CHARLOTTE -- La tercera ocasión, Thomas Davis se dio por vencido.
En el campo, sus Carolina Panthers batallaban a los Green Bay Packers en el último cuarto de la Semana 2 en la temporada del 2011. Pero debajo de las gradas, en el consultorio médico, la rodilla derecha de Davis se hinchaba con sangres y fluido. De la misma forma que las dos ocasiones anteriores.
Unos minutos antes, Davis intentó derribar a James Starks de los Packers cuando uno de sus propios linieros lo barrió accidentalmente. Ahora, el Dr. Pat Connor realizó la prueba Lachman y la de desplazamiento de pivote; las dos técnicas estándar para revisar un ligamento cruzado anterior (ACL). Movió la articulación de Davis arriba y abajo, de lado a lado. Iba hacia donde no se supone que deba.
Davis, Connor y el preparador Ryan Vermillion hablaron en voz baja dentro de la habitación. A través del concreto podían escuchar el rugido de 73 mil aficionados, como una fiesta en la casa del vecino. El diagnóstico no sería oficial sino hasta ver la resonancia. Pero Davis lo sabía.
Gracias por todo lo que hiciste por mí, sostuvo, Estoy acabado.
Llamó a su compañero Jon Beason, quien estaba en cama recuperándose de su propia cirugía por tendón de Aquiles. Se acabó, dijo Davis. Nadie me va querer.
Esa noche charló con su esposa Kelly. Esta vez obtendría un ligamento de cadáver para reemplazar el suyo. No era lo suficientemente flexible para jugar fútbol americano, pero quizá podría lanzar canastas en el gimnasio. La rehabilitación no sería tan dura. No iba tener que entrenar con el ritmo y empuje de un apoyador de la NFL. Se detendría cuando tuviera lo suficiente para correr en su patio trasero, con sus hijos.
Al principio, sintió paz. Ningún jugador de la NFL --o atleta profesional-- había regresado de tres roturas de ACL en la misma rodilla. No había que pensarlo ni siquiera.
Después, lo pensó.
Pensó en todo lo que había superado y que todo mundo conocía. Pensó en lo único que casi nadie sabía.
A la mañana siguiente, se presentó a la práctica de los Panthers. Y se preparó para comenzar de nuevo.
Ahora, dos años después:
Contra los Atlanta Falcons el 3 de noviembre, Davis está alienado como caza mariscales pero retrocede hacia la cobertura. Matt Ryan lanza un pase profundo por el centro. Davis abandona su marca, corre hacia el terreno que cubría el balón y, cuando es desviado, su lanza por la intercepción 30 yardas campo abajo.
La semana siguiente, contra los San Francisco 49ers, Davis se agacha en su posición de apoyador externo. Los 49ers abren un hueco por el centro y el corredor Kendall Hunter recorta hacia la brecha... hasta que Davis entra y lo golpea tan fuerte que el balón sale 5 yardas hacia atrás. Los Panthers recuperan en un duelo que terminaron ganando 10-9. "Graben eso", sostuvo el comentarista Brian Billick. "Davis con un clásico. Miren eso. Ves lo que golpeas, sigues agitando las piernas. Así es como derribas a alguien como apoyador".
Thomas Davis, de 30 años, sobre una rodilla destrozadas en tres ocasiones, está mejor que nunca. Está jugando del lado fuerte y débil como apoyador para una defensiva que ha permitido la menor cantidad de puntos en la liga (221 en 15 partidos). En el primer duelo estelar de los Panthers esta temporada --una victoria 24-20 de "Monday Night Football" sobre los New England Patriots-- Davis tuvo 17 derribos. Eso le ayudó a ganarse el Jugador Defensvo del Mes en noviembre por la NFC. El domingo, tuvo 14 derribos y una intercepción en la victoria que les dio el boleto a postemporada ante los Saints. Y ahora que Davis está completamente de regreso, no planea marcharse. Los Panthers tienen 943 jugadas defensivas este año y Davis ha estado en el campo para 919 de ellas.
Para mantener su rodilla sólida, los cirujanos han barridos su cuerpo por partes. La primera vez, reemplazaron su ACL con una parte del tendón de la corva. En la segunda, retiraron una parte del tendón patelar de la rodilla derecha. La tercera, necesitaron una parte del tendón patelar de la rodilla izquierda; así que tuvo cirugía en ambas rodillas al mismo tiempo.
