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El arduo camino de Uruguay hacia Sudáfrica 2010

Fabián Carini va a la línea y mira a John Aloisi, que se prepara para tirar el último penal de la serie. El australiano la mete en el ángulo izquierdo del arquero y sale a gritarlo ante su público. Es noviembre de 2005 y Uruguay se quedará sin ir a un Mundial otra vez.

Ese penal terminó con el período de Jorge Fossati como entrenador uruguayo, y dio paso a la segunda era del maestro Oscar Washington Tabárez, que desde 2006 se puso el buzo de DT de la Celeste. Vendrían caras nuevas y la apuesta a un proceso a largo plazo con la mira puesta en la clasificación para Sudáfrica 2010.

Tabárez hizo su segundo debut con Uruguay en mayo de 2006 ante Irlanda del Norte en un amistoso celebrado en New Jersey, que terminó con triunfo 1 a 0 para la Celeste. Su primer once fue: Fabián Carini, Andrés Scotti, Carlos Valdez, Diego Godín, Walter López, Diego Pérez, Pablo García, Guillermo Giacomazzi, Fabián Estoyanoff, Sebastián Abreu y Gonzalo Vargas. A lo largo de 2006, antes y después del Mundial del que había quedado afuera, la selección uruguaya disputó ocho amistosos más, preparando lo que sería el comienzo de las Eliminatorias en 2007 y la Copa América.

El camino hacia Sudáfrica dio su primer paso en Montevideo en octubre de 2007, cuando Uruguay goleó a Bolivia por 5 a 0 con un equipo bastante más parecido al que disputaría la Copa del Mundo tres años más adelante. A pesar de la gran señal en el debut, luego siguieron cuatro partidos sin victorias para Uruguay: 0-1 contra Paraguay, 2-2 con Chile, 2-1 contra Uruguay, y 1-1 con Venezuela. En la mitad de la primera ronda, la selección se encontraba en la séptima posición y aun quedaba visitar a Colombia y Argentina, y recibir a Perú y Ecuador.

Ante la adversidad, la Celeste, cuándo no, se hizo fuerte. En la visita a Bogotá obtuvo uno de los triunfos más importantes del camino al Mundial, al vencer 1 a 0 con gol de Sebastián Eguren a un rival directo. La derrota en Buenos Aires era “esperable” y se goleó a los incaicos en el Centenario. La única mancha de esa serie de juegos fue el empate ante Ecuador en Montevideo con quienes, a esa altura, se disputaba el quinto puesto palmo a palmo, empatando ambos en 12 puntos al final de la primera rueda.

Disputados los primeros juegos contra cada rival, Uruguay estaba quinto, en el puesto de repechaje, un sitio del que pareció hacerse amigo durante el siglo XXI. A pesar de la derrota contra Argentina, Uruguay comenzó la segunda vuelta con gran empuje empatando en la altura de La Paz, venciendo a Paraguay en Montevideo y trayéndose un punto de Santiago de Chile. Esos cinco puntos le hicieron aferrarse a la quinta posición, pero, más importante aún, sacarle ventajas a Ecuador y Colombia que ya se perfilaban como los grandes rivales por el medio cupo para la Copa del Mundo, un escalón por encima de Venezuela.

Aquí es donde todo empezó a complicarse. Llegó uno de los golpes más duros de la Eliminatoria para Sudáfrica: el 0-4 contra Brasil en el Centenario. Aquella fría tarde de miércoles, la goleada cayó como un balde de agua helada y le costó el puesto al arquero Sebastián Viera. Ecuador y Venezuela aprovecharon y descontaron distancias venciendo a Perú y Bolivia, respectivamente; mientras que Colombia cayó con Argentina. Pocos días más tarde, la Celeste le estaba ganando a la Vinotinto en Puerto Ordaz, pero un terrible zapatazo de José Manuel Rey obligó a Uruguay a resignarse con un punto. Para colmo de males, Ecuador venció a Argentina en Quito, por lo que el equipo de Tabárez salió de los puestos de clasificación.

Pero todavía quedaba lo peor. En la 15ª jornada, Uruguay viajó a Lima buscando ganar o ganar ante una selección que estaba última en la tabla y ya sin chances. Fue uno de esos días en que nada sale bien y a pesar de atacar todo el partido, la Celeste no pudo anotar; mientras que los locales pudieron abrir el marcador a cinco del final. Sobre llovido, mojado: Godín se fue expulsado y se perdía el siguiente partido. Por su parte, la victoria de Colombia sobre Ecuador dejaba a las dos selecciones del Pacífico por encima de Uruguay en la tabla, a falta de tres partidos.

La sensación era de derrota, de que se había escapado. Otro Mundial para mirar sin el fervor de ser parte. Ya pocos apelaban a la calculadora y diagramaban los resultados que tenían que darse, no tenía sentido. Cuatro días más tarde, Colombia llegó al Centenario. “Pese al 2x1, se vendieron muy pocas entradas”, escribió Montevideo Portal. Con varias bajas en defensa y la menor cantidad de público desde que había arrancado esa Eliminatoria, Uruguay sacó adelante el partido y venció por 3 a 1. Superó a los cafeteros en la tabla, pero Ecuador venció en La Paz y quedó cuarto, dejando a Argentina en el quinto puesto.

La misión ahora era clara, pero nada sencilla: ganarle a Ecuador en la altura de Quito. La historia es conocida: penal en la hora para Uruguay, Diego Forlán la pone en el ángulo y desata la locura. En Colombia, los locales perdieron con Chile, y Venezuela cayó con Paraguay. “Hay algo que sigue vivo…”, como canta No Te Va Gustar.

En la última fecha, los hinchas volvieron a llenar el Centenario para enfrentar a Argentina con un panorama completamente distinto: la posibilidad de evitar el repechaje en caso de victoria. Sin embargo, fue derrota para los de Tabárez, que lo podría haber dejado afuera de todo de no haber sido porque Ecuador volvió a perder, esta vez contra Chile. La Celeste enfrentaría una nueva repesca, esta vez, ante Costa Rica.

Un mes después se jugó el primer partido, en tierras ticas. Jugada entreverada, un movimiento poco ortodoxo de Diego Lugano, gol uruguayo, y el capitán se muerde el escudo en su camiseta en el festejo. A la vuelta en Montevideo, Sebastián Abreu se anotó otra página de gloria en su gran libro de anécdotas y le dio la clasificación a Uruguay, en un Centenario que hervía. Después de tantos meses de martirio, ya se podía volver a respirar. Sería la primera vez que muchos niños vieran a la Celeste en una Copa del Mundo.

El ambiente y la sensación del pueblo uruguayo hacia esa selección había cambiado, ya desde el triunfo con Ecuador. Las demostraciones de que nunca bajarían los brazos y que pelearían hasta el final sin importar cuál fuera el obstáculo que tuvieran delante, hicieron que la hinchada volviera a arroparlos. En el año del Mundial, Uruguay disputó un amistoso en Suiza en marzo, en el que Tabárez aprovechó para definir los últimos nombres de la lista; y luego la despedida ante Israel en el Centenario. Ese partido, disputado quince días antes del debut en Sudáfrica contra Francia, con más de 45.000 personas en las tribunas, fue una clara muestra de la comunión que reinaba.

En un proceso de Eliminatorias que dejó sin uñas a los más ansiosos, y en el que pareció que todo estaba perdido, la magia que porta la camiseta de la Celeste apareció en el momento justo y abrió las puertas para todo lo que vino después. Era el comienzo de la nueva selección.