¿Cómo jugará Francia con Zidane? Lo que se espera de su estreno como seleccionador

Dicen que estaba escrito en el destino. Él, en su interior, lo sabía mejor que nadie. Zinedine Zidane esperó durante años por este momento. Y ese momento es hoy, ahora, en 2026.

Después de dejar su puesto de entrenador de Real Madrid, con el que consiguió tres veces la UEFA Champions League, Zizou rechazó propuestas de otros clubes de primer nivel europeo porque tenía un objetivo por encima de cualquier otro: dirigir a la Selección de Francia, de la que es ídolo, emblema y casi un sinónimo.

Lo había dicho antes de asumir y lo confirmó cuando fue presentado como sucesor de Didier Deschamps: había mirado durante años al seleccionado galo como su futuro equipo.

Ahora tendrá que convertir todo aquello que construyó como entrenador en una idea. Y deberá hacerlo para un grupo al que verá durante pocos días cada vez que haya una fecha FIFA.

Ahí empieza el gran desafío para su estreno como director de orquesta. Porque Zidane llega a una selección que no necesita una reconstrucción. No será Fito Páez cantando “El amor después del amor”, aunque tendrá que encontrar la melodía de “El éxito después del éxito”.

Deschamps deja a una selección que ganó el Mundial 2018 y la Nations League en 2021, fue finalista del Mundial 2022 y semifinalista de la Copa del Mundo 2026.

El nuevo entrenador recibe una generación de futbolistas extraordinarios y un equipo acostumbrado a jugar las instancias decisivas. También recibe una identidad muy marcada por el pragmatismo competitivo de su antecesor.

Por eso, una de las principales incógnitas del nuevo ciclo será cuánto cambiará Francia. En ese plano, Zidane ya avisó que habrá diferencias. “Vamos a hacer las cosas de manera diferente. DD es DD. Laurent Blanc es Laurent Blanc. Zizou es Zizou”, dijo durante su presentación.

Después agregó que la continuidad consistirá en poner todo en marcha para que Francia siga ganando, mientras que su filosofía de juego tendrá que esperar para ser explicada.

Ahora llega el momento de verla en la cancha.

Un Zidane más flexible de lo que se recuerda

La primera pista para imaginar a Francia está en el propio Zidane. Su Real Madrid tuvo una característica que puede resultar especialmente útil para una selección: la capacidad de adaptarse y reinventarse.

En sus dos etapas en la Casa Blanca alcanzó 11 títulos en total y se posicionó como el tercer entrenador más ganador en la historia del club “merengue”, solo detrás de Carlo Ancelotti y Miguel Muñoz.

Esa capacidad de adaptación no nació de la nada: luego de su retiro como futbolista, fue asistente de Ancelotti en la temporada 2013-14 y más tarde dirigió a Real Madrid Castilla antes de asumir el primer equipo en 2016, en reemplazo de Rafa Benítez.

Ese bagaje formativo desembocó en un éxito inmediato, con récords de invencibilidad y distinciones individuales imponentes: fue, de hecho, la primera personalidad en ser elegida como mejor entrenador del mundo luego de haber sido reconocido como el mejor jugador del planeta.

Durante su estadía en el Madrid, Zidane utilizó un 4-3-3, un 4-4-2, rombos en el mediocampo y también estructuras con tres defensores en determinados partidos. El sistema podía cambiar según el rival, las características de sus futbolistas o el momento de un partido. Aquella flexibilidad fue compatible con una enorme estabilidad competitiva.

La selección le plantea un escenario completamente diferente.

En Real Madrid tenía entrenamientos diarios, un vestuario que conocía y tiempo para modificar comportamientos. Con Francia dispondrá de concentraciones cortas, jugadores que llegan desde clubes diferentes y muy poco margen para instalar mecanismos complejos.

El entrenador tendrá que aprovechar conceptos conocidos por los futbolistas y, sobre esa base, introducir sus modificaciones.

La pregunta será, en todo caso, cuánto del pragmatismo de Deschamps conservará Zidane y cuánto fútbol asociativo agregará quien fuera un prodigioso futbolista.

Francia tiene jugadores para hacer lo que “Zizou” desee. Hay futbolistas capaces de resolver partidos por sí mismos. La dificultad estará, en todo caso, en combinar virtudes.

La Francia de Zidane: el talento por delante de la estructura

Una de las características que pueden definir al nuevo equipo es la libertad que Zidane les otorgue a sus principales figuras.

En una conversación reciente con David Beckham y Zlatan Ibrahimovic, el entrenador mencionó que, entre los futbolistas que más disfruta ver, están Michael Olise, Kylian Mbappé y Lamine Yamal. Dos de ellos vestirán la camiseta de Les Bleus.

Aquella predilección no alcanza para deducir una formación ni una idea de juego, pero sí parece ser una señal sobre el tipo de fútbol que lo atrae: talento técnico, desequilibrio, imaginación y jugadores capaces de producir algo diferente.

En ese ítem, Francia tiene material de sobra.

Zidane podría mantener una estructura similar a la que utilizó Deschamps y modificar las funciones de sus futbolistas ofensivos. También puede alterar el mediocampo para generar más asociaciones y liberar a sus mejores jugadores entre líneas. Su experiencia en Madrid permite pensar que no habrá demasiadas dificultades para cambiar de dibujo si considera que el equipo lo necesita.

Zidane no solo ostenta el tricampeonato consecutivo en la Champions (2016, 2017 y 2018), sino también dos Ligas de España, dos Supercopas de España, dos Supercopas de Europa y dos Mundiales de Clubes.

