Gerardo Martino no es el único entrenador de una selección nacional que pasa semanas o meses en los que aparentemente no hace nada.
Una de las particularidades de dirigir al combinado de un país es que existen periodos prolongados en los que el cuerpo técnico se dedica a observar futbolistas —en los estadios o a distancia—, darles seguimiento, quizá establecer cierto contacto con ellos para conocer sus sensaciones del momento, y poco más.
El drama injustificado y la polémica barata que se suscitaron porque el ‘Tata’ está en Argentina y asistió a un partido de la liga local en lugar de “estar al pendiente” de los futbolistas aztecas, es un sinsentido.
En más de tres años de proceso, para bien o para mal, el entrenador ya forjó una base de jugadores y en lo absoluto es proclive a revolucionar a la Selección en sus convocatorias… Y tampoco es como que haya 20 caras nuevas que están haciendo méritos para subirse al barco mundialista de último momento.
A cuatro meses de la Copa del Mundo —y desde mucho antes— es un hecho que de la lista de 26 futbolistas que irán a Qatar, ya debe tener a 23 o 24, sin duda. Entonces, desgarrase las vestiduras porque son sus auxiliares los que le están dando seguimiento a los ‘convocables’ y no él, sencillamente es perder el tiempo.
AQUÍ, SÍ
Durante un año y medio, Gerardo Martino y los jugadores de la Selección han dado elementos de sobra para la crítica, pues el equipo cayó en un pozo del que a la fecha no sale: no muestra una idea de juego, ha carecido hasta de ambición, y ya ni hablar de la pobreza en defensa y ataque.
Eso sí que es cuestionable, y al ser la cabeza del Tricolor, los señalamientos recaen en el ‘Tata’, que ha perdido la brújula, no es autocrítico, se mantiene reacio a modificar tanto su esquema de juego como las convocatorias, y lo más delicado: no fomenta la competencia interna del grupo, pues está ‘casado’ con algunos futbolistas con todo y que no viven —desde hace mucho— un buen momento. Jesús Gallardo, Héctor Moreno, Andrés Guardado y Héctor Herrera, por mencionar solo algunos casos.
Así las cosas, desde luego que en los últimos 18 meses hay argumentos suficientes como para que los directivos se hubieran cuestionado la continuidad del argentino, pero ni Gerardo Torrado en su momento (ahora exdirector de Selecciones Nacionales), ni Yon de Luisa, quisieron advertir la amenaza de un posible desastre en Qatar.
El Tricolor asistirá al Mundial con la esperanza de modificar de forma abrupta en la máxima justa una tendencia negativa, con el enorme riesgo de que esta vez aquella leyenda de que “México se crece ante los grandes” no haga acto de presencia.
Que Martino sea juzgado, sí, hoy y después de la Copa del Mundo, pero nunca por una simple fotografía que motive al drama y rebaje hasta el piso el nivel del debate.
