Por tercer ciclo mundialista consecutivo, el entrenador del equipo más importante de esta nación es foráneo.
No tengo absolutamente nada en contra de Diego Cocca pero, francamente, esperaba la llegada de otro entrenador (y particularmente mexicano) a la Selección Nacional. Una vez más, el grupo que maneja el fútbol en nuestro país prefiere la presencia de un técnico extranjero a la de un estratega no sólo nacido en estas tierras sino hecho y desarrollado ciento por ciento bajo el crisol de la cultura e idiosincrasia balompédica nacionales. ¿Esto es malo? Sí y no. Todo depende del cristal con el que se mire (y los intereses que están detrás de las gafas que lo sostienen).
Por tercer ciclo mundialista consecutivo, el entrenador del equipo más importante de esta nación es foráneo. La abrupta salida de Miguel Herrera produjo una especie de animadversión de los dirigentes hacia los técnicos mexicanos al contratar, primero, al colombiano Juan Carlos Osorio (aquel que sólo preparó el primer partido del Mundial de Rusia y que a los posteriores sólo los sazonó justo en el momento) y después, al argentino Gerardo Martino quien, a la inversa de su antecesor, puso toda la carne al asador hasta el último encuentro de la fase de grupos de Qatar 2022 intentando salvar lo que era una obligada calificación a octavos de final. El resultado de esta tardía decisión nos condujo a un fracaso ampliamente comentado y que hoy nos deja a un nuevo seleccionador, también argentino como el anterior.
Comparto la idea de quienes creen que la experiencia y calidad no depende de una nacionalidad o de otra y que esto nunca debería ser lo más importante al momento de encomendarle a un entrenador un proyecto tan importante como lo es la Selección Nacional del país que sea. Sin embargo, creo que aquí ya exageran al preferir a un hombre nacido allende nuestras fronteras sin haberle concedido ahora una oportunidad a hombres como Nacho Ambriz o Jaime Lozano. Me queda claro que este asunto queda, al menos por ahora, completamente relegado luego de la presentación este viernes del hasta hace unas horas entrenador de Tigres y antes del Bicampeón Atlas de Guadalajara.
Más allá de la honestidad personal y profesional con las que seguramente Diego Martín Cocca asume este reto, el gran proyecto de transformación del fútbol mexicano se ha quedado en sólo buenos deseos. Lo que veo con mucha claridad es la prevalencia, como siempre, de los intereses de unos cuantos. El flamante “Consejo de 5” (llámese América, Chivas, Santos, Tijuana y Necaxa) ha disertado sin disertar. Los nexos y relaciones pasadas y presentes tuvieron mayor peso que las razones meramente futbolísticas y que eran las que necesariamente tuvieron que haber pesado a la hora de tomar un decisión al respecto. Para mi, dos campeonatos consecutivos y haber jugado en esta Liga hace varios años, no son suficientes argumentos para entregarle a Cocca la Selección Nacional Mexicana. Tiene su mérito, sí, pero aquí hemos hablado de que el fracaso en el Mundial de 2002 fue tan grande que, a la luz de los hechos hoy en día acontecidos, nos hemos quedado cortos en dar pasos firmes y seguros para conquistar el sueño que muchos tenemos de contar con una gran Liga y un poderoso equipo Tricolor.
Insisto, no tengo nada en contra del ahora nuevo técnico nacional. Ojalá le vaya muy bien y sepa trabajar mejor con el futbolista mexicano porque de suyo, no es su fuerte. Las formas y los modos que lo llevaron a ese puesto son suficientes para ratificar que aquí, lo más importante de lo menos importante no está dentro de la cancha, sino fuera de ella.
