Alan Rodríguez, mediocampista uruguayo Internacional de Porto Alegre, valoró todo lo aprendido en el fútbol argentino, donde jugó durante tres temporadas en Argentinos Juniors.
Rodríguez nació en Canelones el 25 de enero de 2000 e hizo divisiones formativas en Defensor Sporting, club con el que debutó en Primera en 2019. En abril de 2021 se incorporó a Boston River, y en agosto de 2022 fue fichado por el Bicho de La Paternal.
En diálogo con Embajadores del Gol (El Espectador Deportes), Alan destacó: “No me imaginaba todo lo que Argentina me enseñó. Me enseñó a dejar de querer tener todo bajo control, a dejar que fluya todo un poco más, en el sentido de enfocarme en mi trabajo y que lo otro se vaya dando. El primer año lo tomé como aprendizaje, para crecer humanamente, como padre, como hijo, como hermano…”.
Rodríguez aceptó que sufrió el desarraigo y contó: “Yo había vivido 21 años junto con mis padres y mis hermanos, con mi mujer estamos juntos desde los 15; entonces era una persona muy cerrada y poco demostrativa, y cuando estaba en Argentina y empecé a extrañar, me iba llorando en el viaje después del entrenamiento”.
“En la tarde, también me agarraba eso de extrañar y que no la estaba pasando bien por la adaptación y demás, y me acuerdo que frenaba antes de llegar a mi casa y lloraba un rato. Llegaba a casa, jugaba con mi hijo Benicio, tomaba mate con Luciana, pero sin demostrar nada. Hasta que con el sicólogo de Argentinos Juniors y otros compañeros me empezaron a ayudar”, recordó quien llegó a ser capitán del equipo argentino.
Rodríguez, que en julio de 2025 fue transferido a Inter (club con el que tiene contrato hasta diciembre de 2029), continuó: “El sicólogo me preguntaba qué sentía, y al principio te cuesta. ‘Me hago el hombre’, piensa uno. Hasta que no aguanté y le dije que lo que extrañaba era la cuadra de mi casa, ir a la panadería a conversar, ir a la estación de servicio y quedarme hablando, que todo el tiempo estaba pensando en mis viejos. ‘Llamala ahora a tu madre, entonces’. Me dijo. Y no lo pude hacer porque estaba sensible, entonces le mandé un audio a mi madre”.
“Y ahí empecé a ablandarme un poco, a ver que la vida va por otro lado también, a valorar pequeñas cosas o momentos con un amigo, con un vecino, con mi mujer o mi hijo. Eso fue lo que me ensenó mi primer año en Argentinos, empezar a ablandarme sentimentalmente, a ser más abierto para compartir un montón de cosas. En el medio, hubo lesiones por la tensión y la adaptación; después empecé a disfrutar mucho más y creo que le saqué mucho jugo al fútbol argentino”, sostuvo el mediocampista uruguayo.
