Los 100 mejores futbolistas y entrenadores del fútbol mundial, según ESPN

Algunos de nosotros nos transportamos a la época en la que éramos niños. Desde el momento en que aprendimos a contar, a algunos de nosotros nos gustaba clasificar cualquier cosa, desde coches de juguete hasta animales de peluche. No eran necesariamente cosas que se pudieran medir, podías elegir cualquier criterio, podías construir una serie de argumentos racionales y, por lo general, no existía una respuesta incorrecta.

Clasificar futbolistas es, hasta cierto grado, un ejercicio similar. O, más bien, no hay respuestas incorrectas -sin embargo, si eliges a Jesse Lingard por encima de Lionel Messi, alguien te recordará que cada uno tiene derecho a formarse su propia opinión pero que no puedes ignorar los hechos- aunque no existen necesariamente respuestas correctas. Puedes reconocer las incorrectas cuando las ves. Pero también, cuando estás tratando con los jugadores cercanos a la punta del ranking, por lo general, puedes construir cualquier argumento y hacerlo persuasivo.

En cierta forma, es uno de los aspectos que distingue a este deporte de los demás. En realidad no existen muchas estadísticas objetivas. Los números son pocos y llegan a cuentagotas: en realidad son solo goles y asistencias, al menos para aquellos que viven fuera de la burbuja analítica.

Es un esfuerzo colectivo. Es posible contar el número de veces que Chrissie Evert le ganó a Martina Navratilova y viceversa, pero en el futbol nunca será David de Gea contra Manuel Neuer. Hay otros veinte individuos en la cancha, por no hablar de que estos individuos juegan con distintos compañeros de equipo contra distintos estándares de adversarios. Y el hecho es que, no se puede saber con certeza.

¿Anotaría Robert Lewandowski más o menos goles si jugara con el Dijon en lugar del Bayern? Es posible argumentar a favor de cualquiera de las dos. Estaría jugando en una liga supuestamente más débil. Por otro lado, tendría compañeros de equipo considerablemente inferiores y estaría en un equipo que ataca mucho menos.

Es difícil omitir estos factores, aunque algunos lo intentan. Y así procedemos a la "prueba ocular".

Si visitas con frecuencia este sitio web y vives en un lugar con electricidad o conexión a internet, probablemente en algún momento hayas visto a los cien jugadores incluidos en esta lista. El problema aquí es, también, que la información que recibes es imperfecta. Aunque fueras un aficionado obsesionado viviendo en un sótano, viendo Wyscout todo el día todos los días, te perderías de bastantes cosas, suponiendo que dedicas un número razonable de horas del día a dormir, aseo personal y alimentos.

E incluso si tuvieras una cocina y baño forrado con monitores, y sobrevivieras con cuatro horas de sueño por la noche, sólo estarías viendo la televisión. Que, cuando se trata de evaluar a los jugadores, sigue siendo un poco como ver un partido de futbol a través de un agujero en la pared: verlos en vivo no tiene reemplazo.

Lo cierto es que la gran mayoría de nosotros ve, a lo sumo, un par de juegos en vivo a la semana y tal vez otra docena por televisión. Y eso es llegando al límite en el curso de siete días. El resto lo obtenemos a través de los resúmenes de los partidos y, honestamente, estos nos dicen nada o muy poco acerca de los defensas y los centrocampistas, mientras que distorsionan lo que lo porteros y los delanteros hacen.

Pero no pasa nada. De hecho, de alguna forma, ahí radica su belleza. Podemos olvidarnos de la ciencia aquí, y en cambio reconocer (y aceptar) que las emociones y los gustos personales desempeñan un papel protagonista.

Tenemos a nuestros favoritos y cómo se convierten en nuestros favoritos varía de un fan a otro. Además están los jugadores que simplemente no nos gustan. Algunos de nosotros valoramos la técnica por sobre todo lo demás. Otros codician el desempeño atlético. Algunos prefieren la consistencia. Otros buscan momentos efímeros de magia.

Todos tenemos nuestros puntos de referencia, todos tenemos nuestros prejuicios. Nuestro conocimiento es imperfecto. Y esto es lo que hace que este ejercicio valga la pena.

No es sólo que nuestra información es mucho más limitada de lo que nos gustaría (o necesitamos); simplemente cada uno de nosotros evaluamos esta información de manera distinta. El significado de grandeza cambia según de quien se trate. En cierto modo, cuando elaboramos nuestra versión personal de estas listas, a menudo dice más sobre nosotros que de los nombres que aparecen en el papel o la pantalla.

Puedes elegir leer estas listas y molestarte porque alguien está en el número 9 en lugar del número 5. Puedes detectar predisposiciones y prejuicios, y tratos preferenciales y, tal vez estés en lo correcto, porque todos somos seres humanos y tenemos que vivir con esto todos los días. Puedes lamentar la necesidad de clasificar, separar y segregar, en lugar de simplemente apreciar la grandeza en todas sus formas.

O hacer algo un poco más productivo. Puedes hacer tu propia lista y, quizá, compararla con la de algún amigo. O incluso sostener una conversación al respecto.

Y tal vez sea divertido, como cuando te divertías de niño.