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¿Consigna contra el FC Barcelona?

Envolverse en el sospechosismo y seguir lamentándose no será la mejor manera de resolver este crucigrama continental

La reciente derrota del FC Barcelona en el Giuseppe Meazza ante el Internazionale Milano ha desatado la furia de no pocos aficionados blaugranas y no se diga del cuerpo técnico que encabeza Xavi Hernández. La palabra “robo” se ha utilizado sin descaro y el sospechosismo priva en la entidad catalana. Entiendo que las pasiones, más allá de mantenerse más que encendidas luego del tropezón en territorio lombardo, se han desbordado particularmente cuando se habla del trabajo arbitral en los primeros tres partidos que han celebrado en la presente temporada de la UEFA Champions League.

El desempeño del árbitro esloveno Slavko Vincic y el de los responsables del VAR en Milán ha sido severamente cuestionado por la omisión, sospechosa según los afectados, por una mano dentro del área del neerlandés Denzel Dumfries. El agravio se incrementa al percatarnos de que el responsable del VAR, el también tulipán Pol Van Boekel, es el mismo que estuvo en la derrota de los catalanes 2 a 0 ante el FC Bayern München en el Allianz Arena, partido en el que por cierto se pudo haber marcado un penal sobre Ousmane Dembélé, pero no fue así.

Por otro lado, el desempeño del Barca en LaLiga ha sido casi perfecto. Con seis victorias y un empate, en los que se han marcado 19 goles y encajado sólo uno, el liderato del fútbol español se viste hoy con los colores azul y grana con todo y que el Real Madrid cuenta con el mismo puntaje. El rostro que actualmente exhibe el equipo de la ciudad condal es notoriamente distinto al que ofrecía la temporada pasada. La llegada de Robert Lewandowski ha potenciado radicalmente su capacidad ofensiva y hoy por hoy, salvo Erling Braut Haaland, no hay otro delantero en Europa y en el mundo con la capacidad goleadora que sigue exhibiendo el polaco a pesar del poco tiempo vivido en España y los escasos partidos que ha jugado con su nuevo equipo.

Queda claro que las competencias caseras tienen poco o nada que ver con los torneos continentales, particularmente con la Champions. Sin embargo, los grandes equipos europeos están acostumbrados a adaptarse indistinta y casi instantáneamente a uno y otro a lo largo de la temporada. Hoy, éste no es el caso del Barcelona que se encuentra en una situación de grave riesgo si no consigue enderezar el camino justo ahora que se ha cumplido la primera parte de la fase de grupos. Una victoria, por goleada y como era de esperarse ante el Viktoria Plzen y dos derrotas, 2-0 contra el Bayern y la referida por 1 a 0 ante los nerazzurri, ponen en entredicho la clasificación culé a la fase de octavos de final, instancia a la que por muchas razones están obligados a jugar.

Más allá de que pareciera que el arbitraje les ha perjudicado, Xavi debería saber (y creo que lo tiene claro) que su equipo no ha estado a la altura de los rivales más fuertes de su grupo y que es tiempo de revertir inmediatamente los resultados. Se vienen dos partidos tremendos en casa ante aquellos que buscan relegarlo a la UEFA Europa League. No hay pretexto que valga para no exhibir sus mejores argumentos. El encuentro del próximo miércoles en el Camp Nou ante el Inter es una verdadera final. La derrota los dejaría virtual pero no matemáticamente eliminados del certamen. Por ello, la Diosa Fortuna tendría que sonreirle (casi a carcajadas) para que gane sus otros dos partidos, ante Bayern y el Plzen, con el objetivo puesto en superar a los bávaros por diferencia de goles y esperar, además, que los de Julian Nagelsmann pierdan sus tres partidos restantes, situación que luce casi imposible ante el óptimo desempeño que en la Champions (no así en Bundesliga) está exhibiendo el Rekordmeister.

Envolverse en el sospechosismo y seguir lamentándose que se marcó una mano previa de Ansu Fati en el gol de Pedri en el reciente juego ante los italianos, no será la mejor manera de resolver este crucigrama continental. Los jugadores y el propio Xavi deberán hacer un honesto análisis de todo aquello que han hecho y dejado de hacer hasta ahora. La rabia y el enojo producido por los errores de los árbitros y, sobre todo, de ellos mismos, deberán canalizarse inteligentemente para levantarse y conquistar su boleto a la fase de eliminación directa, obligación que es ineludible para este escudo que ha sido severamente maltratado en la Champions en los últimos años.