Kylian Mbappé marcó el viernes en Brest, en la tercera victoria consecutiva del PSG en el inicio de Liga francesa, y suma dos goles y una asistencia en las tres primeras jornadas. Celebró su gol con éxtasis en una imagen interpretada de felicidad en el club... Y se le vio cariacontecido cuando a diez minutos del final Pochettino solventó sustituirle por Di María. En una imagen, otra, interpretada en sentido contrario.
El lenguaje corporal sustituye, de momento, al de las palabras en Mbappé. Mientras todo el mundo a su alrededor ofrece discursos tan claros como poco definidos, el mercado de traspasos se encamina a su semana definitiva sin que nadie pueda sentenciar qué ocurrirá con el astro francés, a quien la llegada de Leo Messi a París ha apartado del primer plano de un escenario que quienes han tratado con él aseguran le gusta ocupar.
El PSG es, probablemente, el mayor club del mundo en cuanto a poder económico... Pero la sombra del Real Madrid de Florentino Pérez es alargada. Puede que el club merengue no alcance a competir financieramente con Qatar pero el Bernabéu y su leyenda sigue deslumbrando. Hasta el punto que a día de hoy nadie se atreve a apostar firmemente por la continuidad del joven crack en el Parque de los Príncipes.
No es el Mbappé futbolista un personaje de trato fácil. "Su cambio entre el Mundial de 2018 y la Eurocopa de este año ha sido muy grande. En Rusia tenía 19 años, acababa de explotar con el PSG y se adaptó muy bien a un grupo en el que Griezmann y Pogba llevaban la voz cantante... En esta Eurocopa ya no atendía ni a galones ni veteranías y su relación en el vestuario sorprendió”, explicó a ESPN Deportes una fuente cercana a la plantilla de la selección que pasó de ganar el Mundial a caer en los octavos de final de la Eurocopa ante Suiza... por un penalti, el último, fallado por Mbappé.
Kylian aterrizó en el Parque de los Príncipes un 31 de agosto de 2017. Llegó con toda la fanfarria a un PSG que cuatro semanas antes había tirado la casa por la ventana para fichar a Neymar y con el brasileño formó, desde el primer momento, un tándem demoledor. La fantasía de Ney y el potencial del joven francés encabezaban a un equipo soberbio, en el que los fans comenzaron a tomar parte por el chico de casa, convertido, de repente, en el mayor ídolo de la hinchada.
Sucesor de Zidane, heredero de Platini, descendiente de Henry... Alrededor de Mbappé se multiplicaron en los últimos años elogios de todo tipo, presentándole como la estrella indiscutible de la nueva Francia y el jugador llamado a ocupar el trono mundial de Messi, un papel que tomó sin pestañear, dispuesto a hacerlo suyo por encima de todo. Y de todos.
Convivencia
A partir de aquí se entienden las dudas que genera la relación que pueda mantener con el argentino, aterrizado en París con todos los honores, convertido por los fans en el ídolo número uno e indiscutible y cuya figura ya es la principal, se diría que única y absoluta, en el Parque de los Príncipes.
La presentación de Messi en el estadio ya dejó traslucir que Mbappé ha perdido ascendente entre los aficionados. Mientras las ovaciones fueron atronadoras al anunciarse al argentino, los silbidos se dejaron escuchar cuando se escuchó el nombre de Mbappé, cuya continuidad en el club se mantiene en el aire.
Bajo contrato por solo una temporada más y sin que en los últimos meses los dirigentes del club hayan sido capaces de convencerle para firmar su renovación, se sospecha su intención de abandonar París y comenzar una nueva aventura sin que nadie pueda hacerle sombra, algo que para él es "difícil de aceptar" según la misma fuente consultada.
Kylian llegó hace cuatro años al PSG para convertirse en el ídolo indiscutible del club y del fútbol francés de esta década. Dispuesto a convertir su rivalidad con Erling Haaland en la sucesión de la que en los años anteriores protagonizaron Messi y Cristiano Ronaldo, convencido de que tanto el argentino como el portugués encaraban el final de su carrera en descenso y dispuestos, muy a su pesar, a entregar el testigo a los nuevos cracks...
Pero Messi, tan obcecado como brillante, competidor y colosal a partes iguales, ha mantenido su brillantez en el escenario sin dar cuenta de una posible dimisión de ese papel que tomó hace más de una década y que se resiste a entregar.
¿Será capaz Mbappé de compartir estrellato con Leo? La pregunta que se repite en París y en el mundo del fútbol no tiene respuesta, de momento. En un mundo globalizado en que las redes sociales se presentan como termómetro de las relaciones entre los cracks sorprendió que el '7' tardase varios días en manifestar su reacción a la llegada de Leo y si la de Neymar fue de inmediato entusiasmo, la frialdad de Kylian dio a pensar una incomodidad manifiesta.
A diez días de que se cierre el mercado de pases nadie se atreve a dar por segura su continuidad en París, por mucho que desde el PSG el mensaje sea inequívoco. Messi debutará, si se cumplen los plazos establecidos por Pochettino y el propio Leo, el 29 de agosto en Reims y será entonces cuando podría verse en acción por primera vez al mayúsculo tridente formado por el argentino, Neymar y Mbappé.
La 'MNM' debería ser un arma de incalculable valor entre el auténtico plantel de lujo que posee un PSG que se adivina inalcanzable, sin duda, en Francia y al alcance de muy pocos en Europa. En ese escenario no se entendería una estampida del futbolista francés... A no ser que su orgullo personal sea mayor que el profesional y prefiera tener todos los focos apuntándole a él sin necesidad de compartir escenario con nadie más.
Poco podía imaginar en el verano de 2017 Mbappé, cuando cambió Mónaco por París, que al cabo de cuatro años su figura quedaría eclipsada por la de un Messi que entonces nadie sospechaba abandonaría el Barça como lo ha hecho para trasladar la magnificencia de su figura a un Parque de los Príncipes donde se ha vuelto a demostrar que los ídolos nunca son intocables.
Falta por saber si Kylian aceptará un nuevo rol impensable hace un mes o preferirá abandonar, con el sabor de la derrota personal, París. En diez días se conocerá el resultado... Aunque, en caso de quedarse, con un año por delante en el que las especulaciones, mal que le pese a los poderosos dueños del PSG, estarán a la orden del día.