Ahora, recibe acupuntura en las rodillas y un hombro. Tiene una cámara hiperbárica para forzar mayor oxígeno en la sangre. Lidia con los impactos de automóvil que conforman la vida de la NFL. El puente de su nariz es delgado de forma perpetua donde el anillo de su casco choca repetidamente. Contra Miami, se dislocó el meñique derecho tan mal, que el hueso abrió la piel. No salió ninguna jugada.
En casa, la capa se retira. Cuando él y Kelly decidieron casarse en el 2008, escarbó tan profundo al escoger sus flores y las muestras de color, que ella comenzó a llamarle La Novia. A ella no le gusta ir de compras, así que él va por la comida y escoge la ropa de sus cuatro hijos. Juegan cartas y juegos de mesa. Los Davis son competitivos. A veces, él y Kelly necesitan un período de enfriamiento tras una ronda dura de Monopoly.
Sus lesiones lo colocan en un lugar exraño del campo. Sus oponentes se preocupan por él incluso si tratan de barrero en cada jugada. En el juego contra San Francisco, Davis se lanzó por un balón suelto y el mariscal de campo Colin Kaepernick cayó sobre Davis, doblando su rodilla derecha hacia atrás. Tras el silbatazo, Kaepernick se incorporó, preocupado: "¿Estás bien? ¿Estás bien?". (Un ligero esguince en la rodilla; no se perdió una sola jugada). En la victoria de los Panthers por 27-6 sobre los Tampa Bay Buccaneers, mientras los oficiales revisaban una jugada, el tackle ofensivo Donald Penn se acercó y le dijo: "Es bueno verte aquí afuera, hombre".
Le importa que se den cuenta. Le lastimó un poco en el 2012, su primer año de regreso tras la tercer cirugía, cuando se volvió claro que Peyton Manning sería el Regreso del Año. Pero ahora le importa más que lo necesitan. Se perdió 39 juegos durante tres temporadas (2009-11), pero las ausencias no le molestaban como el tiempo perdido en el vestidor, motivando a sus compañeros y viceversa.
"Hay mucho que puedo recuperar", afirma. "Ahora que estamos en sendero de playoffs, debo apreciar cada momento. Y debo hacer que mis compañeros logren lo mismo".
En el juego contra New England, el ala defensiva de los Panthers, Charles Johnson, recibió un golpe e la rodilla y cayó al suelo adolorido. Resultó ser un esguince, no obstante, y regresó al juego para ayudar en la detención a los Patriots en la última serie. Más tarde, en el vestidor, Davis, tres veces capitán del equipo, fue a revisarlo.
"Estaba asustado", dijo Johnson. "Escuché esa cosa romperse. Pensé que era todo".
"Pero no pasó nada", complementó Davis. Se alejó y fue a las regaderas. "Te necesitábamos. Juego grande. Debíamos tenerte. Y allí estuviste".
Hablaba con Johnson. Pero quizá un poco consigo mismo.
La segunda ocasión, Thomas Davis lloró en los brazos de su esposa.
Estaba corriendo un ensayo simple y sin contacto en temporada baja durante junio del 2010. Tenía que retroceder, girar a la izquierda, derecha; un movimiento básico para un apoyador. Cuando plantó su pierna derecha, la rodilla cedió. Se terminó la temporada tres meses antes de su comienzo.
Siempre creyó ser el hombre más rudo en el campo. Durante su niñez en Shellman, Georgia, jugaban a matar a quien tuviera el balón, y cuando lo atrapaba, nadie podía alcanzarlo, mucho menos matarlo. En el equipo de Randolph Clay High School, ocupó ocho posiciones. En la Universidad de Georgia, cambiaba entre apoyador y profundo y llegó a selecciones nacionales de todos modos. Los Panthers lo reclutaron en la primera ronda del 2005. Para el 2006, era titular de tiempo completo. Su carrera salía justo como la soñó... hasta que su rodilla falló una vez, y otra.
Una noche, Kelly y él hablaban de ello y él se quebró. Ella lo sostuvo en sus brazos y lo meció como a un niño.
Un día, no mucho después, su hijo Thomas Jr., se sentó en el regazo de Davis. Thoms Jr., tenía tres años en ese entonces, la pierna de Davis estaba vendada.
Papá, ¿te lastimaste la rodilla otra vez? Preguntó el chico.
Sí, me lastimé otra vez.
Bueno, dijo Thomas Jr., ¿por qué no dejas de jugar?
