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Fernando Muslera: el devoto de la Virgen de Lourdes que aprendió llorando y se transformó en un histórico de Uruguay

“Los goles sufridos acechan, siempre. Uno no recuerda los que salvó, sino los que le metieron. El arquero que no tenga ese tormento interno, no tiene futuro”. La frase del ruso Lev Yashin, conocido en el mundo como La Araña Negra, marca claramente el sentimiento de los goleros.

Para el hombre que se para ahí, no existe escondite alguno. La red es una marca a fuego. Desde chicos aprenden a convivir con la presión. Alguna vez, el italiano Gianluigi Buffon expresó: “Al final de cuentas, necesitas ser una persona un poco masoquista para convertirte en un portero”.

Nada de lo expresado le resulta ajeno a Fernando Muslera. Los golpes lo templaron. Cuando era niño lloraba cada vez que le convertían un gol. Cuando logró el sueño de llegar al fútbol italiano le tocó debutar en la Lazio contra el Milan de Seedorf y Kaká. Se comió cinco goles. Pasó un año sin jugar. En la Selección Uruguaya fueron más alegrías que tristezas.

Pero el camino fue largo. Su historia con el fútbol comenzó como todo niño uruguayo, en el baby fútbol.

Fernando fue delantero del club Royal. Luego pasó al Olimpo hasta que recaló en el Cosmos Corinto. Un día faltó el golero y el técnico apeló al más alto del plantel: Nando fue al arco y su vida cambió para siempre...

“No me gustaba para nada el puesto en ese momento. Siempre que me hacían un gol, me ponía a llorar. Como todo niño, no quería recibir goles, no quería que mi equipo perdiera. Me lo tomaba muy personal, como que era mi culpa”, comentó Muslera a la web de Wanderers.

Su forma de actuar está emparentada con la frase de Lev Yashin: “El arquero que no tenga ese tormento interno, no tiene futuro”.

En el tramo final del baby, un día fue a ver a un amigo que jugaba en Wanderers. En el entretiempo, unos botijas lo llamaron para que se pusiera en el arco. Después de atajar unas cuantas pelotas volvió a la tribuna donde fue interceptado por el técnico Alfredo Torena, que le preguntó: “¿Querés empezar en Wanderers?”.

A los pocos días apareció en la práctica en bicicleta. Wanderers fue su casa. “De aquellas épocas recuerdo que iba en bicicleta al Parque Viera con unos compañeros, de ahí tomábamos el ómnibus para ir a entrenar al complejo de Wanderers; en Sexta y Séptima practicábamos en el Mauá; recuerdo jugar en el Parque Ancap”, rememoró Fernando.

El tiempo pasó volando. En 2003 comenzó a formar parte de las selecciones juveniles siendo citado para la Sub-17 que conducía técnicamente Jorge Da Silva. De ahí al primero de Wanderers fue un paso.

UNA CARRERA A RITMO DE VÉRTIGO

El debut en Primera lo sorprendió. Resulta que Wanderers tenía suspendido al golero titular Diego Irigoyen y el técnico Jorge Barrios lo llamó para debutar. Era noviembre de 2004 y los bohemios debían enfrentar a Peñarol en el Estadio Centenario. Aquella tarde jugaron: Muslera, Julio Ramírez, Gerardo Alcoba, Souza, Ronald Ramírez, Guillermo Almada, Riquero, Gabriel Alcoba, Jorge Malaka Martínez, Fagúndez y Renan Pippi. Wanderers perdió 1-2 con un gol en la hora de Adrián Apellaniz.

Al poco tiempo, Fernando volvía de Punta del Este con un amigo cuando recibió un llamado que lo sorprendió: “Mañana te tenés que presentar en la sede de Nacional a firmar contrato”. El pasaje de Muslera por los tricolores duró un suspiro. A los seis meses armó la valija y se fue a la Lazio de Italia.

El primer partido con la camiseta del club celeste fue durísimo de digerir. Lazio enfrentó al Milan de Seedorf y Kaká. “Perdimos 5 a 1 y 4 de los 5 goles me los hice yo. Fue el nerviosismo y la ansiedad de ver a esos jugadores frente a mí”, reveló en el libro Vamos que Vamos.

Lo cierto es que aquella mala tarde le costó cara. Estuvo un año sin jugar. Recién volvió en 2009, cuando lo convocaron para defender a Lazio en la Coppa Italia que terminó ganando en una definición por penales donde el uno uruguayo contuvo dos remates.

Aquella vez le hizo un pedido a su madre Norma Micol, que lo reveló a Últimas Noticias: “Es muy creyente de la virgen de Lourdes. Antes de la final de la Coppa de Italia nos pidió que visitáramos la virgen y que, si salía campeón, consiguiéramos la imagen más grande que hubiera. La tenemos en casa. Ella siempre le ha cumplido”.

EL LLAMADO DE LA SELECCIÓN

Entre los años 2008 y 2009 el arco de la Selección era un tembladeral. Fabián Carini cometió una serie de errores que lo condenaron. Fue entonces cuando se probó con Juan Castillo, Martín Silva y Sebastián Viera. Pero no aportaron soluciones.

Fernando Muslera entraba en el radar de la Celeste. En marzo de 2009 ocurrió un hecho llamativo. Le mandaron los pasajes para un partido amistoso y luego lo bajaron. Su representante Daniel Fonseca estalló el 24 de marzo de 2009 a través del micrófono de Sport 890: “Esto no pasa en las grandes federaciones, nunca pasa un error de este tipo. Ilusionar a un jugador, mandarle los datos del viaje y a las doce horas decirle que no… No es simpático. Quedé muy sorprendido y fue muy difícil explicar a la gente de Lazio por qué Fernando después no viajó”.

Meses después tuvo su recompensa. El técnico Óscar Tabárez lo convocó para una parada compleja. Fernando tenía que debutar ante Ecuador, por las Eliminatorias 2010, en la altura de Quito. Uruguay ganó.

“Nosotros buscamos un golero para cubrir una época del arco de la Selección y apuntamos a Muslera. Es joven y está en la edad de sumar experiencia. ¿Los errores? Son de todos los tiempos y pasan en todos los partidos, además hoy hacen los balones cada vez más complicados para los goleros”, declaró Tabárez.

Y Muslera no falló. Se terminó transformando en el golero de la época. El uno defendió al equipo en tres Mundiales, iniciando el camino con el cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica 2010 donde fue fundamental en las definición por penales contra Ghana. Se consagró campeón de América en Argentina 2011. Y es el golero con más partidos en la historia de la Selección.

Desde el año 2012 defiende a Galatasaray de Turquía, donde se transformó en ídolo y referente.

Parece mentira, pero el fin de la era Tabárez, el hombre que lo transformó en el uno celeste, coincide con sus días finales en la Selección. Una lesión lo alejó del puesto en el tramo final de las Eliminatorias donde el nuevo conductor, Diego Alonso, confió el arco a Sergio Rochet.

Qatar 2022 parece el último destino de Muslera con la Selección. Su nombre quedará grabado a fuego en la historia de Uruguay.