El motor silencioso de Newman: récord de equipos y jugadores y una estructura única para que todos "se sientan valorados"

El rugby de clubes, ese que todo lo puede, no para de sorprender. Es el que nutre a los seleccionados, pero también el que le da vida a la competencia, el esparcimiento, la diversión y, por sobre todas las cosas, esa vida social que entreteje los vínculos de cada club. Newman está en la cresta de la ola en el rugby vernáculo y no es casualidad: es el fruto de un trabajo paciente que lleva varios años.

En un torneo maratónico y físicamente desgastante, la verdadera fortaleza no está únicamente en los quince que entran a la cancha cada sábado, sino en la profundidad de las entrañas. Hoy por hoy, el club de Benavídez ostenta una marca formidable: cuenta con el plantel con más jugadores de todo el rugby de Buenos Aires. Son 265 jugadores inscriptos en el Plantel Superior, un auténtico ejército bordó donde todas esas almas serían capaces de frenar un tren a pura fuerza de piernas.

Semejante volumen le permitió al Cardenal presentar, el último sábado, nada menos que 11 equipos compitiendo a lo largo de todo el día en las diferentes categorías de la URBA.

"Contagia que los equipos tienen hambre, que hay competencia interna en cada puesto, que hay muchos jugadores, mucha gente que volvió a jugar. En estos años ha crecido exponencialmente la cantidad de jugadores que han elegido volver a jugar. Y obviamente eso es producto de que los equipos juegan bien, que son competitivos", reflexiona Marcos Ayerza, un emblema del club que hoy mira de cerca el scrum de la primera, después de una exitosa carrera en el club, con Los Pumas y en el Leicester inglés.

"Newman es un club con identidad, que juega bien al rugby, que tiene mucha gente muy comprometida, principalmente los jugadores, también el staff y mucha gente detrás", agrega el Toro. No es para menos: el pasado sábado hubo 210 jugadores en cancha de un plantel superior que es una marea inagotable. Aparte de la Primera y la Intermedia, las preintermedias del bordó llegan hasta la H y también está la M22.

Todo esto necesita una gran infraestructura en la semana para sostener semejante multitud que se hace presente en cada entrenamiento. "Cada vez que se da la charla principal con todo el plantel superior, la ronda es alrededor de casi toda la cancha", cuenta Patricio O´Connor, entrenador de forwards y coordinador del Plantel Superior, graficando una escena donde la masa de jugadores parece abrazar el perímetro entero del campo de juego.

"Todos los sábados presentamos once equipos. Este fue el fin de semana donde más cantidad de jugadores tuvimos en campo, que fueron 210 jugadores. La Pre F, G y H juegan el torneo de la F". Vale aclarar que estas tres categorías se enfrentan entre sí a lo largo de la temporada y "no sabés cómo juegan cuando les toca entre ellos", remarca el ex forward.

"Para nosotros lo más importante es que el jugador, el suplente de la Pre H, por así decirlo, tenga a disposición el club, que disponga lo mismo que tiene el titular de primera. Que tenga los mismos entrenamientos, su nutricionista, su kinesiólogo, que tenga su médico, que tenga su feedback de juego", cuenta sobre la infraestructura y agrega: "Tenemos 12 canchas de rugby, de las cuales 7 tienen iluminación", algo clave para poder sostener esa avalancha de jugadores.

Esa base tan amplia le permitió el año pasado al Cardenal no solo ganar el Top 12 de la URBA, sino que también se coronó en Intermedia y Preintermedia, un logro que hizo del 2025 una gran fiesta de fin de año. A fines de 2018 y después de la pandemia en 2020, donde la sangría fue enorme para todos los clubes, el bordó empezó a tomar color. O´Connor dice que esto "lleva mucho tiempo", pero también cree que es muy importante "que cada jugador se sienta valorado. Cuando el jugador se siente valorado, que lo respetan, eso hace que quiera estar, que tenga ese compromiso, que le comente a otros, que está muy bueno esto y cada vez tengamos más gente".

Esa gran competencia que comienza bien abajo es un verdadero derrame de exigencia que termina empujando la vara hasta su punto más alto en Primera. En Benavídez el que se duerme, pierde el puesto: "Todos sabemos que nadie es indispensable, literal. Hoy tenemos a Jero Ulloa que jugó el sábado en intermedia porque la competencia está fuerte. Al que sale entra el de la intermedia y la rompe, así que creo que eso hace que los martes y los jueves tenés que apretar y el sábado no podés aflojar nada, porque te sacan del equipo", cuenta el fullback Juan Bautista Daireaux.

Para Lucas Marguery toda esta explosión de jugadores y planteles en el club "está buenísimo, sin perder el foco también en la cultura, orden, disciplina, el respeto y lo fundamental, que el plantel funcione".

Más allá de los números récord y la marea de camisetas bordó inundando el club cada fin de semana, el verdadero sostén de Newman no es la masa, sino el sentido de pertenencia que los une. Cada empujón en una Pre H suma para que la Primera termine apoyando en el ingoal; no hay nombres propios por encima del escudo ni esfuerzos aislados. Es el motor silencioso de un club donde nadie se siente uno más, sino parte indispensable del mismo engranaje. Ayerza lo explica con pocas palabras: "Este club se construye de mucha gente que toma la bandera, la pone más arriba y eso genera que hoy estemos viviendo un lindo momento". Ese que se respira cuando uno pasa por Benavídez.