Gianni Infantino, presidente de la FIFA, pretende vender participaciones de las Copas del Mundo a inversionistas privados.
LOS ÁNGELES -- Los oligarcas se apoderan del más humilde –en esencia—deporte de la humanidad: el futbol. Gianni Infantino maquina ya la expropiación y el secuestro del futbol. Todo empezó con un balón y dos botes.
Hoy tiene aroma de Wall Street y Bolsa de Valores.
El diario inglés The Times destapó la confabulación o contubernio para que el futbol –y su esencia purista, sentimental y genuina– sea vendido en retazos ante los planes de Infantino con sus diferentes socios de altísimo poder financiero en el mundo.
En alianza con socios comerciales del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en especial Joshua Kushner (hermano de Jared, yerno de Trump), Infantino formará la empresa FIFA Forward Enterprise (FFE), para a través de ella controlar los derechos comerciales de las Copas del Mundo y los Mundiales de Clubes.
La empresa FFE arrancaría –según la información de The Times—valuada en 20 mil millones de dólares, de los cuales un 20% se distribuiría entre las 211 federaciones afiliadas a la FIFA.
Inicialmente, Infantino garantizaría un bono o incentivo de 20 millones de dólares a cada federación y esa cantidad se incrementaría progresivamente en dos millones de dólares cada cuatro años. Esa cifra no sería negociable ni ajustable conforme a las ganancias que eventualmente vaya dejando cada torneo mundialista.
A través de este nuevo cargo como CEO del corporativo FFE, Infantino pasaría a tener ingresos de 6 millones de dólares a 64 millones de dólares por año, según las estimaciones de expertos financieros consultados por The Times.
Todo esto como parte de una piedra angular: la ampliación a 64 selecciones nacionales para la Copa del Mundo 2030.
Queda claro que con el Mundial 2026 como referencia, Infantino trata de consolidar un proyecto de expansión del futbol a través de empresas satélites que ya desde 2018 contemplaba Gianni Infantino. Sólo necesitaba socios poderosos, sólidos e intocables, para consumar su sueño.
Entre los interesados directos, además de la empresa de Kushner (Thrive Eternal), aparecen J. P. Morgan, Apollo Sports, BANN Ventures (Greg Maffei), OpenEconomics, además de capital directo vinculado a donantes de la USSoccer.
Este potencial “nuevo orden del futbol mundial” que plantea Infantino ocasionaría caos y desorden en los calendarios futbolísticos, sistemas de competencia, ligas locales y, obviamente, incrementaría el desgaste físico y emocional de los futbolistas.
Obviamente, estos cambios implicarían que las federaciones de futbol perdieran el control absoluto de competencias y sería el equivalente a la SúperLiga que pretendía encabezar el Real Madrid, sólo que sería a nivel de selecciones nacionales y tentativamente se alterarían dramáticamente los procesos eliminatorios.
¿Lo conseguirán Infantino y sus socios? Recuérdese que cada equipo participante en el Mundial 2026, por el solo hecho de clasificarse, recibió 8 millones de dólares. Esa oferta de 20 mdd para cada federación despertará la codicia en países de poco impacto y salud futbolística, que de ninguna manera pueden tener acceso a semejantes cifras.
La UEFA, por ejemplo, se ha levantado en armas contra las pretensiones de Infantino, pero sabe que, de sus 55 federaciones afiliadas, no todas se mostrarán leales ante semejante suma de dinero. Hay conciencias que son más baratas incluso que esos 20mdd. Lo mismo ocurrirá en algunos países de África, Concacaf, Sudamérica, Asia y Oceanía.
Es, pues, la viejísima estrategia de canjear voluntades, de seducir espíritus a cambio de un sándwich y un refresco, aunque aquí serían muchos sándwiches y muchos refrescos. Es simple, pan y circo para los hambrientos y en las 211 federaciones, seguramente más de la mitad extenderán la mano y abrirán la boca.
Y no deberá verse como un soborno, técnica y legalmente, porque será dinero entregado públicamente con acuse de recibo.
Y aunque la voracidad de muchas federaciones o la esperanza de alcanzar prebendas de otro tipo (patrocinios, transmisiones, privilegios deportivos, puestos de control en FIFA y en FFE) podrían fortalecer el movimiento de Infantino, el último bastión podrían ser los futbolistas.
Sobre la UEFA, por lo pronto, se asegura que boicotearía el Mundial 2030, aunque las sedes, España y Portugal, no se han manifestado. También se dice que los clubes europeos se negarían a ceder futbolistas a sus selecciones nacionales y para ello tramitarían un amparo universal ante el TAS. Nada oficial.
Ya la FIFPRO (Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales) ha interpuesto –sin éxito—demandas ante FIFA y UEFA por el esclavizante calendario de juegos, pues muchas de sus figuras libran, eventualmente, entre 75 y 85 partidos por año, provocando un agobio físico y mental.
De hecho, esta agrupación de futbolistas ha hablado de huelgas por naciones, por federaciones y confederaciones, pero la realidad es que hasta el momento todo ha quedado en amenazas.
Y por supuesto, si FIFPRO se niega, no faltará la federación que recurra a esquiroles para armar un representativo de poca calidad para tratar de ir detrás del millonario bocadillo.
Infantino tiene como respaldo ante federaciones el éxito económico de dos de sus competencias estelares: el Mundial de Clubes y el Mundial 2026, para el cual contó, en detalles financieros, con el apoyo de socios comerciales y políticos de Trump.
En ese contexto, aparte de Thrive Eternal, aparece la injerencia de Liberty Media, empresa que transformó radicalmente el modelo económico de la Fórmula 1 para convertirlo en un negocio más poderoso y universal.
Además, conforme a The Times y otros medios, Infantino cuenta con el respaldo de los Fondos Soberanos de Medio Oriente con un capital dinámico de cerca de cinco billones de dólares (trillones en términos de economía estadounidense), a través principalmente del Eje Saudí, que dispone de 1.21 billones de dólares, a través del PIF (Public Investment Fund).y el Saudí Central Bank (SAMA), por ejemplo, contabiliza 442 mil millones de dólares.
Como referencia de estas alianzas, entre el PIF, Affinity Partners (Kushner) y Silver Lake invirtieron 55 mil millones de dólares en la compra de EA (Electronic Arts), es decir los desarrolladores por excelencia de los juegos electrónicos de futbol.
¿Habrá algún Quijote capaz de desafiar a semejantes molinos multimillonarios ya con exitosos vínculos financieros? Un Quijote que vea al futbol como su Dulcinea.
Una frase histórica y mexicanísima nos da un contexto del poder del soborno. “Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”, dijo el General Álvaro Obregón (1923) y se dio a la tarea de demostrarlo con todo éxito: sobornos masivos a rebeldes y disidentes y, de esa manera, consolidó un poder central y fortalecer la figura presidencial.
A ver quién para al general “Álvaro Infantino” y su cañonazo de 20 mil millones de dólares.
El Mundial 2026 tuvo 56 mil millones de espectadores a lo largo del torneo. A todos ellos, de distintas razas, género, religión, idioma, les pretende hurtar su única pasión y su único dialecto común: el futbol.
