Boca entra en una etapa decisiva de la temporada con motivos concretos para ilusionarse. La semifinal de la CONMEBOL Sudamericana ante Vasco da Gama, la continuidad en la Copa Argentina y la pelea por el Torneo Clausura mantienen abierto el horizonte de un equipo que lleva semanas compitiendo con regularidad. En ese escenario, una aparición empezó a cambiar las expectativas alrededor del ataque: Leonel Flores, el juvenil que pasó de sumar sus primeros minutos en Primera a compartir cancha con Lionel Messi en apenas unos meses.
El partido de ida ante Vasco se juega en La Bombonera, este martes 13 de octubre a partir de las 21:30 (ARG/URU/CHI) y 19:30 (COL/PER/ECU) por el Disney+ Plan Premium.
A los 19 años, el delantero atraviesa una aceleración futbolística difícil de imaginar al comienzo del año. Debutó en el primer equipo de Boca, empezó a ganarse un lugar con actuaciones decisivas, recibió la convocatoria de Lionel Scaloni y convirtió dos goles en la victoria por 3-0 ante Unión. Su irrupción llegó en el momento ideal para un equipo que necesita variantes ofensivas y jugadores capaces de desequilibrar partidos cerrados.
La expectativa tiene fundamentos futbolísticos. Flores ofrece velocidad, atrevimiento en el uno contra uno y facilidad para recibir abierto, encarar hacia el área y desacomodar a los defensores. En una formación que busca alternativas para acompañar a Miguel Merentiel y Sebastián Villa, su presencia puede aportar una vía diferente para atacar. La posibilidad de que aparezca desde el inicio ante Vasco, contemplada en las probables formaciones difundidas en la previa, muestra el lugar que empezó a ganarse en la consideración del cuerpo técnico.
El desafío ahora es sostener ese crecimiento en una seguidilla de máxima exigencia. Boca tiene tres competencias por delante y cada partido puede modificar el rumbo de la temporada. Flores llega con confianza, respaldo interno y una exposición que creció de manera vertiginosa. El talento ya llamó la atención; la oportunidad consiste en transformarlo en una herramienta concreta para que el equipo pueda ir por todo.
Flores, de Boca Predio a una irrupción que cambió el panorama
El recorrido de Flores explica parte del entusiasmo que genera. Formado en las inferiores de Boca, fue campeón en Séptima y también sumó experiencia en Reserva antes de recibir la oportunidad en Primera. En julio de 2026 debutó con el equipo principal y dejó una señal inmediata al convertir ante Sarmiento por la Copa Argentina. Después llegaron más minutos, actuaciones que le dieron continuidad y una adaptación rápida a un contexto de presión permanente.
Leandro Paredes había advertido sobre sus condiciones meses antes de que el juvenil se convirtiera en uno de los nombres propios del equipo. “Hay un chico en la Reserva de Boca que se llama Leo Flores, juega muy bien”, comentó el mediocampista en abril. La frase adquirió otra dimensión cuando Flores empezó a demostrar en Primera aquello que ya había llamado la atención en el predio: desequilibrio individual, decisión para pedir la pelota y capacidad para generar peligro desde los costados.
El partido ante Unión fue hasta ahora una de las mejores postales de su crecimiento. Flores convirtió dos goles en el triunfo por 3-0 y confirmó que podía influir directamente en el resultado. Después de aquella actuación, explicó el valor de la confianza que encontró en el club: “Sé que esto recién está empezando. Estoy muy contento con mi presente, lo vengo buscando hace mucho tiempo y se vienen dando las cosas muy bien. Hay que seguir por este camino, trabajando como lo hacemos desde que llegó el Vasco”, dijo en referencia al entrenador Rodolfo Arruabarrena.
El técnico también destacó su evolución y, sobre todo, su manera de afrontar la oportunidad. “Ha aprovechado las oportunidades y, por lo que he hablado con él, tiene los pies sobre la tierra”, señaló Arruabarrena. La valoración importa porque el crecimiento de un juvenil exige continuidad, pero también una estructura que lo ayude a convivir con la presión. El entrenador considera que todavía tiene margen para desarrollarse y lo incluye entre los jóvenes con potencial de seguir creciendo en Boca.
