Jugadores de la NFL han sucumbido ante la presión por protestar

El jugador y agente libre Eric Reid indicó que ya no protestará durante la ceremonia del himno de Estados Unidos. Getty Images

Esta historia aparece en la edición en inglés del próximo 23 de abril de ESPN The Magazine. ¡Suscríbete hoy!

De Robinson a Ali, el poder del activismo de los deportistas siempre ha tenido como raíz su imperativo moral.

La reciente ola de activismo no ha sido distinta, motivada por momentos como el de agosto de 2014, cuando la policía de Ferguson disparó y mató a Michael Brown y dejó su cuerpo en la calle por horas bajo el intenso calor veraniego. O cuando la policía ahogó a Eric Garner hasta provocar su muerte ese mismo verano o cuando mató a Philando Castile y Terence Crutcher en 2016.

La gente salió a la calle para protestar contra la violencia. Jugadores como Colin Kaepernick y Eric Reid se les unieron y protestaron en los campos de futbol americano.

El mundo deportivo hizo lo mejor que pudo para poner fin a las protestas con la ayuda de los medios que se rehusaron en gran medida a entender la revuelta y por la voluntariosa ignorancia de los dueños de equipos y los aficionados que nunca creyeron que esta parte de lo que es Estados Unidos fuera un problema.

Sus esfuerzos parecen haber tenido éxito. Kaepernick aún no tiene trabajo. Reid, safety agente libre, dijo el 22 de marzo que si algún equipo lo contrataba, no seguiría arrodillándose para protestar contra la brutalidad policiaca como lo hizo durante dos años. Al día siguiente, Malcolm Jenkins, Anquan Boldin y Devin McCourty, tres miembros de la Coalición de Jugadores –grupo de jugadores activistas que en noviembre negociaron con los dueños de equipos en una sociedad de $89 millones para contribuir a causas sociales—ofrecieron una plática en un seminario de Harvard sobre reformas al sistema de justicia.

Al hablar sobre las protestas en el campo, McCourty dijo al diario USA Today, “Ese fue el vehículo que usamos para atraer la atención, pero protestar de alguna forma cada semana en el campo no va a evitar que un niño afroamericano sea asesinado”.

Los jugadores han sucumbido claramente a la prolongada hostilidad contra su causa y terrible ausencia de atención a la misma. Su sindicato es ambivalente ante las protestas, incluso si sus empleos son amenazados.

Kaepernick, el héroe de la gente que nunca quiso realmente ser el líder de la gente, aún es una inspiración incuestionable para millones, pero no ha hablado nacionalmente en más de un año. En este lapso, su urgencia moral ha sido usada de otra forma. Sin disposición a emparejar solidaridad laboral con la protesta, los jugadores permitieron que Kaepernick muriera profesionalmente, sacrificando su único temor: el poder de los números.

La coalición dijo que su sociedad no fue un acto de tomar y dar algo a cambio para poner fin a las protestas, pero es en eso en lo que se convirtió.

Los jugadores tomaron el dinero de los dueños sin preguntar si era algo justo. Kaepernick y ahora posiblemente Reid, quien se mantiene sin ser contratado ya en abril, han sido el costo humano de eta situación y todos parecen aceptarlo.

Aún cuando los jugadores llegaban a acuerdos con los dueños –los mismos propietarios que han sido históricamente deshonestos con ellos sobre los riesgos de jugar al futbol americano, hombres que los han calificado de “prisioneros” y los amenazan como dispensables – niños de Parkland hasta Chicago, cansados de la violencia con armas, muchos inspirados por Kaepernick, fueron precisamente al lugar al que los jugadores negociaron evitar ir: a las calles.

Los niños salieron y marcharon. Incorporaron a niños de Columbine, que ahora son adultos, y a los padres de Sandy Hook. Cuando los niños afroamericanos afectados por la violencia con armas se sintieron omitidos, se metieron a la pelea, se hicieron ´visibles. El movimiento incorporó a militares veteranos que compartieron sus opiniones sobre el control de armas, una alianza estratégica que oscureció la violencia de la guerra constante, pero que silenció acusaciones de que los niños eran antipatriotas.

Los niños enfrentaron ataques por su lado, no sólo al nivel de hostilidad que enfrentaron los jugadores que protestaron. Los niños y adolescentes, lentamente conectan los puntos que llevan de la violencia por armas a la violencia doméstica, a la violencia policial, puntos que los jugadores estaban muy dispuestos a desconectar.

Los niños movieron a Estados Unidos sin rogarle a los poderosos millonarios por dinero –o por tener su movimiento manejado por compañías entrometidas. Su éxito ilumina la falla de los jugadores, pues al mismo tiempo que la coalición habló de manifestaciones en Harvard, el imperativo moral de hacerlo sólo ha aumentado.

En Baltimore, cuando Freddie Gray murió bajo la custodia de la policía, dos oficiales fueron encontrados culpables de corrupción y seis otros se declararon culpables del mismo cargo. La policía de Houston mató a Danny Ray Thomas, otro afroamericano que no estaba armado. Cuatro días antes, la policía de Sacramento mató a Stephon Clark en el patio trasero de la casa de su abuela, al dispararle varias veces en la espalda. Los fiscales de Lousiana informaron que el policía de Baton Rouge ue mató a tiros a Alton Sterling en 2016 –la muerte que provocó el activismo de Reid y Jenkins—no sería acusado.

Por su acuerdo, los jugadores de la NFL ahora lucen como seguidores que se conformaron por un cheque bancario en vez de tener la estamina para mantenerse en las calles, donde los movimientos sociales siempre son más peligrosos.

Quizá sea lo correcto. Los niños parece que no necesitan a los jugadores.