Antonio Briseño: 'América juega bien a secas, le han salido los partidos'
LOS ÁNGELES -- Identidad. Eso increpa al América un jugador sin identidad con Chivas: Antonio Briseño. El Pollo, le dicen. Pertenece a la inmensa legión de “eternas promesas del futbol mexicano”.
Habitante de ese limbo al que ha sido desterrada, lamentablemente, la mayoría de los notables seleccionados nacionales Sub 17, Briseño cuestiona la supuesta “falta de identidad” del América, y ningunea que la distancia entre El Nido y el Guadalajara sea un título.

Deplorable para el Guadalajara, y un acto de autohumillación, el hecho de que El Pollo Briseño necesite denostar al América, para defender su salario, su contrato, su chamba, su entelerida titularidad, y, supuestamente, a su equipo.
Queda claro que como tantos otros filibusteros que han llegado al Rebaño, con pantalón largo, falda corta o pantaloncillos, ignora la historia de Chivas. El Pollo, un imberbe que aún no sale neuronalmente del cascarón, decide estercolar al América, en lugar de enaltecer a Chivas.
¿América, un equipo sin identidad? Es, junto con Chivas, el equipo que posee puntualmente un ADN inconfundible, el que además ha clasificado poderosamente con el epítome del desprecio, al bautizarse como el #ÓdiameMás, para, entérate Briseño, competir con el peso aplastante del “equipo de los mexicanos”, que ha ostentado Chivas, sin que un destello de inteligencia de su directiva sepa capitalizarlo correctamente.
Queda claro que si El Pollo pretendía izar la bandera del populismo y el oportunismo, podía haberse enterado un poco más del impacto histórico del Guadalajara, un peso que, indiscutiblemente se ha aligerado al paso del tiempo, por charlatanes que no respaldan en la cancha sus peroratas.
Por ejemplo, mi desorientado Pollo, si algo le duele, si algo lacera a la Familia Azcárraga, desde los tiempos de El Tigre, es la leyenda del Campeonísimo. Emilio padre y Emilio hijo han exigido a sus directores deportivos y entrenadores, una casta de vencedores como aquella, que sigue siendo el bastión de la grandeza del Guadalajara. Y no han podido. Y no podrán. Campeonísimo ha habido uno y habrá sólo uno. Aunque ya parece apéndice mitológico de Jurassic Park.
Y un dato, mi estimado Pollo: la mayoría de los integrantes de aquel Guadalajara campeonísimo eran anti Chivas –exactamente como tú–, antes de llegar al equipo. Luego la pasión de su propia afición los convirtió, los enamoró, hasta convertirlos en adalides de lo que llamó Jaime El Tubo Gómez, de manera irrefutable, la Leyenda del Siglo. Y esos sí eran legendarios, no la bala perdida que anda tristeando en la banca del Galaxy de Los Ángeles.
¿Sabrá El Pollo que la única copa de oro legítimo, la única Copa Challenger oficial que se entregó en la era profesional del futbol mexicano la recibió Chivas tras tres campeonatos consecutivos? Porque amateur y de aluminio, la ganaron dos veces el Club España y una el América.
Pero, por otro lado, negarle identidad al América es un recurso desesperado. Exceptuando a aquellos monstruos del Campeonísimo, insisto, algunos de los cuales llegaron de otros equipos, pero, en la era moderna, ¿ha tenido el Guadalajara un futbolista de cuna de la clase de Cuauhtémoc Blanco, más allá de esa vida tan Juan Charrasqueado que ha llevado? Ninguno. Y no, ni Benjamín Galindo ni Ramón Ramírez son de hechura rojiblanca. ¿El Bofo Bautista? Lo formaron en los infaustos Tecos.
Ciertamente el América ha edificado una poderosísima referencia con base en su aparato de comunicaciones. La televisión ha fortalecido la polarización de las Águilas. El agitado bombardeo a través de todos sus espacios, y el paso exitoso en la cancha, fueron capaces de competir con el poderosísimo sello, ese del que se olvidó Briseño y se ha olvidado la actual directiva: “el equipo de los mexicanos”, porque la vacilada calenturienta de Jesús Martínez de llamar a Pachuca “el equipo de México” hasta sonrojó de pena ajena a los mismos hidalguenses.
Ese impacto mediático a través de sus medios de comunicación, alguna vez lo explicaba Alfredo Tena en su etapa de jugador: “Tal vez, de no ser por la televisión, la gente no nos odiaría tanto, pero es así, y estamos bien”, comentaba el Capitán Furia, de quien sí ha habido gallardas y recientes versiones en Chivas, como Fernando Quirarte, a quien Briseño no podría ni atenderle el puesto de tortas ahogadas que tenía como jugador en el estacionamiento del Club Deportivo Guadalajara.
Sin fraguar todavía ese ardid mediático del #ÓdiameMás, pero el poderoso aparato televisivo se metió en todos los rincones de México, despertando, necesariamente, el rencor y el odio, por un lado, y la devoción y el amor por otro lado.
Hace 28 años, el 10 de febrero de 1993, Emilio Azcárraga Milmo desnudó que él ponía el circo (telenovelas y futbol) a falta de pan para un México, según él, “jodido”, según consignaba la revista Proceso.
“México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil. Nuestro mercado en este país es muy claro: la clase media popular”, dijo.
“La clase exquisita, muy respetable, puede leer libros o Proceso para ver qué dicen de Televisa... Estos pueden hacer muchas cosas que los diviertan, pero la clase modesta, que es una clase fabulosa y digna, no tiene otra manera de vivir o de tener acceso a la distracción más que la televisión”, explicó en ese momento El Tigre.
Y hubo una etapa, el americanismo lo sabe bien, especialmente en la gestión de Emilio Díez Barroso, en la que tormentas se desataron en todos los niveles, y bajo ese amparo se empeñó en satisfacer ese sueño de la Familia Azcárraga de un “América Campeonísimo”. Ni el más recalcitrante americanista podrá negar esa época de pillaje arbitral favoreciendo a las Águilas.
