Máximo Perrone, el sostén invisible de un Como cada vez más ambicioso

En un equipo que busca protagonismo a través de la pelota, hay futbolistas que sobresalen por sus goles, sus asistencias o sus gambetas. Y hay otros cuya importancia se descubre al observar con atención cómo juega el equipo. Máximo Perrone pertenece a este segundo grupo.

En Como 1907, el mediocampista argentino es una pieza fundamental para organizar la circulación, conectar las distintas líneas y darle continuidad a los ataques del equipo dirigido por Cesc Fàbregas.

A los 23 años, el ex Vélez, Manchester City y Las Palmas reúne características que no siempre aparecen juntas en un volante central: precisión técnica, inteligencia y madurez para decidir cuándo acelerar y cuándo darle una pausa al juego.

Su influencia no depende de acciones espectaculares. Perrone es, ante todo, un organizador. O un brillante administrador. Un mediocampista que encuentra en el pase su principal herramienta para controlar el partido.

Máximo Perrone, un pase para cada necesidad del Como

La zurda de Perrone le permite resolver situaciones muy diferentes. Puede ofrecer una descarga sencilla para asegurar la posesión, cambiar la orientación del ataque con un cambio de frente o encontrar a un compañero entre líneas con un pase filtrado. También tiene la capacidad de “picar” la pelota por encima de la defensa para aprovechar el movimiento de un atacante a espaldas de los centrales, y es capaz de hacer eso en distancias cortas o con envíos larguísimos.

Esa variedad es uno de sus principales atributos.

No se trata solamente de acertar en la ejecución, sino de reconocer qué pase necesita cada jugada. A veces, la mejor decisión consiste en jugar a uno o dos toques y ofrecer una nueva línea de pase. En otras, cuando detecta un espacio libre o un compañero en ventaja, puede resolver con un envío vertical que modifica el escenario de la posesión.

Su fútbol tiene una lógica geométrica. Perrone procura ubicarse donde pueda recibir, observar y distribuir. Desde esa posición, funciona como una referencia para sus compañeros y contribuye a que el equipo salga jugando con orden.

La inteligencia antes que el despliegue

Perrone no es un mediocampista que busque imponerse a partir de conducciones largas ni con gambetas en espacios abiertos o “en una baldosa”. Prefiere que la pelota viaje rápido, utilizar apoyos cercanos y encontrar al compañero mejor ubicado.

Eso no significa que su juego sea horizontal o conservador. Al contrario: quizás su principal virtud es, precisamente, reconocer cuándo puede avanzar y cuándo conviene asegurar la posesión. La circulación tiene sentido cuando permite mover al rival, encontrar un espacio libre y preparar una acción posterior.

Las estadísticas avanzadas lo destacan con una efectividad notable de pases hacia adelante y una precisión general altísima en sus entregas.

También muestra una lectura interesante en la fase defensiva. La ubicación previa, la interpretación de los movimientos y la posibilidad de anticipar una línea de pase son recursos que le permiten intervenir sin depender de la fuerza física o de la velocidad. En ese contexto, sin ser un portento físico, su “timing” para ganar duelos mano a mano también es sumamente alto de acuerdo a las estadísticas avanzadas.

“Para ser sincero, no juego pensando en las estadísticas. Creo que gran parte de lo que hago se basa en el instinto”, contó en una entrevista en la web oficial del club. Por supuesto, detrás de esa intuición también hay mucho trabajo. “Trabajo bastante con uno de los miembros del cuerpo técnico que se especializa en entrenamiento individual. Pasamos mucho tiempo viendo vídeos de diferentes situaciones, y eso me ayuda muchísimo. Nos centramos especialmente en la percepción: ser consciente de lo que ocurre alrededor antes de recibir el balón”, explicó.

En ese artículo lo calificaron como “el metrónomo”, un aparato o dispositivo que emite señales a intervalos regulares para marcar el tiempo y el ritmo en la música. Cuesta encontrar un elogio más preciso.