Nunca me he dado por vencido, respondió Davis a su hijo. No me rindo.
Pero él sabía que la pregunta era buena. Kelly y él son firmes en su fé. Creen en las señales. Contemplaban si las lesiones recurrentes eran una seña de Dios para que Thomas se retirara. Lo pensaron demasiado.
Decidieron que Dios estaba mandando otro tipo de señal.
Las personas que dudan alimentan el fuego de los atletas profesionales. El jugador más talentoso y admirado puede irse al final de los archivos y hallar un espacio para valorar. Davis recuerde que Georgia fue su única oferta de beca del FBS. Recuerda que los visores decían que era muy pequeño para jugar apoyador en los profesionales. Recuerda los comentarios que surgieron con sus lesiones de rodilla. Aparecían al final de cada pieza escrita sobre él. Lo seguián en su línea de tiempo del Twitter. "Pudo ser muy bueno en la nfl apesta que nunca se mantuvo sano (sic)", comentó alguien en Pro Football Talk. "Debería de retirarse simplemente".
"Yo uso eso", afirma. "Uso eso como motivación".
La competencia también lo motiva. Él y Beason, practicando en el equipo suplente de kickoff, se fueron con todo para averiguar quién llegaba más rápido a la línea de gol. Cuando Beason se rompió el tendón de Aquiles, Davis llevó su jersey al campo la semana siguiente... en el mismo juego que Davis sufrió su tercera rotura de ACL. Vermillion, el preparador, los hizo compañeros de rehabilitación. Trabajaban juntos, de las 9:00 hasta que no pudieran más, seis o siete días a la semana.
Davis pasó semanas simplemente doblando y estirando la rodilla, recobrando su rango de movimiento un doloroso milímetro a la vez. Después pasó a la bicicleta estacionaria. "Puedo recordar que pusieron el asiento alto para que tuviera que realizar un círculo pequeño", cuenta Beason. "Se subió y trató de pedalear, y sus piernas temblaban, está gritando, esa única vez por ese círculo".
Cada recuperación de ACL significa meses de agonía. Davis recuerda levantarse tras la cirugía y la sangre circular hacia los puntos de quiebre, el dolor fue tan intenso que le atrajo lágrimas. Máquina Cybex, bicicleta, extensiones de pierna, romper tejido de cicatrización, probar la articulación, subir escaleras, aprender a correr de nuevo. Imaginen hacer todo eso. Imaginen hacerlo tres veces.
"Thomas es de mentalidad fuerte", sostuvo Beason. "Pero pienso que sufrir la misma lesión una y otra vez tiene que alterar tu psique. Dedicándote a esto, tienes que confiar en tu cuerpo".
Es una cosa cuando los críticos dudan de ti. Es otra cuando tu cuerpo lo hace. Y la duda pasa a lugares que nadie más sospechaba.
La primera vez, se vio sorprendido.
Era el 8° juego del 2009, la quinta temporada de Davis. Los Panthers enfrentaban a los Saints en el Superdome. Davis terminó en cobertura sobre el receptor de los Saints, Devery Henderson. Plantó su pierna para sacar de balance a Henderson. Escuchó el tronido y sintió el golpe de dolor. Naturalmente se fue al suelo --lo que puso más presión sobre los ligamentos-- pero nunca se había lastimado severamente en el pasado.
Su primer pensamiento fue Kelly. Estaba embarazada con su segundo hijo juntos (tienen otros dos de relaciones pasadas). Él quería llevar la rehabilitación tan rápido como pudiera para ayudarla con el bebé.
Pero la realidad fue que sintió suerte de poder volver a jugar.
Esta es una historia que él no ha contado.
En la pretemporada del 2009, estaba realizando trabajo de caridad para asegurarse que los atletas jóvenes fueran analizados en torno a condiciones cardíacas escondidas. Davis asumió un grupo de chicos del hospital de Charlotte que había montado ultrasonidos y electrocardiogramas gratuitos. Para mostrar que no pasaba nada, se analizó primero.
Más tarde, los doctores lo llamaron y le pidieron una charla.
Las arterias coronarias mandaba sangre lejos del corazón. En uno normal, una se origina en el lado izquierdo del corazón, la otra en el derecho. El análisis mostró que ambas arterias coronarias de Davis estaban del mismo lado. No es una condición especialmente rara; quizá una de cada 200 personas la tiene. No suele causar síntomas, pero cuando la descubren, la recomendación es revertirla. Eso significa cirugía a corazón abierto. Y para Davis, eso pudo ser el final de su carrera.