Pero, todos estos detalles, virtuosos y viciosos, generosos y ruines, establecen la identidad del América, además de que hubo épocas en las que sus jugadores extranjeros eran de élite, como Carlos Reinoso al frente de todos, y hasta un Dirceu Guimaraes, quien desertó de El Nido con la histórica sentencia de que en el futbol mexicano “les entregaba un balón y me devolvían una sandía”.
Identidad, cuestiona pues El Pollo Briseño. Ojalá el encabezado del Clásico Nacional de este domingo entre Chivas y América no termine con un: “Ni pío dijo”.
LOS ÁNGELES -- Chivas sobrevive hoy entre veladoras. América se pavonea entre reflectores. Y el espléndido escenario del morbo los cita el próximo domingo en el Clásico Nacional.
El Guadalajara se refugia bajo un argumento indigno siquiera de mencionarlo: seis juegos sin perder. ¿Cuándo empezó el Guadalajara a sembrar la semilla de la lástima? Un poderoso en decadencia.
América lustra su presente con un subliderato, y podría agregar seis victorias al hilo, pero con el perfume del atraco se victimiza al perder ante el Atlas en la mesa gansteril de la FMF. Hasta en las desgracias, El Nido adorna la perversidad.

Esas dos victorias implacables de Chivas en la Liguilla del Guard1anes 2020 son una amenaza ya caduca. Esa pólvora está mojada. Ni asusta a este América ni envalentona a sus propios jugadores.
Su héroe accidental de esa doble jornada, el Chicote Calderón, ha vuelto a enclaustrarse en el conformismo. No todo es culpa suya. Él quiere ser alfil, pero en el ajedrez del ex Rey Midas sólo juegan peones.
América ha hecho sentir un poderío burocrático. Abre la ventanilla de atención al cliente durante 90 minutos. Juega, insanamente, con las urgencias del adversario. Demuestra partido a partido que no lleva prisa. No se obsesiona con el balón.
Las Águilas juegan feo, aburrido, distorsionan la esencia del futbol, que es el espectáculo, el delirio. Este América adormece la pasión. Tanta abulia en la victoria es como un ataque de frigidez en la noche de bodas.
Pero a Santiago Solari no le escuece ni remotamente la crítica. La felicidad absoluta para él es golear 1-0. Los escándalos en el marcador a veces indigestan más al victimario que a la víctima.
Víctor Manuel Vucetich, en cambio, sí desata pasiones. Porque la rabia, la frustración, la indignación, el repudio de su afición, son las manifestaciones más dolosas de la pasión, pero pasión son.
Hoy, la afición del Guadalajara toma el ejemplo de su director deportivo, Ricardo Peláez. La Iglesia Católica reconoce 7 mil santos según el Martirologio Romano, aunque al interior de Chivas aseguran que el preferido, el Santo Patrón de todos los santos patrones, es San Cucufato.
Hoy, con diez puntos de distancia en la tabla de posiciones, y más puntos de calificación en la cancha, el rebaño del Rebaño ve un escenario dantesco en el estadio de Chivas, que lejos de ser la fortaleza rojiblanca ha sido el altar donde ocurren todos sus sacrificios.
Antes del juego ante Pumas, aseguran al interior de Chivas, Amaury Vergara protagonizó un ritual de fuego, un recurso entre la superchería y la magia blanca. Ahora resulta que los chamanes harán los goles que yerran sus jugadores, y desatarán estrategias más aguerridas que las del Jesús en la boca bajo las que se ampara Vucetich.
No es nuevo. Está en el ADN familiar. Jorge Vergara, en septiembre de 2014, llevó al plantel a sentir y vibrar con una lluvia de recarga magnética sobre las energías individuales (tonalli) al Foco Angelus Tonal, en el rancho San Rafael, en El Saucillo, cerca de Zapotlanejo, Jalisco.
Pero los Diablos no creen en esos artilugios, y el fin de semana siguiente Toluca goleó 3-1 a Chivas, que terminó el torneo en el sitio 16. Total que el dichoso Angelus Tonal lo llevó a la desdicha del infernum total.
Son esos escenarios encontrados: América, con esa sensación petulante del todopoderoso del torneo, hasta con la capacidad de ordenar a su FMF que lo castigue en la mesa y le quite tres puntos, confrontando a un Guadalajara en la desesperación absoluta.
Otrora, al América podría advertírsele que tuviera cuidado, que debajo de esa piel de chiva hay un león capaz de cazarlo. Hoy no. Hoy, la alegoría sería totalmente distinta. Debajo de esa piel de chiva, agazapado, huidizo, entelerido, aguarda apenas un roedor, ratonero con el balón, en la estrategia, y en los palcos de su propio estadio.
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LOS ÁNGELES -- Advertido está: es una ociosidad. Pero el morbo y la ociosidad cohabitan de manera perversa y perseverantemente fascinante. No se arrepentirá.
Este viernes, en polos totalmente opuestos, tan antípodas como antagónicos, se generaron una aseveración y una noticia. Enlazarlas es un empeño malicioso de esa ociosa morbosidad, y de la premura por entregar este Blog necio y obcecado, de frecuencia casi diaria, pero poco frecuentado.
1.- Amaury Vergara ratifica que no llegarán jugadores extranjeros a Chivas. Pero, --aquí, la poquita carnita en un hueso ya muy mordisqueado--, sí acepta que ha sido un tema recurrente en las verbenas de sobremesa de su entorno. Es decir, no, pero...
2.- Andre-Pierre Gignac terminará su mutación como tigre, al firmar por tres años más para reinar la jungla regiomontana. En cifras, es el jugador más redituable en la historia del club. Tal vez el más emblemático, al nivel de Osvaldo Batocletti y Tomás Boy, y sin dejar de lado la estampa de Carlos Miloc.
Aquí viene la ecuación del morbo. ¿Sería Gignac el prototipo del jugador extranjero que eventualmente sí podría encajar en Chivas? Antes de la histeria, respire, aspire, exhale, y siga...
