“Él es mucho mejor tenista de lo que fui yo en su momento”, lanzó con orgullo tiempo atrás Christian Ruud, padre y entrenador del actual N°4 del ranking ATP. En los últimos años, Casper ha distanciado su carrera de la herencia creando un nuevo camino para el tenis noruego.
Hasta la gran irrupción de Casper Ruud en la gira masculina, Noruega tenía en los libros de historia como la figura más destacada del tenis a Christian, su padre y entrenador. Fue 39° del mundo en 1995, hizo cuartos de final en el Australian Open dos años después y jugó por el título en el ATP Tour por única vez en Bastad. Además, entre 1995 y 1996 se metió en numerosas semifinales buscando el ansiado trofeo que, finalmente, no pudo conseguir.
En 2001, disputó su último partido como profesional en Roland Garros, despidiéndose en primera ronda obligado por el retiro. Veintidós años más tarde, Casper Ruud se plantó por segunda ocasión en su carrera en la definición del Abierto de Francia, dando prueba una vez más de su categoría en el tenis de la actualidad.
Desde que ingresó en el lote de los diez mejores del listado masculino, en septiembre de 2021, no abandonó ese barco. A costa de regularidad, constancia y trabajo silencioso amplió su palmarés a una decena de títulos en tres temporadas, incluyendo aquel Bastad que su padre tuvo la chance de ganar años atrás.
En este momento acumula tres finales de Grand Slam en doce meses gracias a las campañas que hizo en Roland Garros y el US Open 2022 -donde además jugó por el N°1 del mundo contra Carlos Alcaraz- y, en estas últimas semanas, repitiendo hazaña en París. Luego de un inicio de calendario con irregularidades, encontró la fórmula para defender la definición del año pasado en el segundo Major del calendario mostrando, una vez más, que la consistencia ante sus rivales es una de las cartas más relevantes de su juego.