Los Panthers lo retiraron de los entrenamientos. Davis fue al Centro Emory Vascular y de Corazón en Atlanta. El equipo envió sus registros médicos a clínicas de corazón por todo el país. Davis rezó. Eventualmente, el consenso de los doctores fue que la condición de Davis era tan buena, que no necesitaba cirugía. Se somete a un examen de estrés cada temporada para estar seguro.
"Fue un momento difícil", sostiene. "Ya sabes, haber jugado durante tanto tiempo, en alto nivel y saber qué --así de fácil-- se podía terminar. Te cambia la forma de ver las cosas".
Después de todas la cirugías, todo el dolor, rescató un mensaje subrayado: su rodilla podrá ceder y ceder, pero su corazón es fuerte.
Los Panthers vencieron a los Giants 38-0 el 22 de septiembre y, después del juego, Davis buscó al esquinero de los Giants, Terrell Thomas, para abrazarlo. Después, Davis tomó a Thomas de los hombros y le mostró cómo acomodarse para que sus rodillas no soportaran todo el peso. Da ese paso extra, dijo Davis. No puedes jugar como antes.
Thomas es el segundo miembro del club solitario de Davis. El año pasado, Thomas se rompió el ACL por tercera vez, y este año se convirtió en el segundo jugador --detrás de Thomas-- en regresar a la NFL tras dichas lesiones. Ahora hablan e intercambian mensajes sobre ejercicios y motivación.
"No sabía cómo lo podría superar", dice Thomas. "Simplemente sabía el trauma. TD me ayudó a ver más allá y hacia el futuro. Mi hija nunca me pudo ver jugar hasta antes de esta temporada, ¿sabes? Ahora ya pudo. Le puedo contar estas historias y decirle, 'nunca te des por vencida'".
Hay un costo por no darse por vencido. Davis nunca creyó cuando los ancianos le decían que podían sentir en las articulaciones cundo estaba a punto de llover. Pero ahora lo siente, mira la ventana y ve las nubes acercándose.
Su rodilla también le ha costado financieramente. Los Panthers reestructuraron su contrato en el 2012, cuando no era claro si podría jugar nuevamente. Cedió un bono de 8 millones de dólares y firmó por el mínimo de veteranos, que es de 700 mil dólares. Este año jugará por un salario base de 1.5 millones de dólares, con los bonos que podrían incrementarlo hasta 5.3.
Sin embargo, ni siquiera sabía si los Panthers lo aceptarían de regreso. Después del tercer rompimiento, se reunió con el propietario Jerry Richarson y el entonces gerente general Marty Hurney para pedir otra oportunidad. El coach de los Panthers, Ron Rivera --un tipo duro, apoyador en los Bears campeones bajo Mike Ditka-- afirma que se le ha hecho un nudo en la garganta dos veces desde que está al frente de los Panthers. Una vez cuando un veterano discapacitado habló con el equipo. La otra fue cuando Davis les pidió volver a jugar.
Los atletas tienen esta relación extraña con el tiempo. Davis pasó casi tres años de su pasado recuperándose de lesiones. Pasa incontables horas solitarias protegiendo su futuro en la NFL, trabajando sus cuádriceps y sus muslos; sus músculos de la cadera para salvar ese pequeño hilo de fibras que mantiene su rodilla derecha íntegra. Pero todo ese tiempo se dedica a desplazar el propio tiempo. Ha portado una protección de rodilla en el campo desde su primera lesión hace cuatro años. Pero si supera bien esta lesión, se lo quitará el próximo año. La rodillera le hace pensar en su rodilla sobre el campo. En el momento, cuando está corriendo hacia un mariscal de campo o chocando con un ala cerrada, no puede pensar sobre cuánto le tomó regresar o cuándo tiempo le queda.
Hay una pregunta que resulta natural: ¿Qué pasa si te rompes un ligamento por cuarta ocasión? Se muestra un poco debatido. Davis dice que realmente no lo ha pensado.
Pero un poco más adelante, habla sobre crecer en Georgia y jugar béisbol con sus amigos en la calle en los patios. Comenzó a darse cuenta que era mejor en los partidos que el resto de sus amigos. Y eso lo hacía jugar aún más. Jugaba hasta que encendiera las luces de la calle.
"Ya sabes. Era un chico determinado a quedarme todo el día allá afuera".
