<
>

Los dirigentes del fútbol uruguayo, al grito de la tribuna como los malos árbitros

Munúa y Forlán no duraron mucho en Nacional y Peñarol. EFE / AP

Han pasado muchas cosas importantes en estos últimos días en el fútbol uruguayo: lo primero es la absoluta justicia de la coronación de Rentistas en el Apertura. Con una enorme campaña los dirigidos por Alejandro Cappuccio lograron el título y, al menos, la clasificación a una copa internacional. Con un equipo joven y con líderes con experiencia y años en Primera, subieron de la B y comenzaron el torneo pensando en salvarse del descenso. Hoy han hecho y están haciendo historia, como bien lo manifestó el entrenador.

En una final con alargue incluido le ganaron 1 a 0 a Nacional, lo que ocasionó, además, la caída de Gustavo Munúa, que fue cesado por la directiva tricolor en una reacción para la tribuna.

A Munúa se le fue a buscar a España. Se le sacó del Cartagena en donde estaba trabajando. Nacional venía de ganar el campeonato Uruguayo con Álvaro Gutiérrez, quién decidió no seguir y se retiró al darse cuenta de que no había consenso en la directiva y la mayoría se inclinaba por la vuelta del exarquero. Quedó entonces la vía libre para lo que querían los dirigentes y con bombos y platillos se anunció que el entrenador se haría cargo de un proyecto de dos años que apuntaba a las formativas, la llamada cantera inagotable, y apuntaba al ascenso de chicos al plantel principal.

Así el entrenador comenzó a trabajar, trayendo, al igual que Forlán en Peñarol, colaboradores desde España. Nacional pierde la final de la Supercopa con Liverpool, pero fue el primero en clasificar a la segunda fase de la Copa Libertadores y terminó líder en su grupo.

Pierde la final con Rentistas y los dirigentes no supieron soportar la presión a pesar de que Nacional está primero en la tabla acumulada y de las formativas, además de que se promovieron varios juveniles que ya están en el plantel principal. Pero Munúa ya no está, aunque el club va a jugar octavos de final en la Copa Libertadores y le sacó cuatro puntos a su tradicional rival en el Uruguayo.

Por su parte Peñarol volvió a quedar eliminado de la Libertadores y volverá a jugar la Sudamericana. Para peor está inmerso en una gran tormenta interna a poco más de un mes de las elecciones. Con Saralegui al frente, que asumió tras la destitución de Forlán, no se lograron los resultados pretendidos y, año tras año, la frustración del hincha se repite.

Con los dos grandes pasó algo similar. Los famosos procesos que se anunciaron al presentar a Munúa y a Forlán se cortaron porque, según los dirigentes, los resultados no se dieron. A Forlán lo echaron después de 11 partidos y a Munúa lo sacaron aún primero y clasificado en la copa. Mientras uno se pregunta por qué se presenta la firma del contrato por dos años y se habla de proyectos, si después la urgencia dice otra cosa, no se tiene paciencia y los dirigentes cobran como los malos árbitros, al grito de la tribuna.