Carlos Correa, Francisco Lindor y Javy Báez: siete años después

Entre 2014 y 2015 Carlos Correa, Francisco Lindor y Javier Báez irrumpieron en las Grandes Ligas con más fuerza que un huracán categoría 5 en la escala Saffir-Simpson.

Se sabía que estos tres hijos de la Isla del Encanto serían diferentes mucho antes de pisar un terreno de MLB.

En cierto modo, ellos fueron los responsables de apagar la conversación -o al menos ponerla en segundo plano- sobre lo injusticia de colocar a peloteros boricuas junto a estadounidenses en el draft amateur y no como agentes libres internacionales, quienes suelen recibir mejores ofertas contractuales al momento de su firma.

No fueron pocos los que atinaron en sus predicciones.

"Es tremendo jugador, lo tiene todo", dijo sobre Lindor Edwin Rodríguez, ex dirigente de los Miami Marlins, quien estaba a cargo del equipo de Clase A fuerte de los Indians (hoy Guardians) en 2012. "Es de los pocos jugadores que uno sabe que será un campocorto para siempre, por sus excelentes manos. Su fildeo es casi de Grandes Ligas, y será un gran bateador".

De Correa se especulaba que era lo más parecido a Alex Rodríguez. "Tiene la oportunidad de ser una estrella que podría conectar 20-30 jonrones como campocorto o tercera base de las Grandes Ligas, valoraba por ese entonces Bleacherreport.

"Amé a Báez desde la primera vez que lo vi por el atleticismo que mostró y la increíble velocidad del bate que poseía a una edad temprana. Sabía que estaba crudo, pero también sabía que tenía el potencial de ser uno de los mejores jugadores del béisbol si trabajaba duro y refinaba su juego ", aseveró el director de exploración de los Cubs, Tim Wilken, en junio de 2011. .

Años después...

Una vez golpeada la agencia libre por cada uno de ellos -Lindor no llegó al recibir una irrechazable oferta de los New York Mets-, el tridente boricua estaría recibiendo, si se confirma el vaticinio de que Correa firmará por más de $300 millones, cerca de $800 millones, desglosados en $341 millones de Lindor y $140 millones de Báez con Detroit Tigers.

Los $800 millones en salario sería una marca récord para tres peloteros boricuas de una misma era, aunque para Hiram Martínez, Senior Editor de ESPN Digital no necesariamente significa que esta sea la época más prolífica en el béisbol de Puerto Rico.

"La vara está muy alta para ellos tres. No podemos olvidar que Puerto Rico tuvo a Roberto Clemente y Orlando Cepeda jugando en la misma era. Cepeda fue Novato del Año unánime en 1958 y en 1961, entre los dos ganaron la triple corona de bateo (Clemente con promedio de .351; Cepeda con 46 jonrones y 142 remolcadas). Ese mismo año, Luis Arroyo tuvo marca de 15-5, 2.19 de efectividad y fue líder en salvados con 29 jugando para los campeones Yankees. Ese trio llegó segundo, cuarto y sexto en las votaciones de Jugador Más Valioso de sus ligas. Unos años más tarde, Clemente gano el JMV de la Liga Nacional en 1966 y Cepeda en 1967. Clemente gano otros tres títulos de bateo y Cepeda fue líder impulsador otra temporada".

Martínez añadió que "en los 90 tenemos una época de oro, que comenzó en los últimos tres años de la década del 80, con el ascenso de jugadores como Roberto Alomar, Juan González, Benito Santiago y Sandy Alomar Jr y se extendió hasta mediados de 2000, con éxitos temporada tras temporada. Durante esa época, los puertorriqueños ganaron tres títulos de bateo (dos de Edgar Martínez y uno de Bernie Williams), más de 25 guantes de oro, más de 30 bates de plata, tres premios de Jugadores Más Valioso (dos de González, uno de Iván Rodríguez) y varios títulos de Más Valioso en Juegos de Estrellas y campeonatos de liga. Dice mucho que de esa era salieran tres miembros del Salón de la Fama y otros que merecían o merecen consideración".

Pero que el presente promisorio y multimillonario de la triada Correa-Lindor-Báez no sea la mejor época del béisbol boricua no minimiza el impacto de estos jugadores que, por casualidades de la vida, se desempeñan en la misma posición: el campocorto. En época de redes sociales y globalización mediática, ellos se ubican por méritos propios entre los peloteros más emocionantes de ver en todo el béisbol de las Mayores.