Tomando en cuenta su personalidad, su adaptación, escasas lesiones, su producción de goles, su integración al entono, su empatía pasional, su liderazgo, ¿sería el francés un arquetipo del futbolista que sí aceptaría la afición del Guadalajara? Sin duda, pero ¿dónde venden los moldes para hornear un mellizo?
No necesita Usted mentarme la madre para recordarme lo obvio. A nivel nacional se han hecho numerosas encuestas sobre si el Guadalajara debe renunciar a su mexicanismo –que no nacionalismo–, para tratar de incorporar a algún jugador diferente que marque un sesgo, en todos sentidos. La oposición del aficionado de Chivas es contundente. Algunos aseguran que incluso abandonarían totalmente al equipo. El amor tiene tres colores, no dos.
Pueden estar tranquilos los aficionados rojiblancos. Cuando Jorge Vergara hizo su oferta y licitación final para adquirir a Chivas ante los dueños de certificados de la asociación civil, juramentó puntualmente que nunca jugaría un extranjero en el Guadalajara, y ese voto de lealtad a su promesa, lo hizo extensivo a su hijo Amaury al entregarle su imperio.
“A Chivas lo administro yo, lo dirijo yo, pero pertenece a la gente”, repetía con frecuencia el mismo Jorge Vergara.
Guadalajara ha sido desafortunado en muchas contrataciones. Circularon, recientemente, por su bono de retiro, jugadores como Aldo de Nigris, Jared Borgetti, Rafael Márquez Lugo, el mismo Bofo Bautista en su segundo episodio, y más recientemente el peor atraco de todos: Oribe Peralta, por citar a los más rimbombantes.
Ricardo Peláez se gastó una fortuna. Redondeemos en 40 millones de dólares. Una fortuna. Y en esa caterva, llegó todo tipo de irresponsables. Desde parranderos hasta lacras sociales, sin contar algunas que ya había en el equipo. Una selección nacional de reclusorio.
Ojo. Es necesario precisar algo: Ricardo Peláez no se equivocó en los futbolistas que contrató, pero sí en los seres humanos que contrató. No se equivocó en la calidad de los jugadores, pero sí en la calidad moral y profesional de cada uno de esos hombres.
El ojo clínico de Peláez buscando futbolistas fue impecable, pero sufrió de miopía con cataratas y astigmatismo en su óptica al identificar al ser humano dentro de cada jugador. Le resultaron lobos con piel de oveja. Ovejitas en la cancha y lobos fuera de ella.
Seguramente si Amaury Vergara pudiera presentar un clon exacto de Gignac, los aficionados lo aceptarían de inmediato, porque, como pasó en Tigres, marcaría una diferencia, además de que su adaptación al medio fue sencillamente excepcional.

Recuerde que hoy hay más Gignacs de nombre en Nuevo León, que Gignacs de apellido en todo Francia, especialmente en su natal Martigues, la llamada “Venecia de Provenza”, con apenas 48 mil habitantes, es decir el equivalente de un estadio de Chivas a reventar.
El problema es que identificar a jugadores como Gignac es prácticamente imposible. El francés llegó a Tigres a control remoto. Triangulación de llamadas, largas conferencias telefónicas, varios promotores en México, Europa y Sudamérica como intermediarios, y aún así, llegó sin ser ninguna garantía. Era un tiro al aire, pero que dio en el blanco.
Tan no es fácil saber elegir al jugador correcto, que otros oligarcas del futbol mexicano fueron por su referente europeo. El América fichó a uno de sus peores jugadores extranjeros de la historia, como el francés Jeremy Menez. Y Rayados hizo el ridículo con Vincent Janssen de los Países Bajos. Buscaron en boutiques y compraron en el tianguis.
En un futbol plagado, estrictamente plagado de “jugadores no formados en México”, como categoriza absurdamente la Federación Mexicana de Futbol a los foráneos, es evidente que la mayoría no tiene credenciales siquiera para ser considerados en las selecciones nacionales de sus países. Pero, la corrupción de promotores y directivos da visado de impunidad.
La baja calidad de los jugadores extranjeros en México hace aún más reacio al aficionado a Chivas a aceptar romper con su tradición de mexicanismo. Después de ver deambular a los Maranhao, los Biancucchi, y a tantos otros, aumenta el escepticismo. El que con leche se quema, hasta al yogurt le sopla.
Si a estas alturas, un equipo de inteligencia deportiva como el del América, con tantos tropiezos, aún firma a un jugador de la banca de la Segunda División de España, como el tal Álvaro Fidalgo, qué se puede esperar de una directiva relativamente bisoña en esos quehaceres, que además se equivoca al elegir la calidad de su materia prima: el jugador mexicano.
Por eso, en un universo paralelo, alterno, de esos que regodean los relatos de ciencia ficción, Chivas encontraría en Gignac al jugador correcto para dar un paso histórico y romper su mexicanismo, lo cual, insistimos, no va a ocurrir.
Para que Chivas renuncie a esa bellísima tradición, sólo jugadores con la calidad del francés, o del chileno Carlos Reinoso o su coterráneo Ivo Bassay; el brasileño Evanivaldo Castro Cabinho, el paraguayo José Saturnino Cardozo, el ecuatoriano Ítalo Estupiñán o su paisano Alex Aguinaga; el peruano Juan José Muñante, entre otros pocos más, podrían, hipotéticamente, vulnerar esa tradición y marcar un hito en la heráldica de Chivas.
Además, claro, los imponderables. Y con la suerte del Guadalajara en sus contrataciones, si compra un circo, le crecen los enanitos, la mujer barbuda queda lampiña, al mago se le mueren los conejos, y al domador se lo tragan los ratones...
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LOS ÁNGELES -- León 1-3 Chivas. Mateo 11:5. “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados”.
Vendrán analistas desde el púlpito pomposo de la petulancia: “Los acertados cambios de Vucetich”; o “el ingenioso parado táctico del Guadalajara”; o “el León no vio venir la segunda línea de ataque de Chivas”; o “el arbitraje de Fernando Guerrero fue complaciente con el Rebaño”. Y etcétera, etcétera…
Todo lo anterior tendrá un poco de veracidad, pero a Chivas lo rescatan, principalmente, el cinismo y la desvergüenza de sus jugadores.
