Hay vidas que no se explican con un currículum, sino con la intensidad de sus capítulos. La de Bernardo Urdaneta parece guionada por una plataforma de streaming: un protagonista que atraviesa desafíos, fronteras y culturas, emergiendo siempre fortalecido, como si en cada parada sumara una nueva habilidad para su caja de herramientas. Sin embargo, frente al espejo, él desarma cualquier épica con una sentencia de una honestidad brutal: "Yo simplemente sé entrenar rugby y voy a un lugar donde me quieran para entrenar rugby".
Ese "saber entrenar" lo llevó a la cima de los torneos argentinos con los Naranjitas y a colgarse una medalla histórica de bronce en el Mundial M20 con Los Pumitas en 2012. En el medio, un ascenso inolvidable con Lomas en 2017, un legado estructural en el Jockey rosarino donde obtuvo el Regional del Litoral 2021 y un periplo por la liga italiana. Su última escala, casi cinematográfica, fue en China, reorganizando el rugby del gigante asiático. Pero el imán tricolor fue más fuerte.
"Quedamos que si volvía a Argentina le daba la prioridad a Lomas", dice, honrando ese pacto de caballeros que rige en este deporte. "Estoy cumpliendo un poco con mi palabra y sobre todo creo y, hoy estoy convencido, que yo me preparo para hacer estas cosas, o sea, para ayudar al club, para ayudar a mis entrenadores que hoy son algunos ex entrenados por mí, construir en mis jugadores y generar ese entorno que a mí me hace bien y para lo cual me preparé, me sigo preparando y quiero seguir aprendiendo para hacer este una historia que valga la pena para mi propósito y sobre todo que es lo más importante para Lomas".
Urdaneta es el escultor detrás de figuras que fueron y alguno son el acero de Los Pumas: Pablo Matera, Guido Petti, Emiliano Boffelli, Julián Montoya, Santiago Cordero, Facundo Isa, Tomás Lavanini, Facundo Gigena, Tomás Lezana y también a Santiago Alvarez, que hoy es un histórico en Los Pumas 7´s.
El ex jugador de Tucumán Lawn Tennis escapa al brillo individual, pero su ego no reclama autoría. Para él, el éxito es una construcción colectiva de raíces profundas. "No soy nostálgico", afirma con la seguridad de quien prefiere el futuro al recuerdo. "No sé cuánto mérito puedo tener yo -dice con respecto a Los Pumitas- sino el hecho de haber hecho una buena formación de Argentina. Hay un montón de gente que ya trabajaba en la Unión Argentina de Rugby para reforzar o buscar, ayudar, acompañar, así que no es un mérito mío, es un mérito de muchísima gente y sobre todo de los clubes de Argentina".
Es que para este ex pilar, el rugby argentino es un ecosistema que roza lo milagroso, "un tesoro" que la distancia terminó de pulir. "Cuando vos volvés de afuera y cuando estás afuera sobre todo, decís 'es increíble'. El amor que le ponen, el tiempo que le ponen, el lucro cesante que le ponen y todo lo que le ponen al rugby de Argentina. Nuestros seleccionados nacionales van a hacer grandes diferencias con esto que pasa acá en Argentina".
Esa pasión contrasta con la frialdad de otras latitudes. "En Italia primero, empiezo por lo geopolítico o por la realidad que se vive: hay más mortalidad que natalidad. Y la otra cosa es de las divisiones juveniles hay M14, M16 y M18. M15 no hay, M17 no hay, M19 no hay. ¿Y qué hacen después del 18? Tienen que ir a plantel superior a buscarse un lugar con profesionales".
Pero debajo del buzo de entrenador de club, late una ambición mayor, una cumbre que todavía no ha sido pisada. "Mi sueño más grande es dirigir un Mundial de mayores, que es lo que me falta. Así que por eso no cierro la posibilidad de China o algún país que me dé una oportunidad".
Mientras ese llamado llega, Bernardo sigue conjugando sus verbos preferidos: crecer, aprender, mejorar. No hay magia, hay método. Para devolver a Lomas a lo más alto, la receta es de una sencillez espartana: "Si querés ascender hay una sola cosa que tener que hacer bien: los principios del rugby. Si querés ascender, si querés trascender y si querés hacer historia. Lo otro es tener la convicción para pelear todos los días para que suceda eso".
Urdaneta no volvió a Lomas para ganar partidos, volvió para dejar una huella que el tiempo no pueda borrar. "Yo lo que tengo que hacer acá es mi propósito, o sea, es luchar para mejorar, luchar para trascender en lo que uno hace. Yo quiero hacer una historia eterna acá. Esa que nos gustan en el deporte, ¿viste? Que es muy difícil".
