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Messi, el dueño indiscutido de la número "10" del Barcelona

BARCELONA -- Leo Messi cumplió ocho años como líder futbolístico del Barcelona este miércoles. Un tres de agosto, de 2008, el club azulgrana dio a conocer a la UEFA la lista de dorsales para la disputa de la previa de Champions, que también iban a ser para la Liga, y en esa relación el ‘10’ pasaba a ser propiedad de Leo Messi. Del 30 al 19… Y después, por fin, el 10.

Sin necesidad de reclamarlo, sin que diera a conocer sus gustos, sin tener que hablar con nadie. Guardiola, como todo el barcelonismo en aquel momento, sabía, entendía, que nadie más que él podía llevar el dorsal reservado a los héroes.

“Me gustaría que mi número lo heredase Leo” afirmó a modo de despedida Ronaldinho, quien después de cinco temporadas abandonaba el Camp Nou con destino al Milan. “Es tuyo” le susurró Guardiola cuando sentenció la marcha del Gaúcho y de Deco. El entrenador catalán, que se estrenaba también en el cargo tras una temporada en el filial, le regaló de entrada a Messi su permiso para que participase en los Juegos Olímpicos de Pekín, acabando de sopetón con la polémica creada alrededor de ese asunto que amenazaba con romper la armonía entre Leo, el club y la Asociación del Fútbol Argentino.

Así de rápido, así de fácil, se ganó Guardiola a Messi para la causa en aquel verano de 2008, cuando todo comenzó a cambiar en un club condenado a la depresión y al que bastó un simple mensaje de autoestima para disparar el cambio.

“Ya eres el 10” le dijo Joan Laporta a Leo por teléfono, llamándole a la Universidad Mercantil de Shanghai, donde se preparaba la selección olímpica argentina, con Riquelme liderando espiritualmente al equipo que acabaría conquistando el oro bajo la fortaleza futbolística de quien estaba ya llamado a ser el nuevo crack en azulgrana.

DE HEREDERO… A DUEÑO

Messi tomó de esta manera el ‘10’ que durante 207 partidos había lucido en los cinco cursos anteriores Ronaldinho, la primera gran estrella del proyecto iniciado por Laporta en el verano de 2003, y se convirtió en el segundo argentino con dorsal personalizado, después de la corta, convulsa y descorazonadora etapa de Riquelme. Cuéllar, Litmanen, Giovanni Silva y Rivaldo habían sido los predecesores desde que en 1995 la normativa impuso las camisetas personalizadas, aunque desde hacía muchos años la memoria colectiva del barcelonismo mantenía aquella breve imagen de un ‘10’ por encima de todos: Diego Armando Maradona.

El Pelusa solamente disputó 58 partidos con el Barcelona entre 1982 y 1984. Aunque su figura no figure con letras de oro en la historia del club, aquel ‘10’ en la zamarra seguía, incluso sigue, en el recuerdo del Camp Nou.

Si Laporta fue quien en 2003 decidió en primera persona que el ‘10’ fuera para Ronaldinho, Guardiola le dio el relevo sin discutir con nadie del club a Messi. Mientras Leo esperaba, y se desesperaba, por conocer si obtendría el permiso deseado para acudir a los Juegos Olímpicos, Pep se lo llevó a un rincón y en un instante le convirtió en el nuevo jefe del equipo.

Se marchó a China sabiendo cual era la filosofía del nuevo entrenador, escuchando una sentencia, “cultura del esfuerzo”, que quedaría marcada alrededor de aquel Barça y consciente de su nuevo papel en el terreno de juego. Todo eso lo sabía Messi aquel tres de agosto de 2008, cuando en Shanghai conoció oficialmente lo que ya sabía y esperaba todo el barcelonismo.

El número 10, hoy, no es de Messi. Mucho más simple, el 10 es Messi.