Recuperar la mística copera, el gran desafío de este Boca para ganar la Sudamericana

Durante años, Boca construyó una identidad inseparable de las grandes noches internacionales. Sin embargo, el protagonismo continental que supo sostener durante décadas se fue diluyendo y los últimos años estuvieron marcados por eliminaciones tempranas, finales perdidas y golpes que alejaron al Xeneize de la pelea por los grandes títulos. Ahora, con la posibilidad de volver a meterse entre los cuatro mejores de la CONMEBOL Sudamericana, el desafío pasa por recuperar una mística copera que alguna vez fue una de sus principales señas de identidad.

Una mística que se fue desdibujando

El recorrido reciente muestra un contraste fuerte con lo que históricamente representó Boca en el plano internacional. El conjunto de la Ribera estuvo al borde de la gloria en las finales de la Copa Libertadores 2012 ante Corinthians, en la definición de 2018 frente a River y en la de 2023 contra Fluminense. Tres oportunidades que terminaron en derrota y que marcaron el cierre de una etapa en la que, aun sin conseguir el título, el club seguía instalado entre los protagonistas del continente.

Los golpes que llegaron después

Tras aquella final en el Maracaná, el camino se volvió todavía más complejo. En 2024, Boca no disputó la Libertadores y quedó eliminado ante Cruzeiro por penales en los octavos de final de la Sudamericana. En 2025 llegó uno de los golpes más duros de los últimos años: la eliminación ante Alianza Lima en la fase previa de la Libertadores, que dejó al equipo afuera de la máxima competencia antes incluso de alcanzar la fase de grupos.

El regreso a esa instancia en 2026 tampoco permitió cambiar la tendencia. Boca compartió grupo con Barcelona de Ecuador, Cruzeiro y Universidad Católica de Chile, pero no logró avanzar a los octavos de final. Así, por distintos caminos, el Xeneize volvió a quedar lejos de las instancias en las que durante mucho tiempo su presencia parecía una constante.

El presente y una señal para lo que viene

En el ámbito doméstico, el equipo de Arruabarrena atraviesa un presente que combina avances con aspectos por corregir. En el Torneo Clausura, viene de conseguir una victoria por 1-0 ante Lanús y de empatar 2-2 frente a Gimnasia de Mendoza, en un partido que ganaba y terminó igualando el conjunto mendocino sobre el final. En paralelo, Boca dio otro paso en la Copa Argentina: eliminó a Vélez en la definición por penales y se metió en los cuartos de final.

La clasificación ante el Fortín, además de sostener al Xeneize en otra competencia, tiene un valor particular por el contexto en el que llega. El Xeneize necesitó atravesar una definición de máxima tensión y logró salir adelante, una experiencia que puede servir como punto de partida para afrontar los desafíos que aparecen en el plano internacional.

La Sudamericana y el objetivo de volver al plano internacional

En ese contexto, la Copa Sudamericana adquiere una dimensión especial. No solamente porque representa el principal objetivo internacional que tiene Boca por delante, sino porque puede convertirse en el escenario para reconstruir una identidad competitiva fuera del ámbito local.

El próximo desafío será Sao Paulo. La ida de los cuartos de final se jugará este martes, desde las 21.30, en La Bombonera, antes de la revancha en Brasil. La serie será exigente, pero también una oportunidad para medir cuánto puede recuperar el Xeneize cuando la competencia vuelve a exigirle personalidad y jerarquía internacional.

Los últimos resultados forman parte del recorrido previo, pero no constituyen el eje de esta historia. Lo verdaderamente importante estará ahora cuando el Xeneize vuelva a jugar por algo más que tres puntos.

El último título internacional del club fue la Recopa Sudamericana de 2008, obtenida después de la Libertadores conquistada en 2007. Desde entonces, pasaron casi dos décadas sin una nueva consagración. Por eso, la Sudamericana representa una oportunidad que excede la posibilidad de levantar otra copa: es el desafío de recuperar la personalidad, la confianza y la mística que durante tanto tiempo hicieron de Boca un equipo temido en el continente.