DINASTÍA. ¿Cuál es el atractivo casi mágico de esta palabra de ocho letras para que sea parte del vocabulario de los feligreses de la NBA?
¿Por qué existe la necesidad de establecer quién es y quién no puede ser una dinastía? ¿Con qué propósito?
Respuesta sólida no hay. Sin embargo nadie escapa al encanto, o simplemente a la ilusión, de pretender encumbrar a un equipo o jugador en lo más alto y, al mismo tiempo, declararlo monarca absoluto de la competencia. Sobran pruebas.
Los Angeles Lakers y Boston Celtics han sido considerados dinastía en diferentes tramos de la historia. Chicago Bulls también. San Antonio Spurs también asoma en esa lista. Y, obviamente, Miami Heat y Golden State Warriors.
A lo largo de la historia, las hubo para todos los gustos. Dominantes, exquisitas, imbatibles, odiadas, amadas y hasta algunas que no “molestaban” a nadie.
Lo cierto es que cada uno de esos ejemplos reafirma la necesidad de que el fanáticos debe tener un faro, una referencia, un espejo donde mirar y comparar. ¿O acaso el deporte no incluye la discusión de sus seguidores para intentar definir quién fue el mejor de todos?
Dicho esto, y con la arbitrariedad que implica en este tipo de elecciones, intentaré aportar mi granito de arena para un debate de postemporada, luego del campeonato conseguido el domingo pasado por Los Angeles Lakers.
No se apure. No voy a proclamar al equipo angelino como la dinastía de los últimos 10 años. No pienso hacerlo porque simplemente no aplica. No existe ni una sola posibilidad remota. Pero si soy conciente de la polémica que se puede generar con la siguiente afirmación: la dinastía de la NBA en los últimos 10 años no es un equipo. Es LeBron James.
Amén.
UN PRINCIPIO de la física indica que a cada acción le sigue una reacción. En el periodismo debemos decir que a cada opinión le debe seguir una explicación. Una fundamentación de lo expresado. Una especie de teorema que incluya una hipótesis, un desarrollo y una conclusión. A esa tarea hay que abocarse luego de haber tomado el riesgo, aclarando que lo dicho no propone un debate de la historia total sino del último período de la misma, para evitar comparaciones con héroes del pasado a quienes también se los pudieron considerar dinastías en sí mismos.
Los éxitos que acumuló en la última década nos indica que estamos ante alguien especial: absolutamente nadie jugó más partidos de playoffs que él (260, empatado con Derek Fisher), ni anotó más puntos que él (10,811), ni sumó más más minutos en cancha (10,811). Solamente es medalla de plata en asistencias, con 1871, y en triples dobles con 28.
Desde el 2011 hasta hoy, existe una verdad contundente: si un equipo quiere tener la posibilidad de disputar una Final, debe contar con LeBron James. Así de simple.
Miami Heat, Cleveland Cavaliers y ahora Los Angeles Lakers dan prueba de ello.
En esas nueve finales disputadas, cuatro títulos fueron a parar al equipo de LeBron, quien se encargó de demostrar que él era la principal razón de los festejos.
En 2011, primera temporada con el famoso Big 3 de Miami que formó con Dwyane Wade y Chris Bosh, perdieron en su propia casa Dallas Mavericks. Fue una final de frustración y aprendizaje, pero sus estadísticas llevaron a LeBron a liderar su equipo en minutos (43.9), robos (1.7) y asistencias (5.9). Las críticas recibidas por su endeble liderazgo, se transformaron rápidamente en motivación. La transformación estaba en marcha.
En su segunda temporada con Miami, todo fue color de rosas, especialmente en las finales derrotando a un joven, talentoso e inexperto equipo de Oklahoma City Thunder que reunía a Kevin Durant, Russell Westbrook y James Harden. Fue líder en puntos por juego (30.3), rebotes (9.7), asistencias (5.6) minutos (42.7), robos (1.9) y eficiencia total (30.3). La promesa de ganar títulos empezaba a cumplirse.
Llegó el 2013 y San Antonio Spurs fue su rival. Las finales fueron épicas al punto de que el Heat necesitó un triple milagroso en los últimos segundos para evitar la derrota, llevar el juego a tiempo suplementario y extender la serie a un séptimo juego.
Los números de LeBron sobresalieron sobre el resto. Fue líder de su equipo en seis categorías: minutos por juego (41.7), puntos (25.9), rebotes (8.4) asistencias (6.6) robos 1.8) y eficiencia (28.1). En su última temporada con Miami no pudo conseguir el título ante la mejor versión histórica de los San Antonio Spurs. Sin embargo, fue el líder del Heat una vez más. Su eficiencia fue de 31.1, promediando además 38.2 minutos por juego, 27.4 puntos, 7.1 rebotes, 4.8 asistencias y 1.8 robos. Era el final de un ciclo, pero no de su éxito.
El balance final con el Heat fue cuatro finales disputadas, con dos campeonatos y dos premios al Jugador Más Valioso. Tras su salida de Miami, Cleveland lo esperaba con los brazos abiertos. Era el regreso del hijo pródigo. Era la reafirmación de que una promesa pasada seguía vigente: traerle a la ciudad un títulos de NBA.