El futbolista que necesita un equipo con la pelota

La propuesta de Fàbregas exige jugadores capaces de interpretar el juego y tomar decisiones con rapidez. Allí, Perrone ofrece un perfil especialmente valioso: puede participar en la construcción desde posiciones retrasadas en el mediocampo y, al mismo tiempo, encontrar soluciones para que la tenencia de la pelota no se convierta en una circulación estéril, en un péndulo sin sentido.

Su influencia comienza muchas veces antes de recibir. La elección del lugar en el que se ofrece, el perfil corporal con el que controla la pelota y la orientación de su primer toque condicionan la jugada siguiente.

Son detalles que distinguen a un volante que simplemente distribuye de otro que organiza. Perrone busca que cada intervención tenga continuidad y que el equipo mantenga una estructura inclusive mientras el rival lo presiona.

Su juego tampoco necesita preponderancia en el último tercio de la cancha. En una función así, la regularidad suele ser más importante que el impacto ocasional.

La madurez de Máximo Perrone lo pone en el radar de la Selección Argentina

Más allá de que no busque protagonismo ofensivo, Perrone posee cualidades para llegar al área rival. En la Serie A 2025-2026 anotó 3 goles (contra Atalanta y dos veces frente a Pisa, en primera y segunda rueda) y entregó 4 asistencias.

En la temporada 2026-2027, en la que Como 1907 debutó en la Champions, el argentino se anotó en el marcador en la goleada 4-1 sobre RB Leipzig. Entró a los 65 minutos por Lucas Da Cunha cuando el tablero electrónico estaba 3-1 y anotó el tanto decisivo a los 90’.

En un contraataque fulminante, la pelota le llegó a Nico Paz por derecha, mientras Perrone corría como si fuese un centrodelantero. Cuando la defensa terminó por retroceder y se plantó, el 10 se la tocó con maestría, mientras el mediocampista nacido en Haedo hacía una diagonal perfecta. Sin tocarla, la dejó correr, inclinó su cuerpo hacia la derecha y le dio de zurda, con efecto, al segundo palo, para anotar el cuarto y definitivo tanto del equipo italiano.

No será extraño que, en las próximas convocatorias, Lionel Scaloni lo cite para los amistosos de la Selección Argentina, en la que Perrone debutó en noviembre de 2025 con 5 minutos jugados en la victoria 2-0 sobre Angola, con goles de Lautaro Martínez y Lionel Messi.

Máximo Perrone no es ningún “Perro”

En 2024, La Gazzetta dello Sport remarcó que el apodo de “Perro” no le hace justicia a su juego, definiéndolo como un futbolista “geométrico, elegante y de zurda muy educada”. Además, el diario insignia del deporte italiano y otros medios de aquel país destacan su manera de interpretar el juego.

Esas valoraciones ayudan a entender por qué su aporte excede la posición que ocupa en el campo. Perrone no necesita convertirse en el protagonista de cada ataque para influir en él: su tarea consiste, en buena medida, en preparar las condiciones para que eso ocurra.

En el Como 1907, esa capacidad de ordenar y conectar adquiere un significado particular dentro de la idea de Fàbregas, de quien el propio Perrone dijo que posee el ADN de Pep Guardiola.

La pelota es el punto de partida, pero conservarla no es un objetivo en sí mismo. La intención es utilizarla para controlar los espacios, progresar y encontrar ventajas. Y Perrone reúne grandes y variadas herramientas para cumplir esa función.

Su fútbol puede ser menos vistoso que el de un extremo desequilibrante o un mediapunta decisivo en el área. Sin embargo, observarlo con atención permite reconocer su real influencia.

El valor de un mediocampista como Perrone también se mide en los pases que ordenan una salida, las decisiones que evitan una pérdida y los movimientos que permiten que sus compañeros reciban en mejores condiciones.

En un equipo que pretende construir desde el juego y la posesión, ese trabajo sin estridencias puede ser tan importante como la acción que termina en gol. Puede sonar paradójico, pero el “metrónomo” se mueve en silencio para que la orquesta suene mejor que nunca.