Las imágenes de Rudy Gobert, jugador del Utah Jazz, mofándose del coronavirus al tocar los micrófonos instalados en una rueda de prensa dos días antes de ser diagnosticado con la enfermedad, rápidamente se convirtió en un capítulo notorio dentro de la historia de cómo ha afectado la pandemia al mundo de los deportes.
Imagine entonces, si en vez de eso, la indiscreción habría sido usar el miedo a la pandemia para conseguir una ventaja para su equipo.
El retrato deportivo de la pandemia del H1N1 hace once años, fue precisamente esto. El futbolista mexicano Héctor Reynoso de las Chivas de Guadalajara fue captado fingiendo toser y estornudar sobre su rival durante un partido de Copa Libertadores disputado en Chile. El virus del H1N1 tuvo su origen en México, y el hecho de ver que un jugador del país afectado intentara intimidar a su rival causó controversia.
"Nos sacaron", dijo Reynoso en entrevista telefónica reciente con ESPN.com. "Los equipos no querían venir a jugar al país".
El novel coronavirus, también conocido como COVID-19, ha deteniendo el mundo en las últimas semanas, tal y como el H1N1 interrumpió la vida de México en 2009. Se estima que aquel virus fue responsable por la infección de entre 700 millones y hasta 1.4 mil millones de seres humanos, de acuerdo al Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades.
El virus originó en el pueblo de La Gloria, en el estado de Veracruz. Édgar Hernández, un niño de cinco años, fue identificado como el primer infectado a principios de abril de ese año. Un tercio de los 4,000 habitantes en La Gloria se enfermaron, y el gobierno mexicano estimaba en ese entonces que casi la mitad del pueblo viajaba hasta la Ciudad de México por razones laborales.
"Y así el virus llega o inicia en la Ciudad de México," dijo Salomón Chertorivski, el ex Secretario de Salud del país quien fue además parte del equipo de respuesta durante la pandemia del H1N1.
Cuando Gobert dio positivo el 11 de marzo para el COVID-19, la noticia inició una cadena que acabó con los deportes en Estados Unidos y en muchos otros países, algo parecido a lo que sucedió a menor escala en el 2009 dentro de México. En las primeras fases de la lucha contra el H1N1, el país entró en paro. Se pidió a la ciudadanía permanecer en casa, negocios y restaurantes fueron cerrados, y los eventos deportivos fueron suspendidos o disputados a puerta cerrada. Fue una pequeña probadita de lo que sucedería alrededor del planeta poco más de una década después. Además, la pandemia cayó en medio de una recesión económica global, y el GDP de México se desplomó 5.3 por ciento.
"Las primeras medidas que se toman en el 2009, son con muchas variables de incertidumbre", dijo Chertorivski. "Aquí nació esto y el precedente estudiamos que teníamos era que se venía algo muy fuerte, y teníamos que tomar medidas inmediatas con el aislamiento social".
Se prohibió asistencia de aficionados a partidos de futbol y de béisbol en áreas afectadas por el H1N1, con el objetivo de parar la propagación del virus. El gobierno entregó más de seis millones de mascarillas de tela en la Ciudad de México, ayudando a rebajar el número de casos positivos hacia el final de abril.
Antes de que se desarrollara una vacuna para el H1N1, los profesionales médicos recetaron el antiviral oseltamivir, conocido por su nombre comercial Tamiflu, para combatir los síntomas. Esa es una diferencia clave entre aquella pandemia y el COVID-19, ya que esta última no tiene un tratamiento definido y puede ser incluso, asintomático. Expertos en materia de salud presagian que pueden pasar hasta 18 meses para crear una vacuna en contra del coronavirus; aunque en el caso del H1N1 fue llevada a cabo apenas seis meses después de que la enfermedad haya sido clasificada.
Aunque las medidas contra el H1N1 tuvieron éxito, el resto del mundo le dio la espalda a los atletas y eventos conectados a México.
"Todavía en esos años las redes sociales no tenían la penetración que hoy tienen", dijo Chertorivski. "En ese entonces había miedo por la falta de información durante la pandemia".