Lo intentó en el 2015, pero un poderoso equipo de Golden State Warriors y las lesiones de Kyrie Irving y Kevin Love, se lo impidieron. Perdía su cuarta final en seis presencias, pero confirmaba la tendencia: para tener chances de ser campeón, había que ficharle.
De nuevo fue líder en minutos por juego (42.2) agregando promedios de 30.1 puntos, 11.3 rebotes, 8.5 asistencias, 1.7 robos y una eficiencia del 25.5. Sin duda, una de sus mejores producciones individuales en Finales.
La redención llegaría un año más tarde. No solo ganó el campeonato ante un equipo que venía de establecer un record de 73 victorias en la temporada regular, sino que lo hizo con estilo remontando una desventaja de 1-3 en la serie.
¿Sus números? Impresionantes otra vez. En 39,1 minutos de promedio, fue líder de su equipo en cinco categorías más con 26.3 puntos, 9.5 rebotes, 7.6 asistencias, 2.3 robos y una eficiencia del 30.0. Y si bien en tapones (1.3) no fue quien más sumó en su equipo, todo el mundo recordará la tremenda tapa a André Iguodala que sirvió para pavimentar el camino al título que Kyrie Irving sellara con un triple. Promesa cumplida.
Dos finales más con Cleveland no trajeron la posibilidad de repetir. Golden State con Curry, Durant, Thompson y Green, fue una montaña imposible de escalar. Sin embargo, en ambas finales siguió siendo líder de su equipo en varias categorías, sorprendiendo con una eficiencia neta de 30.1 en la 2017 y del 32.2 un año más tarde, aunque no pudo impedir la barrida.
Thank you my friend!!! Truly appreciate our friendship and your words. 🙏🏾✊🏾👑 https://t.co/ytsjDX4xKr
— LeBron James (@KingJames) October 13, 2020
Su salida de Cleveland fue más que anunciada y su llegada a Lakers en el 2018 planteaban nuevos desafíos: no solamente llevar a su nuevo equipo a las finales, sino ganar un título.
La historia es bien conocida: en su primera temporada, una lesión lo dejó fuera de acción en 27 juegos y en ese lapso, las posibilidades de llegar siquiera a los playoffs se esfumaron irremediablemente. La franquicia entró en una crisis interna de liderazgo con la renuncia de Magic Johnson acusando a miembros de su staff como Rob Pelinka, de haberlo traicionado. Las nubes negras impedían que el sol saliera sobre Los Angeles.
Pero la llegada de Anthony Davis cambió el clima, Pelinka pudo armar un plantel con mucha versatilidad que fuera capaz de pelear por un campeonato.
La culminación de todo llegó el domingo 11 de octubre, cuando derrotaron a Miami Heat, su ex-equipo, por 4-2. Y a los 35 años, LeBron volvió a dar el mensaje de que sigue siendo el Rey: fue el líder de su equipo en asistencias (8.8), el efectividad en tiros de cancha (61.8%), rebotes (10.8) y robos (1.2) en las finales. Escoltó a Anthony Davis en puntos con un promedio de 27.6 y en minutos con 36.6. Su eficiencia neta fue de 30.2.
Los números asustan. Pero por sobre todas las cosas, reafirman su éxito.
¿Acaso uno no debe rendirse a la evidencia que marcan nueve finales disputadas en 10 temporadas? Y si faltaran razones, aquí van algunas más: ¿alguien se atreve a discutir a un jugador que en los últimas 10 temporadas ha acumulado en playoffs promedios de 40.8 minutos por juego, efectividad del 55.0% en tiros de cancha, 9.3 rebotes, 7.1 asistencias, 1.7 robos, 0.9 tapones y 28.6 puntos en 189 partidos sin perderse uno solo?
Quien quiera hacerlo, que tire la primera piedra.
LA RELACIÓN de los fanáticos con LeBron James, y no a la inversa, no ha sido siempre la mejor. De ello hemos sido testigos.
La ley impuesta por los fanáticos parecería ser la siguiente: cada paso que da LeBron, debe ser comparado con los que dio Michael Jordan. Y por lo general lo que aquel consiga terminará siendo minimizado por el legado que supo dejar Su Majestad. Pero ese no es el objetivo de esta columna. "Solo queremos nuestro respeto. Rob (Pelinka) quiere su respeto. El entrenador Vogel quiere su respeto. La organización quiere su respeto. Y yo quiero mi maldito respeto", dijo LeBron el pasado domingo con el trofeo de más valioso en sus manos. Acaso la prueba más contundente de que no siempre ha sido respetado como se merece.
En redes sociales plagadas de opinólogos, se leyeron, a lo largo del año, cosas como las siguientes: "LeBron James fue a LA para ver películas". "No es un ganador". “Nunca ganará otro campeonato". "Los LA Clippers son el mejor equipo de Los Ángeles". “Portland puede eliminar a los Lakers". "Los Houston Rockets dispararán a los Lakers". "Denver Nuggets en 7". "Es la liga de Stephen Curry". "Es la liga de Kevin Durant". "Es la liga de Kawhi Leonard". "Es la liga de Giannis Antetokounmpo". “Nunca será un gran Laker". "Los Lakers deberían cambiarlo", por mencionar algunas de las más fuertes y dolorosas.
