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Ex Rey, Mi-das lástima; Chivas, en riesgo de ser sotanero general

LOS ÁNGELES -- Dos puntos de 15 posibles. Y en Chivas está vetada la palabra crisis. 1-2 ante Juárez. Luis Fernando Tena le aplica la Ley del Ex al ex Rey Midas, Víctor Manuel Vucetich.

Ojo: si el León y el Atlas ganan sus respectivos compromisos, Chivas terminaría la jornada en el sótano de la Tabla General.

Es de suponerse que el Guadalajara trabaja con ahínco en la semana. Es de suponerse que Vucetich afina las virtudes de sus jugadores, claro, si las identifica y si las hay.

Y se supone, que Vucetich trabaja en la semana para solucionar los problemas evidentes de su equipo. Pero Chivas sigue evidenciando dramáticamente una serie de deficiencias.

Sin embargo, también es entendible que si Vucetich trabaja con ahínco e intensidad en la semana --si es que en verdad lo hace--, no pueda enderezar la versión más genuina de los que estigmatizó de por vida Jorge Vergara como “niños caguengues”.

Pero, ante Juárez, no fue, nuevamente, sólo un problema de actitud, de personalidad, de testosterona, de adrenalina, de compromiso, de pasión, de respeto, de devoción.

Ante Juárez, nuevamente, Chivas sigue sin generar futbol. Sin manifestar una idea clara. Ratifica que no hay una cartografía futbolística de Vucetich, y que no hay un mapa estratégico. Todo se resume en correr y en intentonas individuales.

Pero, lo más grave, es el diagnóstico genérico del jugador del Guadalajara. Distraído, desapasionado, cínico, desinteresado, desconcentrado, sin compromiso de grupo, de colectivo. Chivas ha dejado de comportarse como equipo.

Todos se manifiestan en el egoísmo mezquino del 'sálvese quien pueda', terminan jugando su propio partido.

Y su zona defensiva sigue siendo una desgracia. Desarticulados, desordenados, lentos de pies y cabeza, parecería que viven en un divorcio constante y que delegan y relegan en el compañero el trabajo propio. Y hay un problema de valentía, de arrojo, de estoicismo, de sangre.

Hay una prueba irrefutable de la renuncia individual. Ocurre en el 0-2, ante el disparo de Matías García. Hiram Mier cierra a tratar de detener el disparo, pero no se barre de manera inteligente, osada, concentrada. Sólo cruza la pierna, mientras voltea el rostro para protegerlo. Es una pantomima de la cobardía, es un desfiguro del miedo a lastimarse. Y como él, el resto.

Al ataque, hay precipitación, desesperación, desatención. Todos, absolutamente todos, eligen la jugada que no compromete; incluso, en ocasiones, se zafan la responsabilidad a deshacerse del balón, sin destino, sin idea, sin atrevimiento.

Sí, Chivas tiene una gran cantidad de problemas que sólo se resuelven trabajando en la semana. Y sólo hay de dos sopas: o Vucetich no trabaja o los jugadores le han perdido la fe, la confianza y el respeto por sus indicaciones.

Caos, sin duda, aunque la palabra esté prohibida en el seno del Guadalajara.

J. J. Macías hace el 1-2, con excelente cabezazo, ante lamentable marcación de la defensa, pero esa reacción del Guadalajara en el cierre del encuentro, no es reflejo de una valiente determinación táctica y anímica del equipo, sino la vieja escuela penosa y pesarosa de Luis Fernando Tena, de recluirse atrás, de defender a ultranza, atrincherado, amparado bajo la misericordia de la ventaja.

Y todo puede aún empeorar. Visita enseguida al León, que deberá salir del letargo típico de arranque del torneo. Y después irá contra equipos de su ralea competitiva: Necaxa y Pachuca, que seguramente desesperados, tratarán de salvar el pellejo ante El Rebaño.