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Tras arremeter contra Slot, la despedida de Salah en Liverpool estará lejos de ser armoniosa

Quizás sea apropiado que una temporada de Liverpool marcada por el drama tardío tenga un último giro en la historia.

Con solo unos días por delante para el final de lo que ha sido una campaña tumultuosa para los vigentes campeones de la Prmier League, Mohamed Salah —quien se dispone a bajar el telón de una brillante carrera en Anfield cuando juegue su último partido el domingo antes de marcharse como agente libre este verano— ha preparado el terreno para un cierre de temporada intrigante al volver a aumentar la presión sobre el asediado entrenador Arne Slot.

El sábado, menos de 24 horas después de la humillante derrota por 4-2 de Liverpool ante Aston Villa, Salah recurrió a las redes sociales para hacer públicas sus frustraciones con la insípida defensa del título de los Reds ante sus legiones de seguidores online.

“He sido testigo de cómo este club pasó de escépticos a creyentes, y de creyentes a campeones”, escribió el internacional egipcio. “Requirió trabajo duro y siempre hice todo lo que pude para ayudar al club a llegar ahí. Nada me hace sentir más orgulloso que eso".

“Que nos derrumbemos en otra derrota esta temporada fue muy doloroso y no es lo que nuestros hinchas merecen. Quiero ver a Liverpool volver a ser el equipo ofensivo de heavy metal que los rivales temen y volver a ser un equipo que gana trofeos".

“Ese es el fútbol que sé jugar y esa es la identidad que necesita recuperarse y mantenerse de forma permanente. No puede ser negociable y todos los que se sumen a este club deberían adaptarse a ello”.

A simple vista, Salah plantea puntos relevantes. Para un equipo que ganó el título con una ventaja de 10 puntos la temporada pasada, Liverpool ha quedado muy por debajo de las expectativas esta campaña, incluso considerando factores atenuantes importantes.

Si bien la clasificación a la UEFA Champions League todavía puede asegurarse con una victoria sobre Brentford este fin de semana, los Reds han rendido claramente por debajo según casi todos los indicadores posibles. La lista de registros negativos logrados por el equipo de Slot esta temporada resulta incómoda para el neerlandés: 19 derrotas (la mayor cantidad desde 2009-10) y 52 goles recibidos en liga (la mayor cifra en más de un siglo), por mencionar algunos.

Los sentimientos de Salah han resonado no solo en la afición —que se ha desilusionado con la gestión de Slot— sino también con varios de sus compañeros. Al momento de escribir, 12 miembros del plantel, incluidos seis de los que jugaron en Villa Park el viernes por la noche, han dado “me gusta” a la publicación en Instagram, lo que sugiere que las dudas del delantero también son compartidas por otros integrantes del vestuario de Liverpool.

Como se lo mire, la imagen no favorece a Slot, quien a lo largo de los últimos nueve meses ha dilapidado gran parte del apoyo que merecidamente se había ganado al guiar a los Reds al título la temporada pasada. Y sin embargo, eso no significa que los métodos de Salah aquí sean completamente desinteresados, ni que estén exentos de críticas.

El enfrentamiento del jugador de 33 años con Slot ha aportado una subtrama poco digna a una temporada que ya tenía su cuota de desafíos, dentro y fuera del campo. El pasado diciembre, tras ser relegado al banco por tercer partido consecutivo, Salah dio una entrevista incendiaria a los periodistas en Elland Road luego del empate 3-3 de Liverpool con Leeds United.

“Creo que está muy claro que alguien quería que yo cargara con toda la culpa”, dijo Salah. “Ya dije muchas veces que tenía una buena relación con el entrenador, y de pronto dejamos de tenerla. No sé por qué, pero me da la sensación, desde mi punto de vista, de que alguien no me quiere en el club. Parece que el club me ha dejado caer. Así es como me siento”.

Fue apenas la cuarta vez en más de ocho años que Salah se detuvo en la zona mixta postpartido para conceder una entrevista a la prensa escrita, y su exabrupto estuvo claramente impulsado por la creencia de que había sido utilizado como chivo expiatorio por el mal momento de su equipo.

Quizás en ese caso también había algo de verdad en sus afirmaciones. Al fin y al cabo, Liverpool ha ganado el 61% de sus partidos con Salah como titular esta temporada, frente al 35% sin él.

Está lejos de ser el único problema de los Reds, aunque incluso sus defensores más fervientes tendrían que admitir que su propio nivel de rendimiento ha caído drásticamente este curso, con su actual registro de nueve goles y 12 asistencias en todas las competiciones encaminándolo claramente hacia su temporada menos productiva con la camiseta de Liverpool. Además, como uno de los atletas más mediáticos del planeta, es natural que las contribuciones de Salah, tanto positivas como negativas, reciban una atención externa mayor que las de sus compañeros menos destacados.