Asfixiados, arrepentidos, hostigados, exhibidos, condenados, con las anginas atenazadas por el pánico y el linchamiento mediático, tras el tristísimo inicio de torneo, súbitamente, estos facinerosos en calzoncillos, recordaron que reciben miles de dólares por semana, porque supuestamente saben, quieren, pueden y deben jugar al futbol.
Cantada vale doble, dicen. Y advertido estaba el entorno, sobre cómo el jugador de futbol, cuando sus fracasos reiterados le atenazan el cogote, recupera la memoria, la dignidad, el espíritu, al menos, por 90 minutos. Ese cinismo y esa desvergüenza suelen rescatarlo del colapso final.
Cierto, Vucetich hizo una limpia en su zaga, ingresando (finalmente) a Mayorga, y agregando al aparatoso Briseño (con todo y su descaro de autogol), pero, curiosamente, Hiram Mier dejó ya sus poses de ninfa fresa en tianguis, y metió la pierna con fuerza, sin temor a arruinarse el pedicuro.

Cierto, al León lo sorprenden en los goles los arribos del ataque secundario de Chivas, porque, finalmente, Vucetich le quita el freno de mano –mental y tácticamente-- a sus jugadores.
Las tres anotaciones rojiblancas involucran la penetración de sus laterales: Mayorga con servicio y gol, y el tanto del Chapito Sánchez. Que les soltaran la rienda, sin embargo, no significa que vaya a ser una constante.
Como alguna vez dijo el mismo Vucetich, en su primera rueda de prensa durante su brevísimo paso por la selección mexicana: “Recuerda que sólo Judas tuvo miedo”, en alusión a la frase de doble sentido: “no temas como Judas temió”. Entonces, recuerda Vuce, que sólo Judas tuvo miedo.
Cierto, el arbitraje de Fernando Guerrero fue tolerante con Chivas. Le perdonó la expulsión a Jesús Molina por una jugada similar a la que sí le cuesta una roja a William Tesillo (‘72), justamente en los momentos en que con el 1-2 en el marcador, mejor presionaba el León. Le perdona la vida a Mier, pero, compensa fingiendo no ver un penalti de Andrés Mosquera por un jalón en el área.
Y en beneficio de Chivas, en una noche de arqueros, Raúl Gudiño saca la mejor parte con un par de lances en plena conflagración ante el acecho del León, que muestra una absoluta falta de contundencia, al grado de que su anotación es un impecable cabezazo traicionero de Briseño, quien de manera lastimera y patética lloriqueaba que lo habían empujado.
Por eso, con el aval de todos esos escenarios relatados, los más poderosos ingredientes de la victoria de Chivas siguen siendo los mismos: el cinismo y la desvergüenza de sus jugadores, quienes deciden lavarse el ignominioso rostro con al menos 90 minutos de devoción.
Lo peligroso, para estos oportunistas de la histeria, es que por delante vienen tres equipos que comparten con ellos la travesía de la desgracia y la desesperación: Necaxa, Pachuca y Pumas. Es decir, conforme a lo mostrado ante el León, el Guadalajara deberá salir como favorito.
A propósito... ¿Ya se acabaron las indisciplinas en Chivas?
Porque la madrugada del 31 de enero, cuando los bares estaban cerrados por botón rojo en Guadalajara, en un antro llamado Luccas, un ex jugador rojiblanco giró invitaciones para celebrar el triunfo de Juárez sobre el Rebaño. Antes de que llegaran los citados, llegó personal del Ayuntamiento al local, que recibió el pitazo, y el anfitrión juarense salió con el rostro cubierto.
Uno de los invitados rojiblancos disfruta del vodka con tamarindo, pero le avisaron que se cancelaba la reunión. Además, ya aplica nueva estrategia: los celulares de todos, incluyendo meseros, seguridad, y señoritas de la comitiva, es decir, todos, absolutamente todos, deben ser entregados al entrar.
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Ese tendría que ser el mensaje de Amaury Vergara y de Ricardo Peláez para un plantel que ya consumió a un entrenador legendario, Luis Fernando Tena, y que está a punto de hacer lo mismo con otro estratega de ese nivel como Vucetich. Crisis en Chivas y no entiendo la hipótesis que señala que los jugadores no entienden a Vucetich. ¿No entienden a Vucetich? Hágame usted el regalado favor. Vucetich es un maestro, experimentado, ganador y los futbolistas deben poner atención, concentrarse y entregarse con todo por la causa. Siguen existiendo futbolistas que no alcanzan a entender el valor de defender la camiseta rojiblanca a rayas... Es tiempo de que la historia cambie, porque si Chivas lo vuelve a permitir, los futbolistas seguirán “devorando” entrenadores...
SAN DIEGO, California.- Creo que el mensaje, esta vez, para los futbolistas de Chivas debe ser distinto: “El último que se va de aquí es Vucetich... Tomen su responsabilidad y preparen sus maletas”.

He escuchado cualquier cantidad de hipótesis sobre las razones de la crisis de Chivas. La última de ellas, se refiere a que los futbolistas no entienden al entrenador. ¿No entienden a Víctor Manuel Vucetich? ¡Por favor! ¿De qué estamos hablando? Los futbolistas de Chivas tienen la oportunidad de ser dirigidos por un maestro, experimentado, ganador y legendario entrenador. Si no lo entienden a él, no entienden a nadie y punto.
Y espero que, por primera vez, Chivas intente cambiar la postura de consumir entrenadores. En esta ocasión, la responsabilidad debe recaer sobre el futbolista. ¿Por qué no alcanzan su mejor nivel? ¿Están realmente concentrados y entregados a la tarea de rendir en el campo de juego? La verdad es que no podría entender que existieran problemas de comunicación entre Vucetich y el plantel. Si alguien, en los últimos 30 años, ha mostrado una capacidad plena para encabezar planteles ganadores, ese es el llamado “Rey Midas”. Este mismo plantel, por su parte, ya “consumió” a un entrenador histórico como Luis Fernando Tena y tuvo serios problemas de indisciplina en el semestre anterior.