Ese palmarés es el que ahora pone al servicio de la selección de su país.

¿La Selección de Mbappé o de Zidane?

El otro gran interrogante tiene nombre propio: Kylian Mbappé. La nueva Francia reunirá al máximo símbolo futbolístico de la historia reciente del país con su principal estrella contemporánea.

Zidane fue campeón del mundo en 1998 y se convirtió en una de las figuras centrales de la identidad futbolística francesa. Mbappé es el capitán, el líder de la generación actual y uno de los mejores jugadores del mundo. Es, además, una bestia competitiva y lo acaba de ratificar en la Copa del Mundo 2026: fue el goleador del torneo y se transformó, con 22 tantos, en el máximo anotador de la historia mundialista.

La relación entre ambos será observada desde el primer día. “Dos potencias se saludan”, podrían haberse dicho apenas se estrecharon la mano. El dicho es muy popular en Argentina.

También habrá una cuestión estrictamente futbolística: qué lugar ocupará Mbappé dentro de la estructura de Zidane. ¿Seguirá siendo el líder absoluto? ¿Francia repartirá más responsabilidades entre sus grandes figuras? Le Monde, un medio de comunicación insignia de la prensa francesa, ya instaló esas preguntas alrededor del comienzo del nuevo ciclo.

No hay elementos para hablar de un conflicto entre ambos. Sí existe una situación singular: el futbolista más importante del presente será dirigido por uno de los futbolistas más importantes de la historia de Francia.

Zidane conoce bien ese escenario. En Real Madrid tuvo que administrar vestuarios repletos de estrellas y, en muchos casos, encontró el equilibrio dejando que los grandes jugadores tuvieran margen para decidir.

Francia le exigirá repetir esa gestión con una responsabilidad mayor. Y no es un foco menor.

El equipo galáctico que recibe Zidane

Hay algo que hará diferente su debut respecto de otros cambios de entrenador: Zidane no tendrá que convencer a Francia de que puede llegar alto. Hace rato, el equipo está en la élite.

La selección ya llega con una estructura consolidada, a la cual Deschamps le fue dando forma durante 14 años. Un equipo capaz de adaptarse a diferentes contextos, competir con distintas generaciones y sostenerse entre los grandes del planeta durante más de una década.

El nuevo entrenador tendrá que intervenir sobre ese mecanismo sin perder aquello que funciona.

También deberá hacerlo rápidamente. En un club, una idea puede desarrollarse durante semanas o meses de entrenamiento. En una selección, cada concentración es una carrera contra el tiempo.

Ese contexto puede favorecer una de las grandes virtudes de Zidane como entrenador: su capacidad para gestionar futbolistas de primer nivel.

Sin embargo, esta flamante aventura también pondrá a prueba su capacidad para transmitir una identidad colectiva en períodos de trabajo muy breves.

Estaba escrito: el regreso de Zidane al uniforme azul

Hay una última dimensión que hará diferente este estreno de “Zizou” como seleccionador galo.

Zidane tiene la dimensión de un mito. Fue campeón del mundo precisamente en Francia 1998, disputó su último partido con Les Bleus en la final de 2006 y ahora regresa, dos décadas después, para conducir desde el banco a una selección que lo amó con devoción.

Frédéric Hermel, un periodista que mantuvo una estrecha relación profesional y personal con el astro futbolístico durante casi dos décadas, profetizó este momento en la biografía titulada simplemente “Zidane”.

En el capítulo 9, titulado “El uniforme azul”, Hermel se sitúa en el desenlace de la final del Mundial de Alemania 2006, inmediatamente después de que el capitán francés fuera expulsado por propinarle un histórico cabezazo a Marco Materazzi. La tarjeta roja del argentino Horacio Elizondo dejaría a Francia con un jugador menos y la Azzurra se llevaría la corona en la tanda de penales.

“Zizou sale del terreno de juego por última vez en su vida de futbolista, pasa al lado del trofeo reluciente sin mirarlo y se adentra en el túnel de los vestuarios como un animal que va camino del matadero. Francia ya ha perdido. Y no es la tanda de penales cruel y definitiva ganada por Italia la que vendrá a contradecir esta triste afirmación”, escribió.

“A mi alrededor, pequeños fiscales explican con gran profusión de gestos y referencias morales que Zidane ha cometido un delito. Yo no les escucho. Los desprecio”, agregó luego, para asegurar que hasta encontraba cierta belleza plástica en ese inédito cabezazo.

“Incluso en lo doloroso, Zizou inventa”, completó ese tramo.

“Francia se asombra, Francia se subleva, Francia se conmueve pero Francia perdona muy rápido. Pero no sabe que un día Zidane volverá a tocar el uniforme azul, que un día que no ha llegado todavía pero deseado con fuerza, estará al mando del destino de la Selección de su corazón. Ya lo cantó Francis Cabrel: «Está escrito»”, detalló Hermel.

Estaba escrito. Ese día, tallado en el destino, finalmente llegó.

Ahora comienza otra historia. Zidane tendrá que demostrar que aquello que funcionó en Real Madrid puede trasladarse al fútbol de selecciones.

Francia ya tiene jerarquía, experiencia y una generación extraordinaria. Lo que todavía no tiene es la respuesta a cómo jugará con Zidane. Falta poco para que empecemos a conocerla. “Zizou” ya está escribiendo el libreto y pronto se descorrerá el telón.