Correa (No.1 del draft 2012), Lindor (No.8 en 2011) y Báez (No.9 en 2011) no solo cumplieron las predicciones que les colocaban muy por encima del promedio de la liga, sino que "pescaron", gracias a sus números, multimillonarios contratos (a falta de Correa) en tiempos donde solo los "pejes gordos" reciben tanto dinero.

Es un hecho, están en la súper élite del deporte.

Correa... ¿el Alfa?

Sin confirmar hasta dónde llegarían estos tres peloteros, Carlos Correa se erigía como el más mediático. Ayudó el hecho de convertirse en el primer boricua en ser elegido como número 1 en el draft amateur.

En 2012, los Houston Astros tuvieron el derecho de elegir primeros y no estuvieron dispuestos a cometer el error de 20 años antes, cuando teniendo la primera selección en su poder, escogieron a Phil Nevin y dejaron pasar a un tal Derek Jeter que, por cierto, es el ídolo de Correa.

Esta vez..., su apuesta rindió frutos. Benefició a ambas partes.

Correa, además de consolidarse como torpedero titular, integró una de las mejores combinaciones alrededor del segundo cojín de todo el béisbol junto al venezolano José Altuve. Durante su ascenso, ganó el premio de Novato del Año, ha sido dos veces All Stars, y tiene en su haber un Guante de Oro y uno de Platino.

En sus siete años con Houston, los Astros han clasificado seis veces a postemporada, llegando a cinco Series de Campeonato, tres Series Mundiales y conquistando el anillo en 2017.

Lindor no se queda atrás. Le disputa amablemente la condición de Top Dog a Correa. Y ya le "obligó" a moverse a tercera base cuando jugaron juntos con el equipo de Puerto Rico en el Clásico Mundial 2017 (Báez defendió la segunda).

De hecho, Paquito ya tiene en su poder el contrato más grande firmado por un pelotero boricua en la historia, y el tercero mayor de todos los tiempos, únicamente superado por los $430 millones por 12 años de Mike Trout con Los Angeles Angels y los $365 millones por 12 años de Mookie Betts con Los Angeles Dodgers.

Él ha evolucionado y ya no es solamente un torpedero de finas manos; se ha convertido en un temible bateador, a pesar de tener una temporada para el olvido en 2021, después de firmar con los Mets.

'Mr. Sonrisa', en poco más de seis años de servicio, ha ganado dos Guantes de Oro y uno de Platino, dos Bates de Plata y ha sido cuatro veces All Stars. Desafortunadamente no ha ganado un anillo de campeón, aunque jugó y perdió en siete juegos la Serie Mundial de 2016 ante los Chicago Cubs de Javy Báez.

Y no olvidar, además de ser el torpedero mejor pagado de todos los tiempos, Lindor es el único pelotero latino de Grandes Ligas con un modelo de calzado propio: Lindor 1 de New Balance. El paracorto es apenas uno de tres peloteros de origen latino (Roberto Clemente en 1972 y Sammy Sosa en 1999) en la historia de las Grandes Ligas en contar con un modelo propio de calzados, y el primero en dos décadas.

No tener un año sólido y golpear la agencia libre en el mismo año que Correa, Corey Seager y Trevor Story, perjudicaron las opciones de Javy Báez de obtener un pacto más lucrativo.

No obstante, desde mi perspectiva, 'El Mago' es el pelotero más emocionante de ver junto a Fernando Tatis Jr. Las cosas que hace en el terreno de juego son diferentes. La rutina la convierte en magia. En un deporte a veces mecánico y tedioso, eso es oro puro.

Su kamikaze modo de jugar pudo ser otro motivo por el cual los equipos prefirieron no arriesgar tanta plata, dada la comprensible preocupación de que es poco probable que se mantenga jugando a ese ritmo por un periodo largo de tiempo.

Comparándole en trascendencia con Correa y Lindor, él estaría apenas un escalón por debajo. No obstante, puede presumir que en siete temporadasha sido dos veces All Star, Guante de Oro, Bate de Plata, MVP de una Serie de Campeonato (2016) y campeón de la Serie Mundial 2016, cuando los Cubs rompieron La Maldición de la cabra.

El tiempo dirá hasta dónde llegarán estas tres joyas del béisbol. Lo cierto es, que siete años después, van por buen camino... y su destino, quizás sea Cooperstown.