Mientras el inglés viene de dos podios seguidos y su ilusión por obtener un triunfo vestido de rojo crece, el monegasco está envuelto en sus fantasmas. En la clasificación de Montmeló se sumó otro capítulo.
El giro total que vivió Ferrari de 2025 a 2026 sorprende por lo drástico. La temporada pasada, Charles Lecerc era la voz cantante de la Scuderia. Tampoco nadaba en la abundancia de resultados en un año que desde Maranello se decidió cortar de cuajo con las actualizaciones en el SF-25 para trabajar exclusivamente en el proyecto 2026 que llegaría con nuevo reglamento técnico. En medio de un desolador panorama que dejó el paso del único equipo con presencia perfecta en todos los Mundiales sin anotarse ningún éxito, al menos el monegasco disfrutó de tres podios y sumó ¡86 puntos más que su compañero! Claro, no era cualquier, era Lewis Hamilton.
El inglés padeció su primer año en Ferrari, el equipo con el que siempre soñó correr. Toda la pompa de la presentación en la fría Maranello en enero del año pasado fue el contraste absoluto al cierre del año. Si algunos hasta intuían que el inglés podía llegar a retirarse antes al cierre del año y no completar su contrato. Pero Hamilton optó por irse de vacaciones, alejarse de su teléfono y recobrar energías. Y volvió con sed de revancha en esta temporada de unidades de potencia polémicas con el poderío eléctrico y baterías que se gestionan con cuidado y delicadeza.
Y Lewis, como el Ave Fénix, volvió de entre las cenizas. El 2026 lo mostró, en las primeras siete fechas, firme, veloz y con mucha fuerza. Y superior a su compañero y logró su primer podio vestido de rojo en China con el tercer lugar. La levantada se potenció especialmente después del parón obligado por la guerra en Medio Oriente. Hamilton tomó una decisión fuerte y que muchos, entre ellos Leclerc, no vieron bien. Se terminó el simulador. Lewis no encontraba correlación entre los datos de la virtualidad y la realidad y solo le generó más trabajo. Su primera carrera sin pasar por el simulador fue el GP de Canadá y terminó segundo. Después llegó Mónaco y nuevamente se quedó con el trofeo del segundo lugar. Tres podios en seis carreras. Su actuación en el urbano monegasco lo dejó segundo en el Mundial, a 66 puntos de Kimi Antonelli, su reemplazo en Mercedes, y con la seguridad de que su primera victoria como ferrarista está cerca. O al menos parece estarlo.
Del otro lado, Leclerc encarna al Hamilton de 2025. Perdido, complicado con el manejo y lejos en los resultados. Como enorme velocista que es siempre es una amenaza latente de pegar un zarpazo y lograr la pole position. De hecho, en el GP de Barcelona-Cataluña, donde se disputa la séptima cita del año, era candidato a pelearle a George Russell. Pero el monegasco cayó en uno de sus ya clásicos deslices. Esos que lo tienen como un muy buen piloto, pero lejos de la categoría gran piloto. Porque suele cometer errores, a veces se dan seguidos y eso lo marca. Este año en Canadá se quejó agriamente del auto y llegó a decir que vivió el peor fin de semana de su carrera. En Mónaco perdió el control de su SF-26 en la curva Antony Nogues y terminó contra las defensas. Acusó a los frenos e igualó el camino que ya había tomado Hamilton: cambió de proveedor. Pero la carrera de su casa terminó en decepción. Y en la clasificación de Montmeló, cuando llegó el momento caliente de Q3, otra vez falló.
Leclerc perdió el control de su Ferrari en la cuarta curva, se salió de la trayectoria ideal, piso un poco lo sucio y siguió. No aminoró para controlar y descartar la vuelta, intentó seguir. Resultado: golpazo contra el muro y su SF-26 muy dañada en el frente (alerón, nariz y suspensión). Sin tiempo marcado, Leclerc deberá largar desde el décimo cajón en una pista en la que siempre fue difícil pasar autos. Mientras tanto, Hamilton se cerró un giro genial en el final de la Q3 y partirá segundo, con grandes chances de discutir de tú a tú el éxito con Russell y Antonelli, quien largará tercero.
“Lamentablemente los dos últimos fines de semana fueron complicados, tanto en Canadá como en Mónaco”, dijo Leclerc ante el micrófono de ESPN. El piloto trazó una diferencia entre el accidente de la carrera de su casa y el de Montmeló: “En Mónaco no tenía control y hoy sí tenía. Pero yo lo puse contra la pared, me siento muy mal por esto, es culpa mía. Tenía potencial para pole. Hay que ver la luz al final del túnel”, agregó.
Mientras Leclerc masticaba bronca, Hamilton respondía en el estrado de los tres primeros de la clasificación: “Durante todo el fin de semana hemos estado a cuatro décimas, incluso con la mejora, pensábamos que ahí estaríamos. Que estemos tan cerca, a menos de una décima de diferencia, demuestra el gran trabajo de todos en la fábrica, así que muchas gracias a todos en Maranello. Tenemos que seguir esforzándonos, seguir desarrollando y espero que mañana podamos sacar algo más de esto y mantenernos a la par de Mercedes por una vez", dijo Lewis.
Leclerc deberá empezar a elevar su nivel y hacer a un lado los errores. Al lado tiene a Hamilton, quien una vez encendido no dudará en profundizar la herida de su compañero. Así es el automovilismo y el heptacampeón sabe mucho de eso de competir fuerte. La cabeza del monegasco jugará un papel clave para no encerrarse cada vez más en su propio laberinto.