Vucetich debe tener el tiempo que necesite. Chivas está en crisis, pero quizá sea el momento oportuno para cambiar las formas de resolver estas ya eternas dificultades. Chivas debe exigirles más a sus futbolistas, desde Beltrán, pasando por Alexis Vega, Antuna, Calderón, Zaldívar y hasta JJ Macías. Todos necesitan mentalizarse para jugar mejor y para alcanzar nuevamente el nivel que tuvieron en la parte final del torneo anterior y que les valió para una muy interesante campaña que terminó hasta la instancia de las semifinales.
Algunas historias destacan que Vucetich es un entrenador que siempre descansaba compromisos o responsabilidades sobre jugadores veteranos y que le costaba trabajo comunicar con los jóvenes, pero yo creo que eso es completamente falso. Vucetich dirige futbolistas y muchos de ellos, cientos, dicen, cuando se les pregunta, que él fue capaz de provocar que fueran mejores en el campo de juego.
Creo que es el turno de que Ricardo Peláez aparezca, como, reportan lo ha hecho en las últimas horas, y el mensaje deba ser que el último que se irá de este club es Vucetich, porque si no es así, el futbolista toma ventaja, se aprovecha, baja la cabeza, desconoce su responsabilidad y simplemente espera al siguiente entrenador. A los futbolistas de Chivas habría que leerles claramente “la cartilla”: no van a tirar por la borda otro proyecto y llevarse a un entrenador más “entre las piernas”. Esta vez, no, esta vez ustedes cargarán con el adeudo y pagarán por ello.
@Faitelson_ESPN
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LOS ÁNGELES -- Dos puntos de 15 posibles. Y en Chivas está vetada la palabra crisis. 1-2 ante Juárez. Luis Fernando Tena le aplica la Ley del Ex al ex Rey Midas, Víctor Manuel Vucetich.
Ojo: si el León y el Atlas ganan sus respectivos compromisos, Chivas terminaría la jornada en el sótano de la Tabla General.
Es de suponerse que el Guadalajara trabaja con ahínco en la semana. Es de suponerse que Vucetich afina las virtudes de sus jugadores, claro, si las identifica y si las hay.
Y se supone, que Vucetich trabaja en la semana para solucionar los problemas evidentes de su equipo. Pero Chivas sigue evidenciando dramáticamente una serie de deficiencias.
Sin embargo, también es entendible que si Vucetich trabaja con ahínco e intensidad en la semana --si es que en verdad lo hace--, no pueda enderezar la versión más genuina de los que estigmatizó de por vida Jorge Vergara como “niños caguengues”.
Pero, ante Juárez, no fue, nuevamente, sólo un problema de actitud, de personalidad, de testosterona, de adrenalina, de compromiso, de pasión, de respeto, de devoción.
Ante Juárez, nuevamente, Chivas sigue sin generar futbol. Sin manifestar una idea clara. Ratifica que no hay una cartografía futbolística de Vucetich, y que no hay un mapa estratégico. Todo se resume en correr y en intentonas individuales.
Pero, lo más grave, es el diagnóstico genérico del jugador del Guadalajara. Distraído, desapasionado, cínico, desinteresado, desconcentrado, sin compromiso de grupo, de colectivo. Chivas ha dejado de comportarse como equipo.
Todos se manifiestan en el egoísmo mezquino del 'sálvese quien pueda', terminan jugando su propio partido.
Y su zona defensiva sigue siendo una desgracia. Desarticulados, desordenados, lentos de pies y cabeza, parecería que viven en un divorcio constante y que delegan y relegan en el compañero el trabajo propio. Y hay un problema de valentía, de arrojo, de estoicismo, de sangre.
Hay una prueba irrefutable de la renuncia individual. Ocurre en el 0-2, ante el disparo de Matías García. Hiram Mier cierra a tratar de detener el disparo, pero no se barre de manera inteligente, osada, concentrada. Sólo cruza la pierna, mientras voltea el rostro para protegerlo. Es una pantomima de la cobardía, es un desfiguro del miedo a lastimarse. Y como él, el resto.
Al ataque, hay precipitación, desesperación, desatención. Todos, absolutamente todos, eligen la jugada que no compromete; incluso, en ocasiones, se zafan la responsabilidad a deshacerse del balón, sin destino, sin idea, sin atrevimiento.
Sí, Chivas tiene una gran cantidad de problemas que sólo se resuelven trabajando en la semana. Y sólo hay de dos sopas: o Vucetich no trabaja o los jugadores le han perdido la fe, la confianza y el respeto por sus indicaciones.
Caos, sin duda, aunque la palabra esté prohibida en el seno del Guadalajara.
J. J. Macías hace el 1-2, con excelente cabezazo, ante lamentable marcación de la defensa, pero esa reacción del Guadalajara en el cierre del encuentro, no es reflejo de una valiente determinación táctica y anímica del equipo, sino la vieja escuela penosa y pesarosa de Luis Fernando Tena, de recluirse atrás, de defender a ultranza, atrincherado, amparado bajo la misericordia de la ventaja.
Y todo puede aún empeorar. Visita enseguida al León, que deberá salir del letargo típico de arranque del torneo. Y después irá contra equipos de su ralea competitiva: Necaxa y Pachuca, que seguramente desesperados, tratarán de salvar el pellejo ante El Rebaño.
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LOS ÁNGELES -- Unas Chivas miserables, decadentes, lastimeras, lastimosas. Retumba el reproche de Jorge Vergara (QEPD): “#NiñosCaguengues!”. Mercenarios y traidores, podría agregarse.
¡Y el Guadalajara fue goleado! ¡Y por San Luis! ¡El equipo con una de las peores rachas en la historia del futbol mexicano contabilizando su tristísimo y paupérrimo torneo anterior!
Hice un ejercicio al que poco recurro, y cuando lo hago es por deleite, y no por tortura. Este viernes de madrugada, vi de nuevo este San Luis 3-1 Chivas.
