Antes de Michigan y los reflectores, su madre lo enseño a aspirar a lo grande. Ahora, el llamado "LeBron dominicano" traerá esa lección a la NBA.
Yaxel Lendeborg jamás imaginó jugar al baloncesto universitario, y mucho menos hacerlo en el desierto de Yuma, Arizona.
Ese plan surgió de su madre, Yissel Raposo, cuya convicción sobre el camino que vislumbraba para su hijo era demasiado fuerte como para verse afectada por la manifiesta falta de interés de este en seguirlo.
Desde su casa en Nueva Jersey, Raposo, mediante llamadas telefónicas y correos electrónicos, ayudó a conseguir una beca para Lendeborg en el Arizona Western College y, a pesar de sus protestas, lo llevó al aeropuerto para que jugara en un colegio universitario comunitario (de dos años) a menos de 24 kilómetros (15 millas) de la frontera con México.
“Definitivamente no quería ir”, dijo Lendeborg . “Le rogué y le supliqué que no me llevara. Cuando llegué a Arizona, fue un choque cultural total. Nunca me había separado de mi madre [hasta ese momento], así que estar allí solo fue horrible”.
Seis años después, un hombre que en su día parecía contento con trabajar en un almacén tras salir del instituto, aprovechando su estatura de 2.06 metros (6 pies 9 pulgadas), ahora cuenta con un currículum que incluye una mención All-America de colegio universitario comunitario, un campeonato de la NCAA, un trofeo al Jugador del Año de la conferencia Big Ten y una proyección que debería llevarlo a ser elegido en la primera ronda del draft de la NBA del mes que viene.
Pero antes de que Lendeborg pudiera alcanzar esas cotas, Raposo tuvo que conseguir que pensara en grande y que viera el baloncesto como una vía de escape en lugar de la "obligación" que había sido durante casi toda su infancia.
Lendeborg recordó el momento en que comprendió la importancia de seguir el ejemplo de su madre. A los 17 años, cuando se sentía perdido y sin rumbo, su madre rompió a llorar al ver su apatía. Aquel momento le dejó algo claro: Él necesitaba enderezar su vida para dejar de lastimar a la persona que más amaba.
“Si me hubieras visto hace cinco años, no pensarías nada de aquel chico”, dijo Lendeborg , que ahora tiene 23 años.
Mientras él se esforzara al máximo en la cancha, Raposo igualaba su energía en la banda. Encontró la manera de presentarlo ante cazatalentos y entrenadores, hablando con cualquiera que quisiera escucharla, pregonando el talento y el potencial de su hijo.
“Soy madre, y una madre siempre quiere lo mejor para su hijo”, dijo Raposo.
A finales del año pasado, el instinto maternal de Raposo también la llevó a mantener en secreto su diagnóstico de cáncer, ya que quería que Lendeborg se concentrara en su última temporada de elegibilidad universitaria.
Raposo, quien también fue jugadora de baloncesto, comprendía la importancia de la próxima temporada para su hijo, quien llegó a Michigan la temporada pasada como uno de los fichajes más destacados del país. Daba un salto significativo desde la Universidad de Alabama en Birmingham (UAB) y la Conferencia Americana a uno de los programas más importantes del baloncesto universitario.
Ella no quería distraerlo, pero al final sintió que ya no podía ocultarlo más.
“Tiré el teléfono al instante y me derrumbé”, dijo Lendeborg sobre la llamada en la que su madre le comunicó que tenía cáncer. “Sentí que mi mundo se venía abajo”.
Pero a Lendeborg aún le quedaba una temporada por jugar. La convirtió en una temporada de ensueño, llevando a Michigan a un campeonato nacional con un promedio de 15.1 puntos, 6.8 rebotes y 3.2 asistencias por partido, demostrando que su juego se adaptaba a los niveles más altos del deporte.
Fuera de la cancha, los fieles seguidores de Ann Arbor, Michigan, acogieron con entusiasmo a Raposo y su trayectoria, haciendo que su estrella brillara tanto como, o incluso más que, la de su hijo.
“¡Le dije a mi hija que me siento como una celebridad! Los niños, el cariño, el apoyo, todo eso me hace muy feliz”, dijo Raposo.
Ninguna de esas alabanzas se compara con la alegría que siente al ver al hombre en que se ha convertido su hijo.
“Cuando lo miro, le doy gracias a Dios por el hombre que tengo a mi lado. Le doy gracias a Dios por un hijo tan bueno”, dijo.
Lendeborg atribuyó sus logros a su madre, a quien describió como su reclutadora, representante y entrenadora.
“En cada vida, elegiría a la misma madre siempre”, dijo Lendeborg.
Lo que viene después será más grande: el escenario, los focos, lo que está en juego. Pero nada de esto existiría sin el trabajo que Raposo realizó mucho antes de que alguien conociera el nombre de Lendeborg o viera sus mejores jugadas.
Antes de Michigan. Antes de que se instalaran las redes. Antes de que la NBA se convirtiera en una realidad, ella le ayudó a vislumbrar un futuro que jamás había imaginado, y se aseguró de que lo persiguiera.
Mamá siempre tiene razón.
Créditos de producción:
Reportero: Jerry Bembry
Productor ejecutivo: Marques Miles
Editor de vídeo/EP: Tantus Branham
Coordinador de producción: Josh Miller
Productor/Editor: John Gotty
DP/Operador de cámara: Larry Moore
Editora de fotografía: Jessi Dodge
Fotógrafo: Justin Millhouse
Asistente de fotografía: Kyle Powell
Compañía productora: Moonlink Studios
