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El huracán Nández del seleccionado uruguayo en Brasil

Nahitan, corazón rebelde desde chico. Por curioso que resulte, comenzó jugando al fútbol de casualidad. Tenía 3 años y era una locomotora que se llevaba todo por delante en su casa. Su madre se lo llevó un día para inscribirlo en los Boy Scout, pero se encontró con que el local estaba cerrado. Y terminó en una cancha de fútbol. Así nació la historia. Con una misión: controlar su ímpetu, su espíritu rebelde.

Los años pasaron, pero Nahitan Nández mantiene el mismo corazón rebelde. El que demostró este jueves ante Bolivia para que la selección uruguaya accediera a la próxima ronda de la Copa América.

El volante de Cagliari, que fue capaz hasta de trancar con la cabeza, de correr sin mostrar síntomas de cansancio, de luchar sin claudicar, volvió a ser fundamental con la celeste.

Nahitan apareció en la selección en setiembre de 2015, pero su consolidación en el equipo titular fue a partir de 2017, lo que determinó que fuera número puesto en la oncena celeste.

La aparición de volantes de mayor calidad técnica como Rodrigo Bentancur y Federico Valverde, sumado a los minutos que comenzó a tener Lucas Torreira, lo hicieron perder pie en el equipo.

Pero Nández jamás se rinde. Trabajó en silencio a la espera de su oportunidad. Pocos pensaron en el jugador de Cagliari en la oncena de arranque de la Copa América 2021. Es la realidad.

Sin embargo, bastó que Tabárez lo mandara a la cancha en el entretiempo contra Chile para empezar a generarle dudas al conductor del equipo.

Este jueves, de cara al juego con Bolivia, Tabárez lo confirmó en la oncena titular. Y su actuación fue tan convincente que probablemente la mayoría de los uruguayos hoy se animen a decir, Nández y 10 más.

Nahitan fue fiel a su estilo. Fue un huracán jugando por banda derecha por donde trepó una y otra vez generando situaciones de riesgo y asistiendo a Cavani y Suárez con peligrosos centros al área que no pudieron conectar adecuadamente.

En el primer tiempo se complemento muy bien con Valverde y De Arrascaeta. En grandes pasajes del partido fue un delantero más y desde el punto de vista defensivo no se dejó ganar las espaldas. Las dos sorpresas que generó Bolivia fueron por izquierda.

Está claro que se debe tener en cuenta que Bolivia ofreció poco y nada y que, probablemente, Nández deba tomar otras precauciones jugando contra un rival con mayor poderío. Pero este jueves realizó lo que el equipo necesitaba. Y eso es lo que cuenta. Fue una bocanada de rebeldía, de empuje. Jugó como pide la gente, con el corazón a flor de piel.