Cualquiera pensaría que el equipo desamparado, damnificado, pobreteado, abandonado, indigente, menesteroso, era Chivas y no San Luis, que vivió un Guard1anes 2020 de terror, y alargaba su cadena con dos derrotas este arranque de 2021.
Es casi inexplicable cómo semejante recital de decisiones y actitudes nefastas, pudo consumarse, con evidentes dislates desde la banca, desde la cabecita del ex Rey Midas, hasta los empobrecidos millonarios que visten de corto y se dedican a esquilmar las ilusiones de millones de fanáticos.

Víctor Manuel Vucetich habla de una bancarrota absoluta tras esta estrepitosa caída ante San Luis. Habla de falta de actitud, de falta de determinación, y de falta de convicción. ¿Y la autocrítica, ex Rey Midas?
Es cierto que sus jugadores, todos, absolutamente todos, estercolaron la camiseta del Guadalajara, con esa mísera actitud, con esa mísera displicencia, con esa mísera deserción, y con esa mísera pusilanimidad.
Cierto: hubo jugadores que no fueron a disputar balones, que no fueron sobre el rival, y los que lo hacían, más de una vez encogieron la patita con una delicadeza que indignaría hasta al más cobarde de los cobardes, porque, mire Usted, hasta el mismo Jesús Molina lo hizo.
Pero, más allá de que los traidores, los jugadores salieron castrados emocional, moral y mentalmente, ante el peor equipo de los últimos seis meses, Vucetich decidió seguir haciendo ensayos cuando después de tantos meses de trabajo, debería tener un once definido, y haber leído el perfil de cada uno de sus jugadores.
Curiosamente, el que debía salir acobardado, el desahuciado San Luis, terminó acobardando al Guadalajara desde el primer minuto de juego. Un disparo al travesaño y otro fogonazo más, debieron alertar a Raúl Gudiño, quien luego se equivocaría bobaliconamente en dos de los goles recibidos.
Y de nuevo, el cuestionamiento al Rey Midas. ¿Estudió al San Luis? ¿Vio al menos un video? ¿Cómo pudo ser sorprendido al grado de perder posesión y posición en la cancha? ¿Fue ignorancia, estulticia, o fue premeditado el hecho de incriminar públicamente a Uriel Antuna como eje de ataque? ¿Por qué insiste en exterminar al Chicote Calderón en una posición en la que el jugador ni quiere, ni puede, ni sabe jugar?
San Luis hizo poco. Hizo tan poco como ante los desvencijados América y Necaxa, y ambos lo sometieron, incluso los Rayos con un hombre menos. Pero Chivas hizo menos, se esforzó menos, se comprometió menos.
Esta noche de jueves, los jugadores y el cuerpo técnico del Guadalajara confirmaron que son capaces todavía de dar mayores muestras de decadencia, de irresponsabilidad, de traición al lúdico, generoso y privilegiado trabajo que tienen.
Es advertencia, ojo. Estas Chivas aún pueden depararle a su afición sorpresas más amargas, más caóticas, más humillantes, más dolorosas, más indignantes que la de este jueves ante San Luis.
Cierto, Usted aficionado chiva podrá preguntarse si se puede caer más bajo que encoger la patita al pelear un balón, o rehuir un choque, o dejar de acosar a un rival inferior técnicamente, a unos metros de donde está. Sí, es posible esperar esos y otros actos de traición en el futuro.
Entre la decadencia y la decrepitud de espíritu, sólo hay que dar un paso de la mano del cinismo. El Chivas que se vio ante San Luis, desde su cuerpo técnico hasta sus jugadores, está dispuesto a darlo.
Queda claro, que a este Guadalajara a estos “#NiñosCaguengues” (dixit Jorge Vergara), no les incomoda ser el hazmerreír de su propia decadencia.
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LOS ÁNGELES -- Chivas empató, Jesús Molina erró un penalti, pero el reprobado es Víctor Manuel Vucetich. 1-1 en Puebla.
Penoso el timorato organigrama que tiró a la cancha de inicio el ex Rey Midas. Arrancó con un script de equipo chico, conservador, limosnero. Los cambios, obligado ya por el golazo de Santiago Ormeño, terminaron evidenciando su error.
César Huerta hizo más en 25 minutos que los 65 en que paseó su decrepitud futbolística Oribe Peralta en la cancha del Cuauhtémoc. Triste: le aplauden al Hermoso una tijera estéril, pero más por la osadía a sus 36 años, por poner en riesgo todo el fuselaje anacrónico, que por el eventual gesto futbolístico.

Ya con el 1-1 en la bolsa, oro molido para especuladores del punto como Vucetich, con la firma de un zapatazo de Miguel Ponce, ingresa a Cristian Calderón por Jesús Angulo, cuando podía tener a ambos en la cancha, ganar en posesión y en despliegue. Si podían ser socios en Necaxa, porqué no en el Guadalajara.
¿Será que el Rey Midas se atemoriza ante el potencial de su propio equipo? Si eso pasa ante el Puebla, qué ocurrirá ante mejores plantillas de la Liga Mx. Ya en la Liguilla, el grupo le demostró que no arredra ante América o León. ¿Por qué sobreproteger a Chivas y hacerse camote ante unos Camoteros en transición?
Cierto, su hombre fuerte, Jesús Molina, había fallado un penalti al minuto 24, luego de que todo el empeño se le fue en el exitoso amague, para cerrar con un fiasco de disparo a un lado del poste. Vucetich aclara: “Es el pateador designado”. Tal vez deba reconsiderarlo. Molina, sin duda, es un guerrero, es un tipo bruñido en la lucha, en las inclemencias, pero en cada pie tiene un zapapico.
Tras el error de Molina, llega el gol poblano condimentado de rencor. Santiago Ormeño tenía un sueño: jugar en Chivas. Algún miope en la cantera rojiblanca le pidió que se dedicara a otra pasión. Y Ormeño, nieto de Walter, aquel arquero gigante, peruano de origen, hizo caso. Su pasión por el Guadalajara la transformó en pasión contra el Guadalajara. Anotarle empieza a convertirse en un hábito.
