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Cinco años sin Guardiola

BARCELONA -- Pep Guardiola, cuyo Manchester City disputará este sábado una auténtica final en la Premier frente al Crystal Palace por conseguir una plaza de Champions, se despidió del Camp Nou tal día como este 5 de mayo, hace cinco años.

Un derbi frente al Espanyol, solventado con un póker de goles de Leo Messi, significó el sentido adiós de Guardiola al estadio azulgrana, del que se despidió, tres horas después de concluido el partido, acompañado solamente de su familia, sin focos, sin luces y con “mucha añoranza”, tal como días después admitiría públicamente.

Ocho días antes, el 27 de abril y tras la eliminación frente al Chelsea en las semifinales de la Champions, el entrenador catalán había anunciado oficialmente ante los medios de comunicación su decisión de dejar el club tras cuatro temporadas al frente.

Argumentando su marcha en “el desgaste” y dando a entender en cierta forma un cansancio en las relaciones con el vestuario y un alejamiento manifiesto con los dirigentes, Pep cerró una etapa exuberante para el club.

Todo el mundo, sin excepción, dijo adiós a Guardiola con grandeza y agradecimiento. Messi, que celebró sus 50 goles en Liga aquella temporada, no dudó en acudir a la banda, frente al banquillo y a la vista de los 89 mil espectadores que poblaban las gradas, para abrazarse con su técnico, quien al final fue ovacionado por el público en general sin poder reprimir las lágrimas en una despedida emotiva como pocas se recuerdan.

Los medios de comunicación, todos, dijeron adiós a Pep al día siguiente con portadas de agradecimiento eterno y el club disfrutó de una paz (a pesar de perder la Liga frente al Real Madrid de Mourinho) idílica que se prolongó durante algunos meses.

Veinte días después ganó la final de Copa ante el Athletic en el Vicente Calderón y fue entonces cuando, de forma definitiva, manteado por los suyos, Guardiola cerró definitivamente su etapa en el Barça.

Fue al cabo de pocos meses, en cuanto comenzó la siguiente pretemporada ya con Tito Vilanova al frente del primer equipo, cuando comenzaron a filtrarse mensajes de reproche. El entrenador más laureado y posiblemente más querido de la historia moderna del Barça ya no era perfecto y empezó a ser tildado de enamorado del dinero por encima del club, de egoísta y de interesado.

“Me marcho porque si no nos haremos daño”, fue una de las frases con que argumentó su decisión de irse. Otra fue un aviso: “Cuando las cosas no vengan bien dadas quiero ver si se mantiene firme esta filosofía”… Que a la vista está en la pérdida de protagonismo del fútbol base no se ha continuado.

Aquel 5 de mayo de 2012 el Barcelona alineó frente al Espanyol a siete canteranos que fueron diez con los cambios. Y eso que no jugó Piqué. De todos ellos solamente tres (Busquets, Iniesta y Messi) siguen en la plantilla (junto a Piqué) y se mantienen como la columna vertebral de un vestuario que podría decirse solamente ha catapultado al plano a un Sergi Roberto al que, precisamente, puso en el escenario Guardiola.

En cinco años, desde que Guardiola dejó el Barça, este es el cambio que él avisó y que tanto se contempla.