La ilusión golpeada. El llanto de algunos jugadores de Nacional fue la clara muestra del dolor que significó la eliminación de la CONMEBOL Libertadores.
Nacional terminó la Copa de pie. Peleó el partido. Hizo un gran esfuerzo en los dos encuentros. El técnico Álvaro Gutiérrez hizo lo que pudo con lo que le quedaba para pelear. Jugó de igual a igual en una serie que muchos daban como un paseo de salud para el equipo argentino.
Es que, mientras Boca se reforzó incorporando nada más ni nada menos que a Edinson Cavani, Nacional se desarmó y perdió a tres titulares antes del inicio de los octavos de final de la Copa.
A poco de empezar el cruce con Boca Juniors los tricolores se quedaron sin el zaguero titular Fabián Noguera y poco antes al golero Sergio Rochet y al lateral Camilo Cándido. A ellos se sumó el hecho de que Gastón Pereiro regresó a Italia.
Bajo esas perspectivas es difícil competir como lo asumió el propio entrenador Álvaro Gutiérrez en la conferencia de prensa: “Es evidente que lamentablemente no tenemos los equipos del fútbol uruguayo la capacidad económica que tienen otros mercados como el brasileño, el argentino, o el chileno, y estás expuesto a que te lleven jugadores. Y cuando querés contratar sos un mercado que no sos atractivo por el dinero que se maneja. Hay jugadores que se van y ganan 4 o 5 veces más de lo que ganan en Uruguay”.
Para colmo de males, dos de los tres jugadores incorporados se lesionaron como Gonzalo Carneiro y Franco Romero. Y el Chory Castro, que tiene 38 años de edad, se sumó tarde porque se demoró el acuerdo con River Plate.
Contra todos esos contratiempos, que significaron un verdadero obstáculo, debió luchar el entrenador tricolor que así y todo se las ingenió para disimular las carencias y llevar la serie a la definición por penales.
El resultado final golpea a Nacional y acaso queda el consuelo de la palabra que reiteraron tanto el técnico como el capitán Diego Polenta: “orgullo”.