Tras sus comentarios sobre el partido con Leeds, el delantero fue excluido del plantel para un decisivo choque de Champions League ante Internazionale. Pero, pese a su ausencia en San Siro, 26 de las 34 preguntas formuladas a Slot y al arquero Alisson Becker en la conferencia de prensa previa al partido fueron sobre Salah.

Haya sido o no su intención, el internacional egipcio se convirtió en la historia, tal como lo ha hecho nuevamente aquí. Una semana que debería centrarse en la celebración de su notable legado —y el del lateral izquierdo Andy Robertson, que también está listo para jugar su último partido con Liverpool este fin de semana— se ha transformado ahora en un caldo de cultivo para más hostilidad y tensión en una afición que ya está preocupantemente fragmentada.

Nadie vinculado al club necesita que le digan que esta temporada no ha sido lo suficientemente buena, ni que las cosas deben mejorar el próximo curso. El compromiso de Salah con Liverpool no puede ponerse en duda y sus evidentes preocupaciones sobre la dirección del club —así como las de sus compañeros— deberían ayudar a orientar las decisiones que tomen los propietarios Fenway Sports Group (FSG) y el director deportivo Richard Hughes este verano.

Sin embargo, ningún jugador —por más grande que sea su estatura— debería poder dictar el futuro de un entrenador. Cristiano Ronaldo intentó hacerlo en Manchester United en noviembre de 2022, cuando dio una entrevista explosiva al periodista Piers Morgan en la que afirmó no tener respeto por el técnico Erik ten Hag.

En cuestión de semanas, el contrato de Ronaldo con United fue rescindido y encontró un nuevo desafío en Al Nassr, en Arabia Saudita. No importó que su falta de confianza en Ten Hag terminara siendo validada por la destitución del neerlandés menos de dos años después; la realidad es que empoderar a estrellas para que incurran en este tipo de maniobras de poder rara vez acaba bien para un club.

Salah siempre ha sido hábil para elegir los momentos pertinentes para hablar y no es casualidad que lo haya hecho en un momento en el que la imagen de Slot ante la afición está en su punto más bajo. Las referencias del egipcio al fútbol de “heavy metal” y a convertir a los hinchas de “escépticos en creyentes” —ambas frases acuñadas por Jürgen Klopp— apelan directamente a la nostalgia de una hinchada que anhela el regreso de los días de gloria bajo el predecesor de Slot.

Para muchos, tiene poca relevancia que tanto Salah como Klopp hayan reconocido que su relación mejoró notablemente ahora que ya no trabajan juntos, ni que Salah alabara el estilo de juego más controlado de Slot cuando daba resultados para él y para el equipo la temporada pasada.

En el mundo partidista del fútbol, donde el apoyo a un jugador o entrenador a veces puede imponerse a la lealtad al club en su conjunto, hay que trazar líneas y tomar partido.

El propio Slot reforzó esa idea a comienzos de este mes cuando, al ser consultado por la sugerencia de Salah de que los estándares en Liverpool debían mantenerse en su ausencia, señaló que “los estándares no solo son importantes en el gimnasio”.

Fue un comentario innecesario que solo avivó el fuego, aunque quizás Slot —al igual que Salah— simplemente sintió el impulso humano de defenderse tras ser atacado desde todos lados.

En su mayoría esta temporada, el neerlandés se ha mantenido públicamente respetuoso con el delantero, aunque su diplomacia probablemente será puesta a prueba nuevamente cuando ofrezca una conferencia de prensa previa al partido contra Brentford más adelante en la semana.

“Si yo fuera Arne Slot, no querría a [Salah] ni cerca del estadio en el último partido”, dijo la leyenda del Manchester United Wayne Rooney en su podcast de la BBC el lunes. “Me pasó con Alex Ferguson. Tuve un desacuerdo y un distanciamiento y en el último partido de Alex Ferguson en Old Trafford, me dejó fuera del plantel por esa razón”.

Sin embargo, Slot sabrá que cualquier postura que adopte generará críticas. Con su posición ya en una situación delicada, incluir a Salah en el plantel ante Brentford y permitirle su despedida en Anfield parece el camino más seguro.

Se trata de una situación triste y desordenada y no hay una solución mágica para todos los problemas de Liverpool. Quizás la realidad sea que dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

Slot puede ser un entrenador talentoso que merece un enorme respeto por su trabajo la temporada pasada, pero cuyo futuro a largo plazo merece ser evaluado. Del mismo modo, Salah puede ser una leyenda de Liverpool profundamente comprometida con el futuro del club, pero también un futbolista incapaz de reconciliarse con la realidad de que sus capacidades están en declive.

Este es un momento de enorme incertidumbre en Anfield. Lo único que no admite dudas es que, en esta situación, no puede haber ganador.