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Carroll: La peor jugada en la historia del Super Bowl

GLENDALE, Ariz. -- Se suponía que Pete Carroll fuera la cara feliz de la NFL, el tipo que devolvió la diversión a una liga en donde no existía. Estaba a una sola yarda de Marshawn Lynch para llevarse sus campeonatos consecutivos a Jimmy Kimmel o Jimmy Fallon o David Letterman -- o a todos -- y probarle al mundo que uno podía ganar dos títulos mundiales actuando cono un niño en una tienda de golosinas.

Todo lo que Carroll tenía que hacer era aplicar un poco del sentido común en los últimos segundos del Super Bowl XLIX, pero no, eso era demasiado. Carroll ya los había ganado todo con los Seattle Seahawks y los USC Trojans. Ya se había ganado el respeto incondicional de su oponente, Bill Belichick, quien conocía a Carroll como un líder que inspiró a Seattle "a competir tan bien o mejor que cualquier otra organización que he conocido".

Carroll solo tenía que tomar una decisión que cualquier otro coach habría tomado. Lynch estaba en lo suyo, corriendo por encima de los New England Patriots y cargando a los Seahawks rumbo al primer campeonato consecutivo desde que Belichick y Tom Brady lo lograron en otra vida. Lynch ya tenía 102 yardas por tierra y un touchdown a su nombre y acababa de poner a Seattle en la yarda 1.

El juego estaba gano. Habían dominado a Brady y Belichick, quienes habrían perdido su tercer Super Bowl consecutivo después de haber ganado sus primeros tres, y lo iban a hacer en el University of Phoenix Stadium por culpa de una atrapada de Jerome Kearse que quizás fue más ridícula que la de David Tyree hacía siete años en el mismo edificio.

Carroll estaba a punto de probar que podría gobernar un juego con una sonrisa y estaba a punto de probar que podría robarle el genio de las X's y los O's a una de las leyendas. En la jugada previa, faltando 1:06, Seattle le dio el balón a Lynch y Belichick no utilizó uno de sus tiempos después del acarreo de cuatro yardas, que permitó a los Seahawks llevar el reloj hasta los 26 segundos antes de ejecutar lo que sería la jugada obvia.

Carroll y su coordinador ofensivo, Darrell Bevell, le darían el balón al Earl Campbell de nuestra generación y Lynch anotaría el touchdown de la victoria para dejarle claro a todo el mundo que "ahora saben el por qué estoy aquí".

Pero algo extraño ocurrió. Comenzó a llover en la parada de Seattle. En vez de notarizar su lugar como un igual a Belichick, Peter Clay Carroll tomó una de las peores decisiones en la historia del Super Bowl.

Le pidió a su quarterback, Russell Wilson, que lanzara un pase. Wilson intentó conectar con Ricardo Lockette en un slant, y un novato que jugó colegial con West Alabama y que no fue seleccionado en el draft y de nombre Malcolm Butler interceptó el balón para darle a los Seahawks el golpe mortal que ellos mismos le habían dado a los Green Bay Packers en el Partido de Campeonato de la NFC.

"No hay nadie a quien culpar por esto excepto a mi", dijo Carroll a su equipo en el camerino.

Y esta se la tendrá que llevar hasta la tumba.

"Yo tomé la decisión", dijo Carroll, exculpando a Wilson y Bevell. "Dije, 'tira la bola' y nos fuimos con la jugada que pensamos nos daría la oportunidad de entrar en la zona de anotar. Teníamos la formación que queríamos, pero no funcionó. Ellos hicieron una mejor jugada que nosostros".

Y en tanto que Carroll tomó la ruta honorable al asumir toda la responsabilidad, también enfatizó que tomó la decisión correcta. El entrenador de Seattle dijo que envió a tres receptores para esa jugada al darse cuenta que New England estaba enfatizando a Lynch y decidió hacer un tiro en el segundo down para luego correrla en tercero y cuarto, si era necesario.

"Íbamos a ganar el partido", dijo Carroll.

Carroll en realidad estaba buscando un pase incompleto. Pensó que no era la gran cosa.

"Así que en el segundo down lanzamos el balón en realidad para botar una jugada", dijo.

Si. En efecto, Carroll sí dijo eso. Con menos de un minuto por jugarse y abajo 28-24 en un Super Bowl, él pensó que botar una jugada era una buena estrategia porque Lynch estaba ahí ahí para limpiar el bache.

Pero todo entrenador, jugador y fanático sabe que un pase incompleto no es el único mal resultado posible cuando un quarterback pasa el balón. Lo pueden capturar. Puede perder control y permitir un balón suelto. O, puede ser interceptado por un novato que jugó colegial en West Alabama.

"Sabía que la iban a tirar", dijo Butler.

Así que se movió frente a Lockette y ganó el primer título de Super Bowl para New England en 10 años.

"Cuando la solté", dijo Wilson. "Pensé que terminaríamos el partido".

Y en eso tenía razón. Brady sería nombrado el Jugador Más Valioso lanzando para cuatro touchdowns y borrando un déficit de 24-14 en el cuarto final y Carroll le dir[ia a sus jugadores que todo fue su culpa.

No tenía que terminar así. Butler no tenía que ser el novato héroe del cual todo el mundo hablaría. Carroll tenía un receptor, Chris Matthews, quien no había logrado una atrapada en la NFL y estaba imitando a Jerry Rice, siguiendo su ritmo desde que que recuperó el balón suelto contra Green Bay. Matthewws trabajaba en un Foot Locker cuando recibió la llamada de los Seahawks al igual que Kurt Warner trabajaba en un supermercado Hy-Vee antes de que ganara sus anillos con los Rams.

Carroll mató su propio cuento de hadas.

"Era una buena jugada", insistió sobre el pase que fue interceptado.

Fue la peor jugada en la historia del Super Bowl.