Jack Ramsay, mi padre y mi amigo

Chris Ramsay, izquiera, junto a su padre, el Dr. Jack Ramsay, trabajando en la Final de la NBA en Dallas frontrow.espn.go.com

Sin importar lo que digamos hoy acerca de Jack Ramsay, parecerá inadecuado. Será insuficiente.

Él tuvo una gran vida. Hizo muchas cosas enormes. Fue un gran hombre, muy generoso.

En su vida pública, él era famoso, un integrante del Salón de la Fama, un campeón. Tenía amigos originales llamados Cotton o Hubie, o apellidados Halberstam o Talese. Recorrió el mundo enseñando, dirigiendo y narrando. Él trajo a casa a Wilt Chamberlain para cenar.

Era un genio del básquetbol, un verdadero innovador. Inculcó un juego de equipo. Una forma pura de básquetbol. Compartir. Con el personal correcto, él era invencible. Le exigió a los mejores ser incluso mucho mejores: Billy Cunningham, Bob McAdoo, Bill Walton y Reggie Miller aprendieron de él como elevar sus niveles de juego. Posteriormente, lo verían hablar con Tim Duncan, Kobe, KG y D-Wade. Él les decía cómo ser mejores jugadores y compañeros. Todos escucharon y todos mejoraron.

Mi padre tenía un empuje, una determinación y una disciplina increíbles. Fue criado por su madre y tres hermanas mayores. Se convirtió en la estrella local de básquetbol y se ganó una beca para St. Joe's.

Se enlistó en la Naval en cuanto tuvo la edad suficiente y se convirtió en un "hombre rana" durante la Segunda Guerra Mundial. Entrenó para la invasión de Japón, pero la guerra terminó antes de que pudiera ver actividad. Cuando tenía 21 años, el Navy lo hizo capitán de un barco de provisiones que patrullaba el Océano Pacífico cerca de las Islas Marshall. Tenía 21 años y ya era capitan del Navy.

Escribió una tesis para logar su Doctorado y dirigió a un equipo al Final Four con cinco hijos menores de 12 años en su casa.

Condujo su motocicleta por la mitad del país en una semana. Aprendió cómo dominar el surf y se convirtió en alguien bastante bueno. Era un triatleta de gran nivel a los 70 años. Un verano mejoró su juego de golf, y luego ganó el campeonato en su club.

Su vida privada era normal y nada normal. Hizo las cosas que un padre y un esposo harían. Jugó básquetbol con nosotros afuera a la casa. Cortaba el césped. Nos llevaba a comprar helados en las noches del verano. Él y mi madre jugaban cartas con los vecinos. Nos llevaba a la iglesia los domingos.

Él y yo fuimos muy unidos. Luego de la universidad, lo seguí a Portland e Indiana. Pasamos mucho tiempo juntos en la costa de Nueva Jersey y en Florida. Él era el mejor amigo. Trabajamos juntos para ESPN en el Juego de Estrellas y cada Día del Padre en las Finales NBA. Él solía decir que yo era su jefe, pero en realidad yo aprendía de él. Aprendía cómo ser un hombre en este mundo. Aprendía todo.

Conforme envejeció, las cosas anormales comenzaron a surgir. Luego, se enfermó. Tumores en la cabeza, en los pulmones, problemas en la médula ósea, cáncer de piel, de vejiga, de próstata, problemas en el corazón, ceguera parcial, trombosis, picaduras de araña casi mortales, gota y herpes. Se sometió a una cirugía de hernias. Le removieron quistes de los párpados. Le amputaron parte de su pie, le extirparon sus ganglios linfáticos. Probablemente no sabían de esas batallas. Porque las peleó en privado.

Enfrentó todas sus batallas personales de salud mientras cuidaba a mi madre. Durante 10 años, la cuidó mientras ella se perdía en el laberinto del Alzheimer. Fue todo dulzura con ella. Casi todo el tiempo, mi madre no sabía quién era él. Pero él le sostenía la mano cuando ella tenía miedo y la alimentaba, e intentaba guiarla en su confusión durante días, meses y años. Fue difícil, pero lo hizo. Por mucho tiempo. También en privado.

El verano pasado, ya cuando mi padre estaba muy enfermo, recibió una caja de FedEx en su casa que contenía un DVD. En el video se apreciaban docenas de niños haciendo ejercicios de básquetbol. Muchos de ellos estaban descalzos. La cancha era de arcilla. Las canastas estaban oxidadas y se estaban cayendo. Pero estos niños trabajaban muy duro, haciendo los ejercicios una y otra vez durante 20 minutos. Los niños y sus entrenadores trabajando, mientras sudaban bajo el sol en un día muy caluroso en Zimbabwe.

La cámara se retiró momentáneamente de la acción, para captar un letrero en una reja que decía, "La Escuela de Desarrollo de Baloncesto Jack Ramsay". Mientras su vida se agotaba, un proyecto esperanzador con su nombre nacía. Parte de su legado está ahí, en una cancha al otro lado del mundo.

Él hizo muchas cosas geniales. Algunas fueron transmitidas a millones de hogares. Otras eran totalmente desconocidas. Tuvo integridad, ambición y una gran imaginación. Quizá, la imaginación fue su mayor regalo. Le permitió visualizar la gran vida que tuvo y a crear el mundo donde vivió... y donde vivimos nosotros.

Si él estuviera aquí, diría, "Usen su imaginación. Imaginen la vida que quieren vivir, y vívanla".

Chris Ramsay es hijo de Jack Ramsay y director senior de ESPN.com