BUENOS AIRES -- Carlos Páez Rodríguez es hijo del fallecido artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, pero en el mundo no es conocido por ese dato sino por uno que lo tuvo como protagonista a los 18 años, cuando se convirtió en uno de los 16 sobrevivientes de la denominada "Tragedia de los Andes" en la que un avión que transportaba a un grupo de rugbiers del club oriental Old Christians cayó en plena cordillera dejando 29 muertos al cabo de 72 días de sufrimientos en las altas cumbres, una experiencia que él pretende escuchar de quienes lograron salir vivos del trágico accidente aéreo similar en Colombia: los futbolistas del club Chapecoense, de Brasil.
"Cuando a uno le pasan estas cosas se identifica más con los sobrevivientes. Me desperté a las 5 de la mañana con esta noticia y estoy deseando hablar con algunos de los que están con vida para saber que sintieron", le confesó Páez Rodríguez a Télam desde Montevideo.
"Y también pienso en sus familias y las de aquellos que murieron, por todo el sufrimiento que deben estar atravesando", amplió quien, a los 63 años, es conocido en Montevideo como Carlitos, tanto para individualizarlo respecto de su padre como para incluirlo dentro del recoleto ámbito de la alta sociedad uruguaya a la que perteneció desde su nacimiento.
El vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que transportaba a la delegación de jóvenes rugbiers de Old Christians hacia Santiago para disputar un encuentro internacional terminó destrozado contra la cordillera el 13 de octubre de 1972, y el rescate de 16 de los 45 ocupantes de la nave se produjo recién el 22 de diciembre de ese año, cuando los cadáveres sirvieron de alimento para la supervivencia de Páez Rodríguez, Fernando Parrado, Roberto Canessa y 13 compañeros más.
Justamente Parrado y Canessa abandonaron la nave destruida donde quedaron sepultados los muertos y refugiados los vivos para ir en busca de ayuda cuando ya las posibilidades de sobrevida se volvían una quimera para todos, y tuvieron la suerte de encontrarse cerca del límite con la provincia argentina de Mendoza con el arriero Sergio Catalán, quien dio aviso a un regimiento de carabineros para que los rescataran.
Precisamente Télam llegó el año pasado hasta el pueblito cordillerano de San Fernando donde a los 89 años sigue viviendo y pastando oveja Catalán y logró su testimonio, coincidente en un punto preciso con el de Páez Rodríguez.
"Todos los años, para el 12 de octubre, el día en que estaba pactado el partido, los muchachos vienen desde Uruguay para jugar aquí, y todos me llaman papá, porque dicen que el día que los encontré ellos nacieron de nuevo", reveló Catalán.
"Esa historia nos convirtió en famosos sin quererlo. Tres películas, 23 libros sobre el tema, 102 conferencias que ofrecí solamente el año pasado por todo el mundo: Es de Steven Spielberg. Pero para nosotros el accidente concluyó muy rápido, porque se convirtió en una historia de mucho glamour", indicó Páez Rodríguez.
"Es que a los 18 años ser famoso es bastante divertido porque todo el mundo te conoce. Pero el día que me ponga a llorar no paro más. Yo tenía niñera, desayuno en la cama y ni siquiera fui boy scout, pero sobreviví sin saber ni tener noción de como lo hice. Fue la historia más grande de supervivencia de todos los tiempos. Algo extraordinario, protagonizado por gente común", argumentó.
Pero Carlitos tiene una teoría que hubiera cerrado el camino de la épica. "Si en aquel entonces había celulares, nos encontraban a los dos días. Por eso las empresas quieren contar ahora nuestra historia como un ejemplo de superación. Yo creo que cada cual tiene su propia cordillera. Y uno disfraza eso, porque convivir con 29 muertos durante 72 días no es sencillo", remarcó.
Hoy Carlos Páez Rodríguez muestra su vida a través de la página carlitospaez.com de la que se siente muy orgulloso. La vida le dio otra oportunidad y el supo aprovecharla. Por eso quiere transmitirle esta historia a algún jugador de Chapecoense que quiera escucharla, para compartir una tragedia que solamente ellos quizás estén en condiciones de comprender, y aceptar.
