MÉXICO -- Le pregunté en Toronto el pasado 12 de febrero a Kobe previo a su último Juego de Estrellas: Si algún día se borraran todos los videos y archivos de tu carrera, ¿cómo le describirías a tus nietos quien fue Kobe Bryant?...Kobe piensa por un par de segundos, no sé si para elaborar su respuesta en español o para darme una aseveración contundente. Poco después supe que era para lo segundo, su castellano fluye con naturalidad, con alegría, le rememora su niñez y su aprendizaje de lenguas romances mientras su padre jugaba profesionalmente en Europa.
"Un mito, un jugador grande", me respondió. Luego bromeó y matizó lo dicho, pero justo en la primera parte de su respuesta se encuentra la razón más poderosa del éxito de la Mamba Negra. Su auto-concepto es tan elevado pero a la vez tan auténticamente digerido por él mismo que nunca resultó ser una herramienta de motivación. Él siempre lo creyó.
Recuerdo a Kobe diciendo "Michael Jordan no me puede detener", declaró David Lasman, compañero de Bryant en la preparatoria Lower Merion.
Kobe nunca fue humilde, nunca lo será. Ahora lo aparenta porque la edad le da otra perspectiva, lo sitúa en otra realidad. El deporte es tan sabio que siempre ubica a cada uno donde merece, donde se pertenece en el momento, y a Bryant no le gusta el lugar en el que está. El deporte es quizás una de las pocas actividades en la vida donde no se puede comprar un lugar, donde no se puede aparentar sin comprobar, donde no se pueden imponer figuras ni obtener un título de estrella por compadrazgo, no se le puede decir al público quien es el mejor, pero lo más cruel es que la memoria es corta. En buena parte esa es la razón por la que Kobe se va, jamás aceptaría ser un jugador de rol.
Los padres siempre son un punto de referencia para todo: las ideas, los conceptos, la vida. En otros deportes habrá discusión, en este no. El único padre es Michael Jordan. Kobe lo imitó, lo emuló en cada movimiento, devoró videos y desgastó cintas con las grabaciones del 23 de Chicago mientras la joven Mamba perfeccionaba su veneno y se criaba en Italia. El tiro con caída, el juego de espaldas al aro, el puño al celebrar, la lengua de fuera, morder el jersey, el "up and under" y hasta el "trash talk".
De nada le hubiera servido imitarle en todos esos aspectos del juego sino los hubiera traducido en títulos. Kobe nunca lo emuló para ser llamado el nuevo Jordan , título que a muchos antes que él les resultó una maldición, entre ellos Harold Miner (tristemente nombrado "Baby Jordan"), Grant Hill y Jerry Stackhouse. Estos no recibieron la información completa en el genoma. Bryant y Jordan tienen el mismo mapa genético. La ciencia lo demostrará en unos años.
Y si Jordan fue el héroe, Kobe siempre fue el villano. El señalado como responsable en la salida del Shaq de los Lakers, el impopular en las arenas rivales, el ególatra, el del juego asesino, el chico millonario... Por irónico que suene su base de fans eran sus mismos detractores y ellos alimentaban a la bestia. Tantas y tantas razones para odiarlo. Ojalá El Guasón, Lex Luthor o Darth Vader hubieran conocido a la Black Mamba, así hubieran podido saber que es dominar al mundo sin morir en el intento.
Adiós Villano.