Flores: gambeta, personalidad y una herramienta para atacar a Vasco
Una de las principales virtudes de Flores es su capacidad para romper la primera marca. Puede recibir pegado a la banda, acelerar en pocos metros y buscar el mano a mano con decisión. Esa característica le da a Boca una alternativa para avanzar cuando el rival cierra los espacios interiores y obliga a buscar soluciones por afuera. Su juego también permite imaginar movimientos hacia el centro, con la posibilidad de asociarse con los delanteros o atacar el área desde una posición más cercana al arco.
El propio futbolista explicó de dónde nace esa confianza para encarar. “De chico tengo bastante personalidad a la hora de agarrar la pelota y no me importa quién tengo enfrente. Eso es algo muy importante en mi juego”, contó después de su estreno con la Selección Argentina. La declaración describe una parte central de su perfil: Flores busca el balón, acepta el duelo individual y se anima a resolver frente a defensores con más experiencia. En partidos de eliminación directa, esa iniciativa puede abrir caminos que el desarrollo colectivo no consigue encontrar.
Sergio “Manteca” Martínez, histórico goleador de Boca, también reparó en esa capacidad. “El que llama la atención es Flores hoy. Bastante atrevido, encarador”, sostuvo en una entrevista con Olé. El exdelantero, sin embargo, agregó un matiz importante para acompañar la expectativa: “A veces, viste, también se desespera por querer hacer un gol”. La observación apunta a una cuestión propia de su edad y su posición. Elegir cuándo insistir con la gambeta, cuándo soltar la pelota y cuándo acelerar hacia el área será parte de su aprendizaje.
Ese equilibrio puede resultar decisivo frente a Vasco da Gama. En una semifinal sudamericana, cada pérdida puede habilitar una transición rival y cada desborde bien resuelto puede acercar a Boca al gol. Flores todavía está construyendo su repertorio en la máxima categoría, pero su atrevimiento ofrece una alternativa valiosa para un equipo que necesita amplitud, profundidad y capacidad para resolver en pocos toques. Su presencia amplía las opciones ofensivas de Arruabarrena en una serie que exige precisión y personalidad.
La Selección Argentina aceleró el crecimiento de Leonel Flores
La convocatoria de Scaloni confirmó que el impacto de Flores ya había superado el ámbito de Boca. Su debut con la Selección llegó el 30 de septiembre ante Bolivia, apenas 76 días después de su estreno en Primera. El salto fue extraordinariamente rápido y lo puso frente a un escenario que muchos futbolistas tardan años en alcanzar. En sus primeros minutos con la camiseta argentina, mostró la misma disposición para participar del juego que venía exhibiendo en el club.
Scaloni explicó qué esperaba del juvenil y dejó una definición que también funciona como advertencia sobre la responsabilidad que implica su proyección. “Es un talento que hay que cuidar”, afirmó el seleccionador. En otra intervención, fue más específico sobre el acompañamiento que necesita: “Hay que estarle cerca y contenerlo. Sé que en Boca el Vasco, el Mono Markic, que son amigos, lo tratan bien y saben cómo tratarlo”. El entrenador dejó claro que el desarrollo de un futbolista tan joven requiere tiempo, seguimiento y un entorno que le permita sostener su evolución.
Flores respondió con naturalidad cuando le preguntaron por su debut internacional. “Me pidió eso antes de entrar y que es lo que venía haciendo en el club. Jugué tranquilo con toda la confianza que me dio”, contó sobre las indicaciones recibidas de Scaloni. También puso en primer plano a quienes lo acompañaron desde sus primeros pasos: “Estoy muy contento por mí y mi familia que siempre me acompañó desde chico”. Sus palabras reflejan la dimensión personal de un ascenso que se produjo en un período muy corto y que ahora lo obliga a adaptarse a nuevas exigencias.