Y mientras el empate, casi mezquino, tolera cuestionamientos hacia Vucetich, en el banquillo de Puebla se da el debut de Nicolás Larcamón en México, cuya agenda está atiborrada de aburridas tarjetas de presentación: “Se apega a la escuela de Marcelo Bielsa”. O: “Pep Guardiola es su punto de referencia”. Ya bastantes problemas tienen Bielsa y Guardiola en la Liga Premier, como para cargar con otro hijo de probeta aventurera.
Ciertamente Puebla tuvo posibilidades de preocupar más a Chivas. Pero, errores individuales, de concentración y ubicación, entre los zagueros del Guadalajara, facilitaron esa tarea. En el mismo golazo de Ormeño ni apretó Ponce, ni el auxilio de Eduardo Torres, además ambos condescendientes, ante la comodidad de Javier Salas para meter el balón al área.
Cuando la polilla había consumido ya toda la proteína estéril de Oribe Peralta, entró César Huerta. Hizo más en esos 25 minutos, por ejemplo, que lo que hizo la ya extinta Chofis López los anteriores 25 meses por Chivas. Con mayor dinámica, atrevimiento y lectura de juego, porque su edad se lo permite, Huerta aterriza mostrando más proyecto de utilidad que el mismísimo Hermoso, ya más pieza de museo que de intimidación a los adversarios en la Liga Mx.
Enseguida, Chivas debe recibir a Toluca, un equipo cuya mayor amenaza es un futbolista contemporáneo de Peralta, Rubens Sambueza, que siempre le hace daño al Guadalajara, en el marcador o depredándole piezas como pasó con Isaac Brizuela. Es decir, en su cancha, y tras la lección ante Puebla, Vucetich no debe seguir con el catecismo del miedo, ni en la elección táctica de jugadores, ni en la lección táctica a sus jugadores.
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LOS ÁNGELES -- Chivas respira. Con sobresaltos. El VAR y Rodolfo Cota le dieron respiración boca a boca. 1-1 en la Ida de las Semifinales ante un León generoso, dominante, pero perdonavidas, cuando en Liguilla no cabe la clemencia.
Y Chivas transpira en medio del escándalo. Un aleteo del Pollo Briseño al balón en el área concibe un claro penalti que el árbitro y el VAR se callan. Y esos gestos de José Juan Macías a Rodolfo Cota en el momento de cobrar desde el manchón el disparo que daría el empate al Guadalajara...

1.- ¿Era penalti? Las manos en el área quedan a discreción y criterio del árbitro. En el futbol mexicano, la discreción y el criterio arbitral están embargados por la sospecha desde siempre. De acuerdo con el espíritu de la regla y su interpretación debió marcarse penalti. El Pollo Briseño interrumpe el viaje del balón. Las redes sociales hicieron canibalismo nuevamente con aquello del “ChiVAR”.
2.- ¿La mímica facial de Macías? Al atacante del Guadalajara se le manifiesta ese tic nervioso en momentos de apremio, de tensión, de presión. No es el primer penalti que cobra gesticulando. ¿Y Cota? El arquero lo conoce. Más que compañeros alguna vez, son amigos. Claro, poco los ayuda esa convivencia epistolar en redes sociales. El mariachi que Cota lleva bien metido le suplica a Macías en Instagram que lo arrime a Vicente Fernández. “Si me dejas meterte gol, te llevo”, le responde Macías.
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1-1, injusto para el futbol que desarrolló el León en la cancha. 1-1, merecido para Chivas por la transformación, luego de un primer tiempo agazapado, ratonero, a un Guadalajara resuelto, decidido, tras los ingresos de un infiltrado y adolorido Alexis Vega, y de Macías.
Así, con más esperanza de vida que vida esperanzadora, Chivas tomará rumbo a León, al Juego de Vuelta de Semifinales, por esos caminos de Guanajuato, donde, según la filosofía poética de José Alfredo Jiménez, “la vida no vale nada”.
El Guadalajara necesita ganar o empatar por dos goles o más, para ir a la Final del Guard1anes 2020. El León necesita de la victoria, o de un 0-0 o 1-1, para dar el gran paso. Bajo la mística esmeralda, seguirá jugando a matar y morir si es preciso.
Porque Nacho Ambriz demostró este miércoles por la noche que quiere y puede ser campeón bajo su doctrina de juego. Y se le agradece. Mientras Chivas arrancó atrincherado, sobrecogido, temeroso, el León se lanzó sobre su presa, detectando pronto que el carril de Miguel Ponce era una autopista.
Joel Campbell salió con la rabia en el alma. El COVID-19 le quitó de encima al ‘Avión’ Ramírez, quien perteneció a Chivas y fue seleccionado juvenil, pero los sospechosos manejos del #Pelagatos2.0 (bautizo generoso, eterno y exacto de Ricardo Peláez a José Luis Higuera), como con otros tantos jugadores rojiblancos, lo llevó al Grupo Pachuca.
Y Campbell, hambriento, entonces, tuvo una noche deslumbrante. El quiropráctico, el acupunturista y el mecánico de Chivas tendrán un trabajo descomunal reparando el cigüeñal de la defensa rojiblanca, y en especial el de Ponce.
El tico genera la jugada de gol, después de que todo el equipo del León, incluido Ambriz y su masajista, habían paseado lúdicamente la pelota bajo las narices desconsoladas, azoradas e impotentes de Chivas. La jugada la culmina Fernando Navarro, ése gran ignorado por el Tri o víctima de la ignorancia de Gerardo Martino. Y Navarrito, apareciendo donde siempre aparece en el área, emboca a la derecha de Raúl Gudiño. 0-1. Aquello tenía un olorcillo, un tufo a goleada, pero al paso del juego ni Ángel Mena ni el Puma Gigliotti, ni el mismo Campbell, ni Meneses, tuvieron precisión en el disparo final.
Chivas modifica para el segundo tiempo. Vega ingresa por Fernando Beltrán, y Macías por el, nuevamente, improductivo Oribe Peralta, quien queda claro que hizo la gran Chofis López: dio el mejor juego ante el América, para engatusar a los directivos, y volvió a lo de siempre.
