Carlo Ancelotti, el elegido para recuperar la fiesta de Brasil en el Mundial 2026

A muchos de los que vieron fútbol en distintas partes del mundo no se les escapa una noción: Europa podrá tener el glamour, la infraestructura y sobre todo el dinero, pero la pasión que se encuentra en Sudamérica es irremplazable. Con lo bueno y lo malo que eso implica. Por eso Carlo Ancelotti, uno que ya probó todos los sabores del triunfo a nivel de clubes en su continente natal, decidió al borde de los 70 años tener esa experiencia distinta que sólo puede conseguirse en este lado del mundo. Ese hombre, que desde que era volante de Milan y la Azzurra disfruta de llevar camisetas pesadas, intentará devolverle la fiesta a un Brasil que de 2002 hasta hoy se acostumbró a ver las definiciones desde lejos. Demasiado tiempo para un país en el que el fútbol se parece mucho a una religión y que no está dispuesto a sumar una nueva frustración en el Mundial 2026.

Las cinco Champions que Ancelotti consiguió como DT entre Milan y Real Madrid lo transformaron en un sinónimo de éxito en el fútbol. Claro que cuando la vara se pone tan alta es difícil mantenerse, y así fue como en mayo de 2025, al cabo de una temporada sin festejos, se agotó su segundo ciclo en la Casa Blanca. Se despidió con el récord de títulos en el club (15), a los que habría que sumar los 17 que obtuvo entre Juventus, Milan, Chelsea, PSG y Bayern Munich. Poco después de aquella salida del Merengue, en un momento de la carrera en el que algunos buscan alejarse de la adrenalina, él decidió dar un doble salto iniciático al asumir en Brasil: por primera vez, a cargo de un seleccionado; por primera vez, en Sudamérica.

Las razones de Ancelotti para asumir en Brasil

“Brasil me sigue desde hace mucho tiempo, el primer contacto lo empezamos hace dos años. Creo que entrenar a Brasil es un orgullo. Todos saben que es el seleccionado con más historia del fútbol. Lo hago con mucha ilusión y espero que todo pueda salir bien”, comentó Ancelotti al sitio oficial de la Conmebol sobre su decisión, que algunos desde la placidez de Europa miraron con cierta extrañeza.

Acostumbrado a manejar los egos de un vestuario con nombres pesados como el de Real Madrid -y recientemente se pudo comprobar hasta qué punto se puede desmadrar todo cuando no hay un administrador a la altura de las circunstancias-, Ancelotti se siente con las uñas de guitarrero necesarias como para alinear al plantel de Brasil en pos del inmenso desafío que se viene.

En una carrera tan extensa como la suya, sumará una experiencia nueva al entrenar por primera vez en una Copa del Mundo. Antes fue parte del torneo, sí, pero como futbolista para Italia: en 1986, cuando defendía el título y cayó en octavos de final contra Francia; y en 1990, como local, ocasión en la que la Argentina de Maradona y Caniggia cortó en semifinales el camino de un equipo que se sentía destinado al título.

Brasil, un gigante necesitado en la Copa del Mundo

Desde que se llevó el primer título, en 1958, Brasil se acostumbró a cierta periodicidad en los festejos grandes. Algo que no se dio entre 1970 y 1994, cuando estuvo 24 años sin alzar la copa más deseada. Esa marca se va a superar si no consigue coronarse en 2026. Con un agravante: desde que se consagró en 2002, ya no jugó ninguna final y sólo alcanzó las semis como local en 2014, cuando sufrió el histórico 7-1 contra Alemania. Esa sequía impulsó a los dirigentes a buscar más allá de las fronteras la receta para volver al camino ganador, que Brasil supo recorrer como ningún otro seleccionado en la historia de las Copas del Mundo.

Fue hace cerca de seis décadas la última ocasión en que Brasil tuvo en su banco de suplentes a un entrenador extranjero. Desde que en 1965 el argentino Filpo Núñez, un personaje particular que en Argentina dirigió a Vélez y a Atlanta entre otros equipos, se puso por un partido el buzo de DT, corrió mucha agua bajo el puente.

Una estadística le juega en contra a Ancelotti: hasta ahora ningún entrenador pudo consagrarse campeón con un seleccionado que no fuera el de su país natal. Los que estuvieron más cerca fueron el inglés George Raynor, que llevó a Suecia a su única final en 1958 pero cayó 5-2 frente al Brasil de Pelé, y el austríaco Ernst Happel, que en 1978 dirigió a Países Bajos y en el encuentro decisivo perdió 3-1 contra Argentina. Dato al pasar: Happel tiene en común con Ancelotti el haber ganado en su momento la Copa de Europa con dos clubes distintos, que en su caso fueron Feyenoord (1970) y Hamburgo (1982).

El factor Vinicius, clave para Brasil

“Gracias, míster. Por tanto. ERES EL MEJOR”. Cuando se confirmó el nombramiento de Ancelotti en Brasil, el reconocimiento de Vinicius en las redes sociales fue una de las primeras repercusiones públicas. Para él era a la vez un adiós y una bienvenida. El italiano dejaba de ser su entrenador en Real Madrid y en cambio pasaba a serlo en el seleccionado.

El DT marcó poco después hasta qué punto necesita volver a contar con la mejor versión del delantero, que al día de hoy es la figura por excelencia de Brasil. “Un jugador tiene que respetar al entrenador, a los compañeros. Él ha mejorado mucho su actitud en el campo”, explicó Ancelotti, aunque a la vez acotó: “El Vini que viene aquí es muy distinto al del Real Madrid a nivel humano”.

Pocas veces se vio recientemente en el fútbol un crecimiento de un futbolista tan marcado como el que tuvo Vinicius en Real Madrid con la llegada de Ancelotti. El delantero brasileño fue fundamental en los últimos éxitos de la Casa Blanca, algo que a la vez marcaba el contraste con la irregularidad que mostraba cuando se ponía la camiseta de Brasil. Contextos diferentes, rendimientos diferentes. Está claro, a fin de cuentas, que si la verdeamarela vuelve al sendero de la gloria será en buena medida porque el entrenador volvió a llevar a su máximo potencial al delantero. Que, cuando está en ese nivel, es uno de los jugadores más desequilibrantes del mundo.

Ilusión renovada de cara al Mundial 2026

La goleada 6-2 en un amistoso ante Panamá volvió a poner bien alta la expectativa de los hinchas brasileños, especialistas en tomar cualquier chispa para encender fuegos de ilusiones. La verdadera acción en el grupo C comenzará con los partidos ante Marruecos (13/6). Luego serán Haití (19/6) y Escocia (24/6).

Como antes de cada Copa del Mundo, la verdeamarela acapara buena parte de las miradas. En Brasil quieren cantar, como Caetano Veloso en O Samba e o Tango, que “llegó la hora”. Se ilusionan con que en este Mundial 2026, de la mano de Ancelotti, un técnico con conocimiento probado, se terminarán las tristezas. Aunque esta vez, en la tierra del que sienten que es el mejor fútbol del mundo, haya habido que apelar a un sabio que estaba del otro lado del Atlántico.