Entre Rafa Márquez y Estados Unidos ya todo es personal

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Hoy, como el Káiser de una nueva generación de futbolistas, Márquez deberá de inculcar el furor en la cancha, la intensidad, pero también la cautela


LOS ÁNGELES -- Entre Rafa Márquez y Estados Unidos sí hay algo personal. Todo es personal. Por eso, sin duda, el técnico de la Selección Mexicana reservó a su mejor regimiento para este sábado en Glendale, Arizona.

Porque además el camino sinuoso del Tri hacia el Mundial 2030 puede verse atiborrado de este tipo de zafarranchos, mayoritariamente con sede en Estados Unidos, donde, queda claro, México juega como local. Sí, es su patio trasero de andanzas futboleras. Claro, a veces –muchas-- se ha caído del columpio.

1.- Podrían enfrentarse en la Concacaf Nations League y en la Copa Oro de 2027 y de 2029.

2.- Podrían cruzarse en la Copa América 2028, a la cual acudirán las 10 selecciones de Conmebol y seis por Concacaf.

3.- Eliminatorias rumbo a la Copa del Mundo 2030.

4.- Un amistoso anual que se ha pactado entre US Soccer y la Federación Mexicana de Futbol, como en la época en que lo negociaron Sunil Gulatti y Justino Compeán.

Para este próximo amistoso –que poco suele tener de ello--, México llega con dos empates a un gol (Colombia y Perú). Estados Unidos tiene una contabilidad festiva: le hizo cuatro a Perú y otros cuatro a Chile.

Mauricio Pochettino también ha administrado sus rotaciones. Aunque él no entiende el trasfondo de estos enfrentamientos. Alguien debería regalarle un ejemplar de Vecinos Distantes de Alan Riding. Tal vez entienda lo que Gerardo Martino nunca entendió: acá las Malvinas son de 2.4 millones de kilómetros cuadrados. Una proporción de uno a 195 veces de territorio. Nada más.

Márquez vs USA

Pero, más allá de ese universo geopolítico, en la cancha, Rafa Márquez ha sufrido en el universo deportivo. Dos de sus expulsiones más lamentables ocurrieron ante Estados Unidos. La más dantesca, aquel brutal cabezazo el 17 de junio de 2002 (minuto 88), cuando la cabeza del Tri ya rodaba por el suelo de la paradisiaca y gastronómica ciudad de Jeonju, por epitafio de 2-0.

Márquez pepena su frentazo en el parietal izquierdo de Cobi Jones. Se llevó cuatro partidos de castigo. Posteriormente, el hoy técnico del Tri dijo que no se arrepentía de esa acción.

En la época sombría del “Dousacerou”, de ese estigmatizante 2-0, y en la fosa común de Columbus, de nuevo Rafa Márquez vive otra aparatosa agresión el 11 de noviembre de 2009. Al minuto 44, EEUU ganaba 1-0. El portero Tim Howard se queda con un balón por alto y el Káiser lo embiste con una doble plancha. Roja y dos de suspensión. Howard encasilló la agresión como situaciones del partido y de una rivalidad. Rafa Márquez ofreció disculpas... pero sólo a su país y a sus aficionados.

Con el cencerro estruendoso y bajo el yugo del 2-0, la revancha deportiva llegaría para Rafa Márquez y el Tri, con un partido casi perfecto, de altísima intensidad, y en Columbus, donde había varios esqueletos tricolores enterrados.

El 11 de noviembre de 2016, con goles de Miguel Layún y el Káiser, se dio por terminada la hegemonía estadounidense (2-1), la cual resucitó durante el infausto proceso del calamitoso Tata Martino, quien perdió dos finales (Nations League y Copa Oro) y regresó a la rutina fatídica del “Dousacerou”.

Hoy, como el Káiser de una nueva generación de futbolistas, y otros que empiezan a llenar formularios del geriátrico, Márquez deberá de inculcar el furor en la cancha, la intensidad, pero también la cautela. Aquellas dos expulsiones afectaron al Tri. Pundonor y vehemencia pueden coquetear con la dureza y la rudeza, sin necesidad de arrostrar —ni arrastrar-- una roja ignominiosa.

Claro, también podría citarse el “affaire” con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Rafa Márquez fue exonerado totalmente, pero se quedó esperando la caballerosa, necesaria, precisa y generosa disculpa. Ni un “a’i disculpe usté’”

Por todo ello, este enfrentamiento entre México y Estados Unidos, como un prolegómeno –casi—intrascendente por ser amistoso, antes de la decena de posibles enfrentamientos a futuro, es un magnífico sinodal de sensaciones plurales y circunstancias versátiles, para desglosar la muñeca de almirante de Rafa Márquez.

Ya no es el hombre de la bayoneta. Es el hombre de la batuta.

Bien podría rememorar el trozo de poema de William Ernest Henley, que durante 27 años mantuvo vivo, en cautiverio, a Nelson Mandela: “Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino/ ni cuántos castigos lleve a mi espalda:/soy el amo de mi destino,/soy el capitán de mi alma”. Y en ese espíritu fragmentado, pulverizado, hay 142 millones de –entre ilusos e ilusionados—mexicanos.

Algo es seguro, porque reiteradamente lo dijo el hoy entrenador de la Selección Mexicana: “Ante Estados Unidos no se debe perder”. Y menos en territorio de Arizona, donde siendo visitante, jugará de local.