La historia de cómo un asistente de Miami no renunció a sus sueños

CORAL GABLES, Florida -- Ephraim Banda comparte su historia ateniéndose estrictamente a los hechos, y establece cómo pasó de ser barman a jugador de futbol universitario a los 25 años, a subordinado de Mack Brown, a asistente de Mark Richt. Sin hacer pausa dice: "¡Ahora, esta es la parte más interesante de todas!”.

Porque en su humilde opinión, hizo lo necesario para conseguir lo que quería. Banda tal vez tenga la historia de éxito más improbable del futbol colegial. La dificultad consiste en decidir qué parte de su historia es la más improbable.

"Como lo hizo Ephraim, tienes que prácticamente tirar la puerta a patadas", dijo Manny Díaz, coordinador defensivo de Miami. "Algunas personas reciben una verdadera oportunidad".

Se podría decir que sus antecesores hicieron lo mismo. Sus bisabuelos paternos inmigraron a los Estados Unidos de Nuevo León, México. Su abuelo materno nació en un furgón en Somerset, Texas; su abuela materna también nació en México.

De niño, en San Antonio, Banda amaba los deportes, en especial el futbol americano. Jugaba de esquinero en Taft High School, donde su coordinador defensivo, Don Lloyd, confiaba en él para ser un entrenador en el campo. Banda se define como un buen jugador, aunque no grandioso.

"Tenía un sólido conocimiento de las cosas que estábamos haciendo defensivamente", dijo Lloyd. "Era bueno alineando a los muchachos. Tenía buenas habilidades de comunicación, capacidad de liderazgo y era un vínculo entre sus compañeros de equipo y yo. Asumía muchas responsabilidades porque quería".

Banda era demasiado pequeño, 1.75 m, pero recibió algunas ofertas de becas en escuelas más pequeñas. Las rechazó y decidió asistir a la universidad técnica y, posiblemente, continuar en algún otro lugar. El día que se graduó del bachillerato, se marchó de la casa de su padre y comenzó a trabajar y a vivir independientemente mientras tomaba clases.

Decidió convertirse en barman y se dio cuenta de que era realmente bueno, y que podía ganar suficiente dinero para cubrir el costo de sus clases y gastos para vivir. Cuando no estaba trabajando o en la escuela, Banda se mantenía en forma para jugar futbol americano, participaba en ligas amateur con equipo completo, con jugadores que solo intentaban mantenerse en contacto con el deporte.

Banda fundó uno de estos equipos en San Antonio, los Rhinos, y trabajó como jugador/entrenador. Los juegos no eran para los débiles de corazón.

"Es futbol agresivo y duro", dijo su padre, Dan. "Parecía más una pelea en jaula. Vi cómo se le arrancaba un dedo a uno de los jugadores de la defensa".

Pero Banda estaba decidido a jugar futbol americano colegial. Tuvo la oportunidad en el 2007, cuando decidió estudiar en Incarnate Word, una pequeña escuela en San Antonio. Tenía 25 años. Ya que Banda no estaba becado, tuvo que seguir trabajando como barman para pagar las cuentas.

"No le iba a pedir a mi padre o madre", dijo Banda. "Pedí préstamos y para lo que no podía pagar, tenía que sacar el dinero del bar. Ser barman era lo único que podía hacer de noche, después del entrenamiento, para ganar suficiente dinero como para pagar la matrícula".

Banda aún recuerda la primera reunión del equipo en Incarnate Word, y atravesar la tierra y la grava que finalmente se convertirían en el campo. El edificio incompleto aún tenía plástico colgado de las ventanas. Le llamaba la atención la idea de ayudar a iniciar el programa de futbol americano, y aprendió una lección que todavía lleva consigo: "No es lo que no tienes. Simplemente tienes que hacer que funcione".

Era el estadista veterano del equipo y el cuerpo técnico confiaba en que Banda sería líder. También obtenía algo del personal. Banda sabía que no podía jugar mucho más tiempo, así que expresó su deseo de convertirse en entrenador de futbol colegial.

No sería fácil, no con el ritmo de vida que llevaba. Banda trabajaba hasta tarde en el bar. Unas horas más tarde, tenía que estar en el campus para entrenar o hacer ejercicio. En ocasiones, eso significaba dormir en su auto o quedarse en el sofá de algún amigo. O a veces, no dormir nada.

"Descubres que tu cuerpo no necesita dormir mucho para funcionar, como el ejército", dijo Banda. "Cuando estás decidido y tienes un objetivo y no te desvías, haces todo lo posible".

Banda finalmente consiguió una beca, pero su carrera terminó cuando se lesionó una rodilla en un juego en el 2010, a los 28 años. La lesión le permitió dedicarse por completo a convertirse en entrenador. Trabajó como asistente graduado en Incarnate Word, mientras vigilaba otras oportunidades.