Una exhibición de béisbol entre los Diablos Rojos de México y los Sultanes de Monterrey, a jugarse en el Dodger Stadium de Los Ángeles, fue cancelada. El A1 Grand Prix en la Ciudad de México tampoco se llevó a cabo.
Los clubes mexicanos en la edición de la Copa Libertadores, Chivas y San Luis, se retiraron de la competencia luego de las quejas por parte de los rivales sudamericanos. En los últimos minutos del partido disputado el 29 de abril entre Chivas y el Everton de Chile, Reynoso se acercó al delantero Sebastián Penco, quien momentos antes estuvo a nada de marcar un gol decisivo a favor de su club.
"Fue una reacción mía estratégica para sacarlo de concentración", dijo Reynoso. "Amagué con toserle y estornudarle. Y lo que me marcó la pauta para seguir haciéndolo fue que le dio miedo. Se echó para atrás como si de verdad estaba yo enfermo, lo seguí haciendo y hasta me dio un poquito de risa".
Reynoso persiguió a Penco el resto del partido, y funcionó. Everton no volvió a anotar, y el empate a uno permitió que Chivas avanzara a octavos de final.
"Se acabó el partido y muy poca gente de ahí se dieron cuenta, y pensé que ahí quedó".
Pero no fue así.
Las cámaras evidenciaron el acto de Reynoso. A pesar de que se disculpó, fue multado y suspendido por CONMEBOL. Poco tiempo después, la histeria del acto hizo que varios equipos manifestaran que no viajarían a México, y los clubes aztecas se tuvieron que retirar.
A pesar del pánico, los deportes y la vida misma volvieron a la normalidad en México pese a que la pandemia se movió al resto del planeta. En junio, la Selección Mexicana disputó la Copa Oro en Estados Unidos, y en octubre, la NBA llevó a cabo un duelo de pretemporada en Monterrey entre los Philadelphia 76ers y los Phoenix Suns.
En Estados Unidos, los únicos eventos afectados fueron a nivel amateur. El entonces presidente, Barack Obama, declaró una emergencia nacional en octubre cuando se confirmaron muertes en los 50 estados del país.
Ese mismo mes, los New York Yankees ganaron su más reciente título de Serie Mundial en seis juegos sobre los Philadelphia Phillies. El lanzador y miembro del Salón de la Fama Pedro Martínez lanzó cuatro entradas en el último duelo de esa serie, y reveló posteriormente que él y varios compañeros estaban enfermos con H1N1.
"Algunos de los muchachos tenían [H1N1] y tenían que aislarse. Yo también me enfermé", dijo Martínez. "No se dijo, pero la mayoría de nosotros estábamos enfermos".
La Organización Mundial de la Salud declaró un fin a la pandemia en agosto de 2010. La CDC estima que la cantidad total de muertes por el H1N1 está entre 151,700 y 575,400 personas. La mayoría de estos decesos ocurrieron en África y el sureste de Asia. Fuera de México, ningún otro país empleó medidas de distanciamiento social.
"El mundo debió tomar mayores medidas de aislamiento", dijo Chertorivski.
En 2020, la estrategia mundial para combatir el COVID-19 ha sido muy diferente, y el paro casi global del deporte es apenas uno de los pilares sociales afectados por la pandemia actual.
"Suspender los deportes es una señal de que algo está pasando y todos debemos estar alertas", dijo Alberto Díaz-Cayeros, director del Centro para Estudios Latinoamericanos en Stanford.
Tras el freno de los eventos atléticos a mitad de marzo, la oferta deportiva disminuyó, y muchos se dispusieron a ver la Liga MX, una de las pocas competencias en acción. El futbol mexicano permitió la entrada de espectadores hasta el 13 de marzo, aunque los próximos dos días los duelos se llevaron a cabo sin aficionados. La liga se detuvo definitivamente el 15 de marzo.
"Es ambicioso, pero sin duda es un riesgo", dijo Díaz-Cayeros, cuyo trabajo se enfoca en la conexión entre la política y la economía. "Y es bastante diferente a como se hicieron las cosas en la pandemia anterior".
"Es posible que estemos viendo un corto plazo en donde los deportes son más locales que internacionales".