El Guadalajara fue otro, pero León no fue menos, sino que, finalmente, ya tenía un contendiente real dentro de la cancha, y el primero en apretar debió ser el peruano Pedro Aquino, quien ratificó su trascendencia en el trabajo mixto desde la media cancha.
El empate llegaría cortesía de Rodolfo Cota. Admirador de la Lucha Libre mexicana, se lanza desde la tercera cuerda sobre la humanidad enclenque y esmirriada de Uriel Antuna. El castigo de Cota: penalti. El premio: un contrato para la Cartelera AAA, desafiando al vencedor de Pagano y Chessman. Error absoluto del arquero, desde la salida, hasta el lance acrobático.
Cobraría Macías. Aparecieron las contracciones en su rostro, habituales en sus momentos de estrés, y que su grupo de apoyo profesional, no ha logrado quitarle. Para abonar a esa tierra fértil que es el morbo, el delantero de Chivas gesticula hacia la derecha de Cota, quien se lanza a su izquierda. 1-1. ¿Conocerá pronto el portero del León a Vicente Fernández, vía Macías? Esos son fetichismos calenturientos de seudoaficionados.
El León tendría minutos de desconcierto. Típico en el equipo de Nacho Ambriz. Le incomoda, le enerva, no tener la ventaja, aunque tenga el balón, como este miércoles por la noche, con un 63% de posesión. Llegaría a meter pavor en el rostro de Gudiño, quien ataja un par de disparos, mientras Mena ratifica, lamentablemente, que el jugador esplendoroso de la fase regular, se encoge en Liguilla, y yerra a centímetros del arco.
¿Y el Chicote Calderón? Seguramente con una nostalgia profunda, inmensa por uniformes color amarillo; por la caterva de jugadores mediocres del América, y por su musa suprema, Guillermo Ochoa, porque simplemente, no apareció.
Afortunadamente, con el 1-1, todo queda abierto para el Juego de Vuelta. Un escenario fascinante para poner a prueba muchos factores en el desenlace de esta Semifinal del Guard1anes 2020.
1.- ¿Otra vez Víctor Manuel Vucetich regalará los primeros 45 minutos apoltronado en un esquema temeroso?
2.- Ojo: la respuesta tan profesional y masculina de Alexis Vega, de salir a jugar infiltrado y con dolor, merece el respeto de Vucetich, y debe ir de inicio en el Juego de Vuelta.
3.- ¿Se sacudirá Ángel Mena esas telarañas de Liguillas, y especialmente la gran decepción, Gigliotti? ¿Finalmente se atreverán a responder a las exigencias de su equipo?
4.- ¿Enviará Arturo Brizio a un cuerpo arbitral y un equipo de VAR con la personalidad, el criterio, la decencia, la autoridad, la capacidad, y la investidura necesaria para hacer un trabajo sin sospechas en León?
5.- Y, por puro desliz lúdico, déjeme ser parte de ese enfermizo y tenebroso culto de los desamparados por la buena fe: ¿Conocerá finalmente Rodolfo Cota a Vicente Fernández?
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No tengo nada que esconder: me gustaría que el León terminara siendo el campeón porque ha jugado mejor que nadie al futbol en México en los últimos tiempos. Entiendo que el trofeo muchas veces no corresponde al que cuide el futbol como entretenimiento y espectáculo y que muchos han estado dispuestos a traicionar esos ideales con tal de ganar. Ese no debe ser el mensaje. Aquí y siempre será fundamental que aquel que trate de enaltecer la cancha termine recibiendo el crédito por ello. No tengo nada personal contra Pumas, Cruz Azul o Chivas, pero ninguno ha sido y ha jugado mejor que el León...
SAN DIEGO, California.- Si el futbol fuese “justo”, el León tendría que terminar levantando el trofeo de campeón del futbol mexicano en los próximos días.
Pero nadie ha dicho que el balón ruede en dirección de “la justicia” y menos en un futbol mexicano donde muchas veces, o la mayor parte de ellas, el que juega mejor al futbol, no termina siendo el monarca.

“No somos favoritos”, dice el presidente del León, Jesús Martínez Junior sobre la serie semifinal que comienza este miércoles ante las motivadas Chivas que vienen desde la reclasificación y que eliminaron a su acérrimo rival, el América. Y la verdad es que no me parece correcta ni tampoco valiente la postura del joven dirigente del club leonés. El mensaje que debía haber enviado a horas del inicio del duelo ante el Guadalajara es que el León se admite y reconoce como favorito porque, simple y sencillamente, ha estado por encima en rendimiento que Chivas. Y punto.
La realidad es que el León ha jugado mejor que nadie al futbol en México en los últimos años y si no ha tenido la ocasión de levantar el trofeo en la gestión de Ignacio Ambriz ha sido porque ha cometido errores en los momentos cruciales de la definición. Yo espero que el León no cambie jamás su postura ni renuncie a sus ideales con el objetivo de levantar el trofeo. Los malos ejemplos cunden. El mensaje falso de ganar por sobre todo las cosas a pesar de lastimar el estilo y las condiciones de un espectáculo. La lección no puede ser esa: juegas mal y tienes más posibilidades de ser campeón.
El León ha dignificado la cancha. Es el que más ha respetado un estilo y una condición de juego. Su entrenador y sus futbolistas merecen el crédito de entender que esto, antes que un duelo deportivo, es un entretenimiento y que el espectáculo es una parte inalienable de la cancha.
Cualquiera de los cuatro equipos en semifinales puede ser campeón en el futbol mexicano. Pumas, Cruz Azul y Chivas cumplen con los merecimientos suficientes para estar aquí, pero ninguno de ellos, ha tenido una continuidad por en su nivel y estilo de juego y muchas veces han traicionado cualquier acercamiento a un estilo estable con tal de acceder al triunfo.
Sí, lo digo abierta y claramente para que lo entiende quien tenga que entenderlo: tengo la esperanza de que el León sea el Campeón. Mi idea se respalda es que juega mejor al futbol que los demás. ¿Se necesita otra clase de argumento?
@Faitelson_ESPN
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