Fue entonces cuando tuvo dos golpes de suerte. César Martínez, entrenador asistente de fortalecimiento y condicionamiento físico en Incarnate Word, consiguió un trabajo en Texas. Banda le pidió a Martínez que casualmente mencionara su nombre al cuerpo técnico. La Asociación Atlética Nacional Universitaria (NCAA) había duplicado los puestos de asistentes graduados de dos a cuatro, y Banda vio una oportunidad.

Martínez colaboraba estrechamente con el entonces asistente de Texas, Duane Akina, quien entrenaba esquineros. Un día después de una reunión, Martínez preguntó sobre la vacante de asistente graduado. Akina recordó que Martínez dijo: "Entrenador, tengo un amigo al que le encantaría venir aquí. Siente una gran pasión por el futbol americano. Sería un sueño hecho realidad para él".

"¿Trabaja igual de duro que tú?", preguntó Akina.

"¡Sí señor!", dijo Martínez.

"Dile que está contratado", dijo Akina.

Banda causó su propia primera impresión, al asistir a una convención de entrenadores en el estado. Procuró chocar "accidentalmente" con Díaz, el coordinador defensivo de Texas en aquel entonces.

"Sabía que conocían a César, así que era fácil iniciar una conversación", dijo Banda.

Además, Banda envió 150 cartas a escuelas de todo el país pidiendo trabajo. Recibió cero ofertas a raíz de esas cartas. Una sola escuela lo quería: Texas. Así que llegó a Austin en el 2012, para trabajar con Brown y Díaz.

"Vaya extremos", dijo Banda. "Pasé de un programa sin dinero, donde compartía mi casillero con otro jugador, tal vez tenía un par de shorts y compraba mis propios zapatos. Después le das la vuelta, y la siguiente primavera estás en la Universidad de Texas. Era una locura". Banda trabajaba largas horas como asistente graduado, mientras asistía a la escuela de posgrado, ganado prácticamente nada mientras intentaba pagar las cuentas. Ser barman no era una opción.

Para complicar aún más las cosas, Brown despidió a Díaz después de apenas dos juegos de la temporada 2013. Después todo empezó a ir cuesta abajo para Brown. Banda comenzó a preguntarse si debía renunciar.

"El último año de Mack Brown fue duro", dijo Banda. "Fue complicado superarlo y me resultaba difícil no tener al entrenador [Díaz] ahí. Hubo muchas noches largas y algunas dificultades".

Banda se fijó como meta obtener dos títulos, así que siguió luchando. Cuando Charlie Strong fue contratado en el 2014, Díaz le hizo a Banda una recomendación: "Le dije que debía ser un apoyo para Charlie". Strong mantuvo a Banda como asistente graduado.

El siguiente año, Banda tuvo la oportunidad de ser entrenador de control de calidad con Díaz en Mississippi State. Díaz siempre sintió afinidad con él gracias a que tenían historias similares (ambos aceptaron trabajos fuera de los círculos técnicos) y sus filosofías defensivas compartidas.

Una vez que Díaz asumió el puesto de coordinador defensivo en Miami, supo de inmediato que necesitaba un entrenador en particular en su cuerpo técnico: Banda. Díaz convenció a Richt de que contratara a Banda como entrenador de profundos, dándole a Banda su primer trabajo como asistente a tiempo completo, menos de cinco años después de su llegada a Incarnate Word.

"Es muy trabajador. Haría cualquier cosa", dijo Díaz. "Estaba dispuesto a hacer un esfuerzo adicional para ayudar a los jugadores con su aprendizaje y comprensión".

Llámalo buena fortuna. Se podría decir que fue el momento oportuno. O tal vez buen trabajo. Llámalo como quieras. Banda explica su crecimiento de la siguiente manera: "Sé leal, toma buenas decisiones, rodéate de la gente correcta, sé honesto y trabaja duro".

Akina señala algo más.

"Es muy difícil como entrenador de secundarios a una edad joven avanzar tan rápido como él lo ha hecho porque es una posición realmente crítica", dijo. "Si cometes un error allá atrás, son puntos. La gente debe confiar en ti. Mark Richt contrató a Ephraim por recomendación de Manny Díaz y eso dice mucho de Ephraim y su perseverancia. Le espera un futuro brillante. Creo que su carrera va a despegar. Es posible que le vaya a pedir trabajo en el futuro".

Banda aún tiene deudas por saldar. Sigue manejando el mismo automóvil de la universidad, un Toyota Corolla. Aún le hacen mucha gracia aquellos que se sorprenden al escuchar la historia de su incipiente carrera. Para Ephraim Banda, no ha habido tiempo para comprender plenamente la improbabilidad de todo.

"La gente siempre dice eso", comenta Branda. "Tal vez en veinte años o cuando sea hora de guardar el silbato, miraré hacia atrás. Ahora mismo, estoy en una misión".