¿Puede Spalletti transformar a Juventus otra vez en el dominador de Italia?

Sin escalas. El viaje descendente de Juventus, de lo más alto del fútbol italiano a la mediocridad de los últimos años, es la fiel muestra de cómo cinco años alcanzan en el fútbol para que algo que funciona a la perfección se esfume casi sin dejar rastros de que alguna vez existió. En 2020 se completó el último festejo de una década en la que prácticamente no tuvo oposición, cuando parecía que jugar la Serie A carecía de sentido porque antes de que comenzara el campeonato ya se sabía quién se lo llevaría. Hoy intenta resurgir con un entrenador experimentado como Luciano Spalletti, dueño de un carácter a prueba de grandes desafíos. Porque nada menos que eso, un reto enorme, es el de devolver a la Vecchia Signora al lugar de privilegio que ahora ocupan otros que hicieron mejor las cosas.

La lógica indicaría que una de las tareas prioritarias del entrenador debería ser que la muy demandante parcialidad de Juventus entienda que algunas cosas son irrepetibles. Admitir, al cabo, que llevarse nueve campeonatos consecutivos, récord para las cinco ligas grandes de Europa hasta que Bayern Munich llegó a once al hilo en 2023, configura una hazaña que será muy difícil igualar. Pero, ¿cómo hacerlo en un club que por lejos es el más ganador de Scudettos (36, muy por encima de los 21 de su escolta, Inter) y que tiene como lema que “vencer no es lo más importante, sino lo único”?

Juventus y Spaletti, unidos por la necesidad

Los destinos de club y entrenador se cruzaron en octubre de 2025 y se sellaron en una unión que les convenía a los dos. Spalletti venía de ser despedido meses antes como entrenador de Italia después de la caída 3-0 ante Noruega por Eliminatorias, a la postre decisiva para que se consumara la increíble tercera ausencia consecutiva de la Azzurra en los Mundiales. Juventus veía venir que una vez más se le escapaba la posibilidad de pelear por el Scudetto y precisaba un nombre fuerte para recuperar la ilusión. Ante el llamado del club, el DT decidió aprovechar la oportunidad. Accedió a firmar un contrato por apenas ocho meses y hasta barrió bajo la alfombra la promesa que había hecho en 2023, cuando consiguió el título con Napoli, se tatuó el escudo del club del sur de Italia y aseveró que ya no quería dirigir a otro equipo. Sostener algunas promesas a veces resulta demasiado costoso,

La temporada 2025/26 se cerró con un magro sexto puesto para Juventus, que no sube al podio de la Serie A desde su tercer lugar en la edición 2023/24. La Champions, esa misma que ganó dos veces -la última en 1996, cuando además venció a River por la Copa Intercontinental-, la mirará otra vez de afuera. De todos modos, los dirigentes decidieron en abril de este año apostar a la continuidad del entrenador.

Algo de Spalletti gusta a los dirigentes, a pesar de que algunas veces les toca a ellos mismos chocar contra su estilo sumamente áspero. El mismo que lo llevó, al cabo de la primera fecha y a pesar del triunfo 1-0 como visitante contra Frosinone, a incinerar a su delantero titular, el francés Randall Kolo Muani, aquel de la atajada histórica de Dibu Martínez en la final de Qatar 2022. “Tiene que darse cuenta de que no jugó en dos años y debe haber una razón. Kolo sabe cómo mantener la posesión, encontrar espacios y es físicamente fuerte, pero en estos partidos necesitas que haga goles”, lanzó sobre el delantero francés, que apenas convirtió un tanto en su reciente paso por Tottenham, pese a lo cual Juventus lo incorporó para esta temporada en una operación que puede alcanzar hasta 58 millones de dólares.

Se sabe que a Spalletti no lo contrataron para ser amable, aunque habrá que ver el efecto que esta sinceridad brutal puede causar en los futbolistas. Por lo pronto, Juventus confía en que sirva para hacer reaccionar a un plantel que debe aspirar a mucho más que lo realizado en la última campaña.

Si no gana, no volverá a ser Juventus

Uno de los puntos de apoyo fundamentales del proyecto de Juventus para estos años es Kenan Yildiz. Más allá de su actuación en el Mundial, decepcionante como el de su seleccionado, el turco es una de las principales promesas del fútbol europeo y la gran esperanza de la Vecchia Signora, que se lo llevó en 2022 desde las divisiones juveniles de Bayern Munich cuando apenas tenía 17 años. Spalletti recibió muy temprano en la campaña un golpe durísimo por la noticia de la lesión en el pie izquierdo de su gran figura, que estará al menos tres meses sin jugar, cuando todavía no se había repuesto de las tensiones que sufrió por los embates de Arsenal, el último de los clubes que pretendió arrebatárselo.

El caso de Yildiz es uno de los ejemplos de un problema que difícilmente habría sufrido la Juventus ganadora de la década pasada. Cuando un equipo gana, es mucho más difícil animarse a robarle una de sus figuras. Al contrario: la Vecchia Signora que se llevaba una liga tras otra supo ser el destino que eligió Cristiano Ronaldo en 2018, cuando estaba en su apogeo, para salir del Real Madrid campeón de Europa. Ahora a Spalletti le pasa lo contrario y aparecen entonces rumores de salida no sólo de Yildiz sino también de otros jugadores como el argentino Nicolás González o el canadiense Jonathan David. El fútbol es cruel y los futbolistas reconocen cuando el olor a éxito viene de casas ajenas.

Como un viejo conocedor de esto, que sabe que a los 67 años no le quedarán tantas oportunidades de dirigir equipos grandes en su carrera, el entrenador ya sabe que si pretende construir una nueva Juventus hegemónica lo primero que debe hacer es ganar. Tan simple como eso. Para que ese mismo éxito sea el que llame a las figuras que harán posibles nuevas alegrías. De otro modo será muy difícil.

Motivos para soñar la Juventus de Spaletti

Jhon Lucumi, protagonista en la muy buena actuación de Colombia en el Mundial, se sumó en este mercado al club y acompaña en el plantel a su compatriota Juan Cabal. Incorporaciones como la suya, que llegó desde Bologna en algo más de 23 millones de dólares, son las que le permiten a Juventus ilusionarse con que este año volverá aquella vieja señora del éxito.

A priori, Juventus parece partir un escalón abajo de otros candidatos, en particular de un Inter que en los últimos años se llevó buena parte de los éxitos más importantes y hasta acarició la Champions en 2025, antes de sucumbir en la final contra PSG. Spalletti tendrá que trabajar mucho no sólo para que Juventus crezca, sino para estar por encima de los que no perdieron el tiempo en estos años. Pero a pesar de esa desventaja, nadie podrá descuidar a ese club que, más tarde o más temprano, siempre vuelve a lo más alto para demostrar que en el fútbol italiano es el mayor sinónimo de éxito.