La experiencia tuvo otro momento inolvidable cuando compartió cancha con Messi en el partido ante Benín, durante la despedida del capitán de la Selección. “Lo pongo arriba de todo, es un día inolvidable para mí. Es un privilegio poder estar en su despedida, en este último partido. La verdad me lo llevo adentro del corazón”, relató Flores. Después confesó: “No me animé a pedirle una foto, hice que me firme una camiseta nomás. Impone mucho, es el mejor de todos los tiempos y una persona muy buena también”. La escena resume el vértigo de su presente: todavía está dando sus primeros pasos en Boca y ya vivió una experiencia que marcará su carrera.
Tres competencias y una oportunidad para Flores de dar el salto definitivo
Boca atraviesa un tramo decisivo de la temporada con tres objetivos abiertos. Este martes 13 de octubre recibirá a Vasco da Gama, desde las 21.30, por la ida de las semifinales de la Copa Sudamericana; también espera por Banfield en las semifinales de la Copa Argentina y continúa en la pelea por el Torneo Clausura. Después de 12 fechas, el equipo de Rodolfo Arruabarrena ocupa el tercer puesto de la Zona A, con 21 puntos. La próxima cita por el campeonato local será el viernes 16, frente a Talleres, en La Bombonera.
El empate 2-2 ante Instituto, el 9 de octubre, prolongó a 17 partidos la racha invicta de Boca. El resultado dejó un saldo agridulce: el equipo sostuvo su regularidad, aunque perdió a Leandro Paredes por una lesión muscular de grado dos. Los reportes posteriores señalaron que el mediocampista se perdería las dos semifinales frente a Vasco, una ausencia importante por su conducción y su influencia en la pelota parada.
La Copa Argentina también ofrece una oportunidad concreta. Boca llegó a semifinales tras vencer 3-2 a Racing, en un partido que comenzó perdiendo por dos goles y resolvió con un triplete de Enner Valencia. El rival que lo espera es Banfield. Así, el equipo mantiene abiertas tres vías para pelear por títulos y necesita aprovechar los recursos de su plantel en una agenda exigente.
En ese panorama, Leonel Flores representa una alternativa ofensiva que ganó peso por sus propios méritos. Su doblete ante Unión, en el triunfo por 3-0 del 3 de octubre, confirmó su capacidad para cambiar un partido desde el banco. La lesión de Paredes modifica el armado del equipo y aumenta la necesidad de encontrar soluciones colectivas; el aporte de Flores, desde el desequilibrio y la llegada al área, puede ser una de ellas.
Arruabarrena, consciente de las expectativas que genera el presente, pidió mantener la calma después del triunfo ante Unión. “Estamos en muchas competencias, vamos a tratar de pelear todo, pero no hemos ganado nada y tenemos que tener los pies sobre la tierra”, sostuvo. El mensaje también alcanza a Flores: su irrupción entusiasma, pero el equipo necesita que siga creciendo sin cargarle la obligación de resolver cada partido. La posibilidad de darle minutos, sostenerlo dentro de una estructura reconocible y elegir los contextos adecuados será tan importante como su talento individual.
El propio juvenil parece entender que su historia recién empieza. “Tengo 19 años, no es la gran cosa, tengo energía para jugar otro partido si se puede”, bromeó al hablar de la exigencia de alternar entre Boca y la Selección. La frase transmite entusiasmo, aunque el cuerpo técnico deberá administrar sus esfuerzos en una etapa de partidos decisivos. Boca necesita aprovechar su frescura y su capacidad de desequilibrio sin perder de vista que todavía está en formación.
Flores reúne condiciones para convertirse en una de las apariciones más importantes de Boca en esta temporada: tiene gambeta, personalidad, gol y una confianza que creció con cada oportunidad. La semifinal contra Vasco puede ofrecerle una nueva prueba de madurez y al equipo una variante capaz de cambiar el desarrollo de un partido. La Sudamericana, la Copa Argentina y el Clausura siguen en juego. En esa carrera por los títulos, el juvenil ya dejó de ser una promesa que espera su momento: ahora busca demostrar que puede ayudar a Boca a llegar hasta el final.