El tiempo se encargó de poner las cosas en su lugar y el título logrado el domingo pasado permitió escuchar otras campanas. “Es extremadamente difícil derrotar a LeBron cuatro veces en una serie” dijo alguna vez el escolta de New Orleans Pelicans, JJ Reddick.
LeBron's Updated Playoff Resume pic.twitter.com/0uXTk9XDCG
— Kirk Goldsberry (@kirkgoldsberry) October 12, 2020
“No es el mismo jugador que el que enfrentamos en el 2011. Aquella vez le quebramos la cabeza. Pero hoy tiene el IQ (coeficiente intelectual) que le permite dominar el juego”, expresó Mark Cuban, dueño de Dallas Mavericks, coincidiendo de alguna manera con Steve Kerr quien reconoce que hoy, a sus casi 36 años, LeBron es un jugador más completo que la primera vez que le tocó enfrentarlo con sus Warriors.
Kevin Love, quien fuera compañero suyo en Cleveland, lo define en cuerpo y alma. “Él tiene esa determinación y esfuerzo por alcanzar la grandeza y no aceptará que tú no lo tengas. Creo que Jordan era… son diferentes por derecho propio. Creo que Kobe (Bryant) hizo lo mismo al tratar de sacar lo mejor de sus muchachos. LeBron era muy, muy exigente, pero siempre estaba pendiente de nosotros. Siempre quizo elevar nuestro juego. Siempre quiso prepararnos para el éxito”.
Anthony Davis también lo tiene claro. “Yo soy de Chicago, por lo tanto amo a Michael Jordan. Todo lo que puedo decir es que (compararlo con MJ) es un debate muy duro. Pero si realmente valiera la pena hacerlo, tendríamos que hablar con los hechos. Y definitivamente, LeBron ha mandado un fuerte mensaje al ganar el campeonato esta noche".
A pesar de la contundencia de las opiniones, entre los fanáticos todavía le recriminan que en el quinto juego ante Miami no tomó el último tiro decidiendo pasarle el balón a Danny Green tras dejarlo totalmente abierto para anotar. Pero Green falló y no dudaron en caerle encima.
¿Es posible? ¿Tienen razón de pensar de esa manera? Nuestro analista Carlos Morales tuvo respuesta. “Tratar de forzar situaciones como esa, es hacer el juego al revés. Al básquetbol hay que jugarlo bien aunque salga mal. No se puede jugarlo mal para ver si sale bien”. Asunto terminado.
SI EXISTE ALGUIEN en este planeta que tengan el valor de decir que cuatro títulos en ocho finales disputadas en esta década, no alcanzan para definirlo como un grande, no lo hagan caso. En los últimos 10 años, LeBron James sumó más títulos que los mismísimos Golden State Warriors que ganaron tres.
Si continúan apareciendo quienes dudan de su grandeza, recuérdenle que la lista de derrotados en finales incluyen al Thunder (con Durant, Westbrook, Harden e Ibaka), Spurs (de Duncan, Parker y Ginóbili, el trío que suma más victorias de playoffs en la historia de la NBA), Warriors y Heat. Además, les mencionan que los Spurs del 2013 y 2014 estaban catalogados como uno de los mejores equipos de la década.
Si aún persisten los reclamos, entonces les dicen que en el 2016 se coronó tras derrotar a un rival que venía de establecer el récord de más victorias en una temporada (73) como los Warriors y que además lo hizo ganando los últimos tres juegos de la serie (dos de ellos de visitante) tras ir en desventaja 1-3.
Y si ello no fuera suficiente, les recuerdan que en esta temporada, siempre se consideró a LA Clippers como favoritos para ganarlo todo y no a sus Lakers. Sin embargo el equipo ganó 52 de los 71 juegos de temporada regular (73.2%) y 16 de los 21 enfrentamientos de playoffs (76.2%) para llevar el trofeo Larry O’Brien de regreso a Los Ángeles.
En definitiva, las pruebas son contundentes. Jugar nueve finales de 10 posibles y ganar cuatro siendo elegido como el Más Valioso en cada una de ellas, no es cosa de todos los días.
Y si bien es raro elegir, para la década, a un jugador por sobre un equipo como una dinastía, lo cierto es que ningún grupo ha acumulado más éxitos que él en los últimos 10 años.
Ante ello, no quedan dudas.
LeBron James ES la verdadera DINASTÍA de la NBA en los últimos 10 años.
“CUANDO VES el trabajo y la preparación que LeBron pone todos los días, entiendes por qué esta es su décima aparición en las Finales de la NBA. Nunca se detiene. Planeo seguir a este hdp hasta, con suerte, nueve Finales más". Quien firma esta declaración es Anthony Davis y suena definitiva.
Tan definitiva como decir que, cerca de cumplir 36 años, aún podemos, y debemos, afirmar que el Rey está vivo.
¡Larga vida al Rey!
