, todos, absolutamente todos, se fueron en medio del anonimato y sin elevar una sola voz de protesta.

A lo largo de 15 años en la Selección, Oscar Tabárez logró algo que parecía imposible: que los jugadores se comprometieran con la causa y que borraran aquello tan mentado de que venían a Uruguay “a robar la plata”.

Para los que tienen mirada corta y son críticos del proceso, todo se reduce a un campeonato ganado: la Copa América 2011. Pero los 15 años del maestro al frente de la Selección van más allá del gana o pierde. Se miden en la revaloración de la Celeste, en volver a posicionar a Uruguay en el concierto mundial, en tener un proceso de selecciones juveniles serio donde se clasificó a la mayor parte de los mundiales, en competir a nivel internacional con todas las selecciones, en la seriedad, credibilidad y profesionalización de la gestión. En recursos para los clubes.

Para que tengan una idea: desde 2006 a 2017 los jugadores que pasaron por las selecciones juveniles y fueron transferidos al exterior, reportaron 98 millones de euros para las arcas de los clubes. Y por sobre todas las cosas queda algo mucho más profundo: la herencia. Una herencia para su sucesor que llegará con plata en el banco en materia organizativa.

ESPN comienza a repasar la era Tabárez al frente de la selección nacional desde que fue designado, un 6 de marzo de 2006.