PSG vs Arsenal: El campeón reinante y el aspirante a la Champions

La final de la máxima competencia europea enfrentará dos equipos con historias y estilos opuestos.


La final de la Champions League que tendrá lugar el sábado 30 de mayo en Budapest tendrá como protagonistas a dos de los mejores clubes de Europa esta temporada, y que le otorgarán un alto componente narrativo. PSG y Arsenal llegan a la definición luego de coronarse campeones de sus respectivas ligas, la Ligue 1 y la Premier League, pero en momentos opuestos de su historia europea: los parisinos buscan extender su dominio en la competencia, mientras que los londinenses se quieren estrenar.

La historia de los opuestos en este partido definitorio en el Puskas Arena no se limita exclusivamente a su historia, sino también a los estilos futbolísticos que los llevaron a este punto y a los palmareses, hasta la fecha, de sus entrenadores Luis Enrique y Mikel Arteta. Pero también hay características que unen a los dos finalistas y enaltecen el valor de la final.

PSG y la misión de sostener el camino

Qatar Sports Investments (QSI), el fondo soberano de Medio Oriente que adquirió al equipo de la capital francesa en 2011, enfatizó una y otra vez que su gran objetivo con la compra del club era obtener la Champions League. El tiempo que le llevó conseguir esa meta fue mucho más extenso de lo esperado, y para ello debió hacer importantes cambios en su política de incorporaciones una vez que quedó evidenciado que su aproximación original no arrojaba los resultados buscados.

Desde el primer momento de su llegada, la intención fue instalar a PSG como un faro futbolístico y también cultural de Europa. A eso respondían los primeros grandes fichajes del club, como Javier Pastore, Zlatan Ibrahimovic y Thiago Silva, que desde el principio establecieron una vasta disparidad económica en relación al resto de la Ligue 1, y con ella un fuerte dominio del campeonato francés. Sin embargo, este salto de nivel todavía no era suficiente para generar un impacto en la competencia que más buscaba, y la dolorosa remontada del 4-0 a favor que le propinó Barcelona en 2017 fue prueba cabal de ello.

Frente a esta realidad, QSI decidió redoblar la apuesta con fichajes aún más estelares. Primero llegaron Kylian Mbappé y Neymar, las dos compras más caras del fútbol mundial, y cuatro años más tarde lo acompañaron figuras como Achraf Hakimi, Gianluigi Donnarumma, Sergio Ramos y la joya de la corona, Lionel Messi. Aún así, solo en la final de 2020, de la mano del DT Thomas Tuchel, los parisinos estuvieron realmente cerca de romper con la sequía, y en el camino se fueron quedando grandes talentos de las inferiores del club que triunfaron en el extranjero, como Mike Maignan, Christopher Nkunku, Moussa Diaby y, en particular, Kingsley Coman, autor del gol del triunfo de Bayern Munich en aquella única definición en Lisboa.

Para 2023, la cúpula dirigencial encabezada por Nasser Al-Khelaïfi finalmente aceptó que el camino no era el correcto, y cambió drásticamente el curso. Contrató como entrenador a Luis Enrique, un líder carismático y que exige compromiso total con la presión, y pasó a buscar reforzarse con jugadores jóvenes y con proyección, además de confiar en el talento surgido en Francia como Desiré Doué, Warren Zaïre-Emery y Bradley Barcola. El resultado quedó a la vista en la pasada temporada, con un espectacular triplete que culminó con el primer título europeo de su historia, en el que aplastó a Inter por 5-0 en la definición. Con la proyección de sus nuevos jugadores y su presencia en otra final, hoy PSG amenaza con establecer una dinastía inédita en Europa.

Arsenal y el sueño de consumar un largo proceso

En el camino hacia esa primera coronación, el equipo francés debió superar en la semifinal a un Arsenal que llegó con dudas en la Premier League, pero que le ofreció un desafío sumamente complicado. Solo las espectaculares atajadas de Donnarumma y la efectividad en ataque del campeón de la Ligue 1 sostuvieron el camino al título. Por el lado de los Gunners, en cambio, resultó una advertencia de lo que vendría después.

Mucho se ha comentado del enorme y sostenido crecimiento del equipo londinense a partir de la llegada de Mikel Arteta como entrenador y de la posición que ocupaba al momento de su llegada. Los ingleses atravesaron más de una década de lento decrecimiento: siete eliminaciones consecutivas en octavos de la Champions dieron lugar a otros seis años sin siquiera decir presente en la competencia, y los primeros años del vasco incluyeron una temporada, la 2021/22, en que no dijo presente en ninguna competencia continental.

Ese año, curiosamente, funcionaría como bisagra para el proyecto. Arsenal se deshizo de gran parte de la vieja guardia e incorporó jugadores como Ben White y Martin Odegaard, que bajaron notablemente el promedio de edad y se convirtieron en piezas troncales para los años venideros. Al año siguiente, y contra todo pronóstico, los del norte de Londres montaron una improbable lucha por el título contra un histórico Manchester City que sentó las bases para un progreso constante año a año. Pero a medida que se sucedieron las campañas competitivas, ese primer título para coronar el ciclo se hizo esquivo, y la impaciencia y la presión comenzaron a aumentar.

A comienzos de la actual temporada, y tras aquella primera semifinal de Champions en 16 años, Arteta identificó que se avecinaba el momento para romper la sequía. Un agresivo mercado de pases, que contó con las llegadas de Viktor Gyökeres, Eberechi Eze y Martín Zubimendi como grandes estrellas, evidenció la ambición de ir por todo. También lo hizo un cambio en su estilo de juego: el fútbol vibrante pero vulnerable en lo físico dio lugar a un dominio absoluto del juego aéreo y la pelota parada. Aunque fue cuestionado por la prensa y muchos de sus pares, sirvió para por fin alzarse con la Premier League. Y también para alcanzar la final de la máxima competencia europea por primera vez en 20 años, donde buscará su primera corona ante el mismo rival que lo frenó en el año anterior, dirigido por su excompañero de sus primeros años como jugador en Barcelona.