A Zinedine Zidane lo respaldan 10 títulos como entrenador del Real Madrid (1 Liga, 3 Champions, 2 Supercopas de Europa, 2 Mundiales de Clubes y 2 Supercopas de España), y pese a ello, en ocasiones se pone en duda su capacidad como estratega.
El propio francés ha reconocido que no se considera un ‘revolucionario’ de la dirección técnica y que varios de sus colegas le llevan ventaja en ese sentido; sin embargo, lo que ‘Zizou’ no dice pero resulta evidente, es que se trata de un gran gestor del factor humano.
El mejor ejemplo de ello fue que en el tiempo que dirigió a Cristiano Ronaldo, lo convenció de que no podía jugar siempre y le dosificó la actividad para tenerlo a punto en el cierre de las temporadas, con los resultados ya conocidos: tres Champions League consecutivas, por mencionar solo una referencia.
Ahora, una nómina multimillonaria es imposible que no tenga egos ni genere problemas, más allá de que cuente con un gran conciliador como cabeza.
Gareth Bale no es feliz en el Real Madrid, entre muchos otros factores, porque no tiene el protagonismo que desearía. James Rodríguez acusó en su momento tener una nula relación con el entrenador, y Dani Ceballos se fue del club en busca de minutos, por solo citar algunos casos.
Y en la actual plantilla de nuevo Zidane tiene la disyuntiva: ¿quién debe jugar?, ¿a quién manda a la banca?, sobre todo de mediocampo hacia el frente, pues en defensa está más claro el panorama, salvo la lateral izquierda en la que Mendy parece que ya le arrebató la titularidad nada menos que a Marcelo, un histórico del club.
En mediocampo están el indiscutible Casemiro, más el resto: Modric, Kroos, Valverde, Isco, Lucas Vázquez, Ascensio (lesionado), James y Brahim Díaz, solo por mencionar a parte de la baraja.
La oferta en ofensiva no es menor con el referente Benzema, el fichaje estrella Hazard, la promesa Jovic, los irrevententes brasileños Vinicius y Rodrigo, Bale, y hasta Mariano.
Un club de la prosapia del Madrid está obligado a pelear por ganarlo todo y eso justifica una plantilla con jugadores de ese calibre, más allá de que esto suponga una encrucijada para su entrenador, que no pocas veces debe hacerse la misma pregunta: ¿quién debe jugar?
