El 2025 de Boca fue un recorrido lleno de altibajos. Desde los primeros golpes en el inicio del año hasta la reciente pérdida en el plano emocional, el club atraviesa un período en el que cada partido parece una prueba de carácter. El lunes, ante Barracas Central, el Xeneize se juega mucho más que tres puntos: necesita romper con una irregularidad que lo persigue desde hace meses, recuperar terreno en la tabla del Clausura y sostener la ilusión de volver a la Copa Libertadores. Todo esto, además, luego de la partida de Miguel Ángel Russo.
Golpes, cambios y un equipo sin vuelo
Parece lejano el golpe que significó la eliminación ante Alianza Lima en la fase previa de la Copa Libertadores, pero aquel episodio marcó el rumbo del 2025 para Boca. Con la llegada de refuerzos como Ander Herrera, Alan Velasco, Rodrigo Battaglia, Williams Alarcón y Agustín Marchesín, el hincha se había ilusionado con un equipo competitivo. Sin embargo, el sueño duró poco. La salida temprana del certamen continental fue un golpe durísimo para el entonces conjunto dirigido por Fernando Gago, que apostaba todo al Apertura y al objetivo de realizar un buen papel en el Mundial de Clubes.
El equipo nunca logró contagiar ni consolidar una idea clara de juego. La derrota ante River en el Monumental fue el punto final del ciclo de Gago. Con Herrón al mando, Boca avanzó a cuartos de final tras eliminar por penales a Lanús, pero volvió a caer en casa ante Independiente, cerrando otro capítulo frustrante.
Riquelme recurrió a un viejo conocido para el Mundial de Clubes
Sumido en una crisis futbolística, Juan Román Riquelme acudió a Miguel Ángel Russo, quien dirigía a San Lorenzo, para encarar el desafío del Mundial de Clubes. El debut ante Benfica dejó una imagen esperanzadora, con un Boca sólido durante gran parte del partido, aunque el empate sobre el final arruinó el estreno. Frente al Bayern Múnich, el Xeneize mostró dos caras: sufrió en el primer tiempo, reaccionó en el segundo y terminó cayendo en el cierre. El empate posterior ante Auckland City, un rival amateur, fue un baño de realidad que decretó la eliminación en fase de grupos y reavivó todas las dudas.
El torneo argentino, una racha sin victorias y el golpe de la Copa Argentina
El regreso al plano local tampoco trajo alivio. Con el arribo de Leandro Paredes parecía llegar el impulso anímico necesario, pero Boca no logró despegar. Igualó con Argentinos, empató ante Unión y sufrió un duro golpe con la eliminación frente a Atlético Tucumán en la Copa Argentina. Luego llegaron la derrota ante Huracán y otro empate agónico frente a Racing. La seguidilla negativa se cortó recién en Mendoza, con una contundente victoria 3-0 sobre Independiente Rivadavia, que puso fin a 12 partidos sin triunfos y dio algo de aire al plantel.
La irregularidad en el torneo argentino
Esa victoria marcó un punto de inflexión: Boca encadenó tres triunfos consecutivos (ante Banfield, Aldosivi y el mencionado en Mendoza) y un empate valioso frente a Central. Parecía que el equipo encontraba un rumbo. Sin embargo, cuando mostró su mejor versión ante Central Córdoba, desperdició una ventaja de dos goles y terminó empatando 2-2. Luego, una pobre actuación en Florencio Varela ante Defensa y Justicia (1-2) volvió a sembrar dudas. El 5-0 ante Newell’s en la Bombonera fue el pico de rendimiento más alto del semestre, una actuación que devolvió la ilusión y demostró que el plantel tiene herramientas para sobreponerse. Pero la falta de continuidad volvió a ser el principal obstáculo.
Días de conmoción detrás de semanas claves para el año de Boca
La reciente muerte de Miguel Ángel Russo golpeó fuerte en el club y en todo el mundo Boca. Tras la suspensión del partido ante Barracas, Claudio Úbeda asumió. En un contexto cargado de emoción y homenajes, el equipo recibió a Belgrano en La Bombonera con la necesidad de ganar, pero volvió a tropezar. Falló situaciones claras en el primer tiempo y el Pirata aprovechó sus momentos: se puso 2-0 y, pese al descuento de Zeballos, el Xeneize no pudo rescatar ni un punto. Ese resultado lo dejó lejos de todos los objetivos del año y profundizó el golpe anímico.
La clasificación a la Copa y el Clausura, los últimos cartuchos de Boca
El presente de Boca es incómodo. Fuera del top 8 en el Grupo A del Clausura (9º lugar) y a un punto de la zona de clasificación a la Copa Libertadores por tabla anual, el margen de error se agotó. Con 50 puntos, el equipo está por detrás de Riestra, Argentinos y River (todos con 51), y lejos de Central (62), el único con boleto asegurado al certamen continental. Una victoria ante Barracas Central lo colocaría segundo en la anual y volvería a meterlo en la pelea. Pero el panorama no es sencillo: Paredes está al borde de la suspensión (cuatro amarillas) y Battaglia se suma a la lista de bajas por un desgarro en el sóleo izquierdo.
Y si algo marcó el 2025 de Boca fue su caída en los partidos determinantes: la eliminación ante Alianza Lima en la Libertadores, las derrotas en los clásicos frente a River e Independiente, las salidas tempranas en el Apertura, el Mundial de Clubes y la Copa Argentina.
Por eso, el duelo ante Barracas se transformó en una verdadera final. Boca se juega sus últimas fichas para salvar un año irregular, sostener una mínima esperanza de Libertadores y proyectar con algo de aire lo que viene. Además, la reciente eliminación de River en la Copa Argentina tampoco lo benefició: un posible título del Millonario o de Argentinos hubiese liberado un cupo extra en la tabla anual, lo que habría acercado al Xeneize a la próxima Libertadores. Ahora, la única salida es ganar para depender de sí mismo.
