LOS ÁNGELES -- "Quiero que Pedro (Caixinha) cuando voltee a la banca tenga soluciones". Esa, tal vez, la reflexión más implacable de Ricardo Peláez al comparecer junto con su técnico para recitar una epístola de tolerancia cero dentro de Cruz Azul para el próximo torneo.
Fue un mensaje difundido ante los medios, hacia su afición, pero con un remitente inconfundible: el vestidor de La Noria. El sermón tenía nombres y números en las camisetas.
Peláez fue más directo que Caixinha. "La competencia será más dura (el próximo torneo)", y advirtió que, desde ya, la camiseta de Cruz Azul no la puede vestir cualquiera.
Sin denunciar pecados y mucho menos pecadores, Peláez mandó a todos al Purgatorio, incluyendo a dos al Limbo, a Montoya y a Rentería.
El mensaje es inequívoco. Porque a Peláez lo secundó Caixinha: quieren un plantel combativo en los entrenamientos y dispuesto a una competitividad directa.
Coincidieron en un término, con discursos distintos: los futbolistas tienen que estar convencidos y comprometidos con la grandeza del club. Casi una cita bíblica: "Si eres tibio, te vomito".
Congeniar en un frente común, como lo revelan y demuestran Caixinha y Peláez, es una bendición y una maldición para el jugador de futbol.
1.- Una bendición, porque los jugadores saben que tanto Peláez como Ciaxinha están conscientes de que las hazañas en la cancha serán posibles en la medida en que se les exija sin mancillar un respeto colectivo.
2.- Y una maldición para los haraganes o los pusilánimes. Porque, estando de acuerdo el técnico y el director deportivo no hay espacio para chapuzas, descuidos, indisciplinas o trampas. O para desaparecer en los momentos clave, como debe entenderlo Elías Hernández.
Peláez dejó compromisos muy fuertes, temerarios, casi. Y Caixinha los hizo suyos, ya sea porque asentía con la cabeza o porque guardaba silencio, sonriendo.
Peláez prometió que irán "por todas las canicas", y habló de dobletes, de una permanencia constante en Liguillas, porque dijo que "seremos campeones hasta por estadísticas", aunque seguramente quiso hacer referencia a la inefable Ley de Probabilidades.
La brújula de Cruz Azul no está más a la deriva. Hoy hay dos tipos que renuevan sus votos de fe en sí mismos en el grupo. Y esa mano enérgica compartida, solidaria, insisto, debe fortalecer al jugador por convicción directa o por intimidación indirecta.
A partir de este torneo recién concluido, en La Noria se apagaron los chismes mezquinos de pasillos, especialmente por los jugadores recelosos y enquistadamente rencorosos con la directiva o con el cuerpo técnico.
¿Esto garantiza absolutamente que Cruz Azul será campeón en 2019? Absolutamente no. Pero, al menos, hoy, La Máquina ha sido un equipo que ha recuperado la credibilidad y la autoridad en la cancha.
Aún con la derrota, aun siendo esta ante el América, aun así, por el peso de la campaña, Cruz Azul ha dejado de ser el hazmerreír del torneo, y, curiosamente, este mismo miércoles, ha desenterrado el hacha de la guerra antes que cualquier otro.
Esa audacia, esa temeridad -insisto--, se había perdido en Cruz Azul, acostumbrado a vivir durante 21 años, al "a'í se va", al "a'í veremos".
Bienvenida pues esta nueva etapa, esta, tan necesaria en La Noria, esta de #CeroTolerancia.
